Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

La "socialización y desmilitarización de la guerra"
Chechenia: algunas reflexiones

por Fernando Montiel T.1

1. Introducción

El conflicto checheno es una clara muestra del violento futuro que nos espera. La predicción es negra no por pesimismo sino por que en esta guerra del Cáucaso ruso (que no es la única) se detectan patrones de conflicto que no son exclusivos de la región, y que se presentan cada vez con más frecuencia en la escena internacional, de Bosnia a Afganistán, pasando por Chechenia y probablemente en el corto o mediano plazo en Irak.

“Chechenia es historia” se escucha con frecuencia para explicar la antigüedad del conflicto en el cáucaso ruso, y es verdad, desde el tiempo de los zares y de forma constante los habitantes de la zona han destacado por su rebeldía: “...desde 1818 hasta 1859, los chechenos fueron los adversarios más activos y fuertes del gobierno zarista durante la conquista del Cáucaso”[1]. El enfrentamiento entre Moscú y Grozny ha sido calificado por muchos como La guerra más cruel del mundo, y tal vez no se esté exagerando. Junto con la explosión de la guerra interétnica en la ex Yugoslavia y la más olvidada –aunque no por ello menos intensa- guerra del Estado georgiano contra los separatistas bajazos, el independentismo checheno ha trazado la pauta de lo que algunos han denominado en nuestros días “las nuevas guerras”[2] con lo que se hace una distinción clara de la forma como se había desarrollado el conflicto en el pasado y como se desarrolla ahora. Los patrones de estas “nuevas guerras” se repiten a lo largo de todo el globo: violaciones sistemáticas a los derechos humanos, explosión del crimen organizado y difusión de la frontera que separa lo civil de lo estrictamente militar. Para lidiar con estos patrones no se han encontrado muchas herramientas útiles ni en el derecho internacional, en las doctrinas de seguridad o en las comisiones de mediación, negociación y resolución de conflictos en los diversos países u organismos internacionales.

Metafóricamente, si los politólogos se centran en el estudio de los árboles  y los geoestrategas en el estudio de los bosques, a los mediadores, negociados en resolución de conflictos corresponde el estudio de las hojas y las ramas que cubren los árboles y que dan su tono a los bosques: piensan global y tienen que actuar local, dimensión esta última, que con frecuencia se olvida o se desconoce en la prensa internacional que opta por los más seductores análisis estratégicos y geopolíticos. 

Chechenia como caso de estudio es muy ilustrativo. Es un conflicto multifactorial y multidimensional que no se limita (aunque incluye por supuesto) al hoy tan en boga problema de las “naciones sin Estado”. En la zona juegan al mismo tiempo diversos factores: petróleo, religión, seguridad nacional (en el sentido ortodoxo del término), geopolítica, crimen organizado, intereses corporativos y políticos, y fuerzas militares regulares e irregulares que son las que aportan el carbón para la hoguera y civiles que son quienes terminan convertidos en cenizas. A la complejidad de la interrelación de todos estos factores se agrega las múltiples dimensiones que adquieren su relaciones y que son las que terminan por echar por tierra cualquier intento de resolución tradicional (tratados, convenciones o acuerdos cupulares). Las dimensiones van desde la espiritualidad como fenómeno intrínsecamente personal hasta el mercado petrolero internacional que en todo está por la internacionalización del capital y la producción. 

Ambas son igualmente importantes pues tan significativo es el peso de la interpretación del sufismo que practican muchos militantes chechenos -al cual se atribuye buena parte de su ferocidad- como lo son los proyectos geopolíticos de oleoductos transcaucásicos por parte de las potencias para controlar el petróleo de la región. Y entre estas dos dimensiones existen muchos matices que pasan por el amor fraternal, la solidaridad comunal (familiar, étnica, nacional o religiosa), la estabilidad local o regional y los juegos de interés entre grupos y bloques de poder. Las combinaciones entre los factores y los niveles que están involucrados en el conflicto se antojan infinitas. Pero analicemos solo una de ellas dentro del marco de las nuevas guerras: las violaciones a los derechos humanos en el teatro de operaciones. 

Con Afganistán se rompió un record: 90% de las víctimas de la campaña fueron civiles lo que confirma la tendencia histórica: las guerras se están “desmilitarizando” y se están “socializando”. Este es uno de los fenómenos de mayor gravedad en tanto ocurre y se desarrolla con mucha mayor velocidad que aquella con la que evoluciona la legislación internacional y los mecanismos con los que cuenta para lidiar con el problema. De aquí se desprende un primer reto de las nuevas guerras: ¿cómo distinguir al no combatiente del combatiente si el cada día pelean más sin uniforme?. Esto puede explicar -aunque jamás justificar- que los soldados rusos arrasen pueblos completos de gente inocente: van con el miedo de estar frente a militantes potenciales, de tal suerte que para no corre el riesgo de en el futuro enfrentarse a quienes tienen en ese momento desarmados, los matan. Claro está, un “método preventivo” macabro por demás, La cantidad de problemas que genera la “socialización y desmilitarización de la guerra” es considerable como veremos a continuación. 

2. Un coctel infame: Ley militar con ley de la selva 

Se viola a una mujer, se le “siembra” un Ak-47 –en caso de que al menos se quiera cumplir con las formalidades mínimas- y se le presenta ante el mando superior inmediato como una rebelde “neutralizada” en defensa dela madre Rusia. Es la guerra, no hay tiempo ni equipo para pruebas dactiloscópicas, pruebas de la parafina o investigación de antecedentes personales ni de la víctima ni del victimario. ¿Qué hacer? 

Las Convenciones de Ginebra y otros instrumentos legales de la guerra son avasallados por la realidad. La bestialización sistemática a la que conducen los conflictos bélicos ha sido siempre motor de la corrupción personal de quienes en ellos participan. “En la política sale lo mejor y lo peor de las personas” dijo alguna vez Mario Vargas Llosa, y tal vez tenga la razón, pero si la solidaridad y la bondad siempre tienen cabida aún en la más dramática de las situaciones, en las guerras –que según Hobbes son la extensión de la política por otros medios-, y más en las nuevas, la belleza y la bondad quedan opacadas por el estruendo de los cañones y los gritos de quienes viven el infierno sobre la tierra. ¿Cómo se puede evitar que soldados rusos masacren, arresten o torturen a inocentes si las fuerzas castrenses no disponen de los recursos humanos y materiales e incluso la voluntad política para llevar a cabo investigaciones sistemáticas de abusos por parte de sus efectivos?. Cuando las guerras eran todavía “militares” y no “civiles” el rigor de la cadena de mando daba algún margen de control sobre la conducta militar de las fuerzas combatientes. En las nuevas guerras esto ha desaparecido, no solo por parte de las fuerzas regulares rusas en su trato para con los guerrilleros de Dudayev –o de cualquier otro señor de la guerra-  sino también respecto al trato para con sus propios camaradas de armas. 

Esta dinámica se repite simétricamente –y de forma por demás extensiva- del lado de los rebeldes separatistas por igual en su trato para con sus adversarios rusos como en el trato a los civiles que sin tomar partido a todo lo que aspiran es a poder vivir. Por igual, soldados rusos saquean y degradan a chechenos (inocentes o no) que a sus propios elementos, siempre con la bandera en una mano y la pistola en la otra. Las pruebas de lo primero se pueden leer todos los días en los diarios, insistir en ellas podría resultar ocioso, y como pruebas de lo segundo podemos recordar que durante la primera guerra de Chechenia (1994-1996) generales rusos, cobijándose en la impunidad absoluta que da el estar al mando en el frente, llegaron a vender –literalmente- a efectivos bajo su mando en calidad de “trabajadores” (esclavos dijeron algunos) a particulares en el área del conflicto. Paradójico, estos mercaderes de la guerra se apoyaban en la legislación militar –la cadena de mando- para violentar el derecho humanitario más elemental. Lo mismo ocurre con las guerrillas. Estructuradas en cadenas de mando semi-formales, siempre tienen la posibilidad de romper la jerarquía si no están de acuerdo con ella y si pretenden hacer uso y abuso de su poder militar a título personal: se han presentado casos de guerrilleros que secuestran y después compran y venden por igual a hombres, mujeres y niños como esclavos sexuales. Así, la regulación de las actividades de las partes en conflicto en el teatro de operación por medio del derecho internacional, en la práctica, es poco menos que letra muerta. El sacro santo libre albedrío boicotea el esfuerzo social de poner límites a la depravación intrínseca de la guerra. 

3. Las otras víctimas 

Esto pone sobre la mesa un elemento más que pocas veces es referido en estudios sobre el tema: muchos soldados rusos sufren el conflicto tanto como los chechenos. Muchos de los efectivos rusos son muchachos que entraron al ejército por no tener otra opción profesional, es decir, están ahí más por necesidad que por deseo, y la inmensa mayoría por el abstracto y difuso argumento del “deber”. Todo esto por supuesto no los hace victimarios, sino víctimas –a su modo- del destino que los políticos en Moscú trazaron para ellos. Llegan a Grozny y se encuentran con que toda aquella retórica de lealtad y decencia que se les inculcó con arengas inflamadas no sirve para nada, la realidad les explota en la cara: mediante un proceso dialéctico perverso sus mandos son corruptos en si mismos y corruptores de la institución y de la comunidad en la que se encuentran. Ante la descomposición del tejido social en la zona del conflicto, la economía informal predomina, y con ella, el crimen organizado. Se trafica con ayuda humanitaria tanto como se trafica con drogas y con armas. Quien es ajeno a esta dinámica corre el riesgo de quedar aislado, aún dentro de sus propias filas. En un lugar en el que como afirmó un soldado ruso “la meta es vivir”, padecer esta situación es casi un certificado de muerte. Estos jóvenes reclutas al poco tiempo se ven robando “por órdenes superiores” armamento de los depósitos que en secreto es vendido -también “por órdenes superiores”- a los líderes de las milicias que se supone tienen que combatir. O se ven prostituyendo a las mujeres de Grozny, Gudermes o Argun, para con ello –de acuerdo siempre con el jefe- “usar a los propios terroristas para financiar la guerra contra el terrorismo”. Es así como en una tierra en la que el ciclo descontento-represión-desafío-destrucción-corrupción es la dinámica de vida en la que todos, no importa la trinchera, son al mismo tiempo víctimas y victimarios.

4. Un corte de caja 

El desdibujamiento entre lo civil y lo militar, lo militar y lo policial, y entre la obediencia, la legalidad y la lealtad a una causa o ideal es lo que complica estructuralmente la resolución de los nuevos conflictos. ¿Cómo se detiene a los traficantes de armas si estos son apoyados por facciones del ejército que no reconocen la legislación civil? y que con el argumento de la “seguridad nacional” evaden cualquier interrogatorio o inspección independiente, ¿cómo encarcelar a compañías enteras de soldados por crímenes de guerra y contra la humanidad si no existen las más mínimas condiciones para dar seguimiento a todos y cada uno de los crímenes en los que pudieron haber incurrido sus miembros? ¿Basta con enjuiciar solo al autor intelectual de crímenes horrendos pero no a sus ejecutores materiales? ¿Cómo se puede promover el enjuiciamiento de un superior en el mando militar, en tiempos de guerra, sin ser acusado de traición, insubordinación o  desacato? ¿Cómo se obtienen pruebas de crímenes militares cuando son precisamente los militares quienes aportan y controlan la información en las áreas de conflicto?. Como es evidente todas estás no son preguntas fáciles de resolver no obstante que destacan problemas muy concretos y que se han limitado a la dimensión personal de los actores en el terreno como es el tema que nos ocupa. El entramado se complica mucho más una vez que se toman en consideración el resto de los actores, dimensiones e intereses que se encuentran en juego. 

La solución en Chechenia no es simplemente “aniquilar a los rebeldes” o la “creación de un Estado Checheno”, esas son ideas simplistas de política formal y unidimensional, caer en este reduccionismo es garantizar la permanencia –y tal vez agravamiento- del conflicto a extremos inimaginables. Aquí hemos pretendido dar una somera radiografía de algunas de las complejidades que presenta un conflicto como el checheno en el lugar de los hechos. A esto habría que agregar muchos otros factores locales y todos los factores y actores regionales e internacionales que se inmiscuyen, normalmente para mal, más que para bien. Solo una conclusión se puede extraer de esto: peca de vanidad o egocentrismo o hace gala de ignorancia quien crea que Chechenia en las condiciones actuales se limita a la autonomía territorial. Sin duda esta es una de las aristas, y tal vez una de las más importantes, pero no es la única. No se trata de ver solo el árbol, sino también el bosque y por supuesto las ramas y las hojas de los árboles que lo componen. 

5. Un buen comienzo 

Se requieren soluciones integrales, que contemplen todas las dimensiones y que engloben todos los factores. Estudiando a Chechenia desde fuera es muy fácil proponer soluciones o señalar al gobierno ruso como irresponsable y criminal. Posturas maniqueas como estas pueden ser tan dañinas como el objeto mismo que se critica. La inteligencia del silencio obliga a la reflexión: tan hay víctimas en el sentido más puro del término del lado checheno como las hay del lado ruso, y eso que se entiende por “chechenos” no es un bloque monolítico como tampoco lo es el grupo que genéricamente conocemos como “rusos”. El petróleo no lo explica todo como tampoco la geoestrategia, si, son partes claves del análisis, pero son solo eso: partes. A la problemática apasionante del conflicto internacional tenemos que combinar el drama descarnado de la problemática local, solo de este modo se podrá entender la complejidad y los alcances de las mil y un “guerras chechenas” que se libran alrededor del globo con diferentes actores, en diferentes lugares y con diferentes nombres. Puede ser difícil, pero es lo menos que podemos hacer nosotros que vivimos algo de la paz que muchos merecen y desean.ículo.

1 Editor. Coordinador del libro Afganistán: Guerra, Terrorismo y Seguridad Internacional en el Siglo XXI.(Edit. Quimera, México. 2002). cruovat@yahoo.com; cruovat@hotmail.com
2 Cita de la Gran Enciclopedia Soviética. Ver Pablo Thelman Sánchez R. "El Conflicto en Chechenia" en Minorías Étnicas y Movimientos Separatistas en el Mundo, Edit. Quimera, México, 2001. p. 103. 
3 Mary Kaldor, Las Nuevas Guerras,Edit. Tusquets, Barcelona, 2001.
4 Mónica González J. (P.h.D). Conflict Management Group of Harvard

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Inicio

Un portal para y por uruguayos
URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital