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La izquierda también
tiene quien le haga paros

por Raúl Legnani

El conflicto entre Adeom y la IMM, se ha transformado en un ensayo político social que merece, aunque aún no ha finalizado, algunas reflexiones primarias.

De lo que único no se puede tener la menor duda, es que los sectores populares en su conjunto han salido heridos, lastimados, por las formas en que se desarrolló este enfrentamiento.

Los perdedores son los asalariados y no solo porque no se va a poder cumplir con el convenio que se había firmado entre la IMM y Adeom, sino porque ese no cumplimiento del convenio se va a establecer con un gremio quebrado, con heridas muy profundas a la vista, al grado que ya se desató la violencia entre sus corrientes. Y eso va a traer consecuencias negativas para el conjunto de los asalariados del país, quienes día a día ven perder su capacidad de compra, lo que traerá necesariamente una rápida caída del nivel de vida de la población, contrayendo el mercado interno y posponiendo la reactivación de la economía.

El conflicto expuso descanadamente todo el drama de la sociedad. Por un lado mostró que la crisis global del país es de tal profundidad, que logró arrastrar a la Intendencia Municipal de Montevideo. De la gestión frenteamplista de la IMM desde 1990 se pueden hacer muchas críticas, pero nadie puede discutir que ha sido una gestión honesta, que mostró en cada uno de sus actos particular interés por defender a la población de Montevideo y a los trabajadores municipales.

En segundo término quedó claro que las autoridades de la IMM no estaban preparadas para enfrentar una situación de crisis global de nuestra economía y de nuestras finanzas, a pesar - vaya paradoja- que los técnicos del EP-FA le alertaron al gobierno nacional y a los uruguayos que el país iba al abismo por errores profundos del gobierno del doctor Jorge Batlle, pero también por el marco regional.

En tercer lugar mostró que la dirigencia del EP-FA y de sus sectores componentes, están profundamente alejados de sus bases y dirigentes sindicales. Durante toda la crisis, pero incluso en el período de gestación, los principales dirigentes de la izquierda no pudieron establecer políticas comunes efectivas con sus militantes sociales, quienes en otros momentos han jugado el papel de orientadores del conjunto del movimiento. Fenómeno que no es nuevo, que ya había mostrado sus primeras puntas cuando desde el PIT-CNT se intentó promover un plebiscito contra la política económica del gobierno nacional, lo que fue rechazado por el EP-FA. En este sentido nadie puede desconocer que sus dos fuerzas mayoritarias, como son el MPP y el PS, presentan contradicciones en su accionar político. Otro caso similar es el del PCU que tiene poder en los sindicatos, pero que por esas contradicciones internas no pudo orientar a su gente. A esto hay que agregarle que hay sectores de la izquierda que tienen poco contacto con la población organizada, como son la Vertiente Artiguista (con características de grupo de gobierno), Asamblea Uruguay y la Alianza Progresista (con perfiles de grupos parlamentarios).

La cuarta línea de análisis es que la izquierda institucional, el EP-FA, desvalorizó el hecho que desde hace unos años se viene gestando una nueva izquierda radical que tiene como primer objetivo desplazar al Frente Amplio de algunos escenarios sociales, como son ciertos sindicatos, sectores informales y estudiantes de enseñanza secundaria y de los centros de formación docente.

El otro aspecto, el quinto, es que hoy hay una cultura de la agresión por parte no solo de algunas corrientes políticas, sino de diferentes sectores sociales. Es impensable que aumente la violencia en las calles y que esa violencia no contagie a determinadas prácticas de la lucha social y política. Del punto de vista de la reacción no son muy distintos los insultos al presidente Jorge Batlle, como también a Pablo Bengochea por parte de grupos peñalorenses, que los que recibió el intendente suplente Ernesto de los Campos por parte de algunos piqueteros de trabajadores municipales. En el mismo cuadro se enmarca la Convención del Partido Nacional, donde los oradores tuvieron que hablar entre insultos, mientras algunos convencionales andaban a los empujones.

En sexto lugar hay que analizar el comportamiento ideológico del conjunto de la población de Montevideo, que casi por unanimidad se puso del lado del arquitecto Mariano Arana, reconociendo su conducta ante un conflicto que desde el comienzo tuvo una alta cuota de intransigencia. Pero también muchas veces se escucharon voces con argumentos casi tan primitivos como el de los piqueteros de ADEOM. Es así que escuchamos que los trabajadores municipales son "privilegiados" porque muchos de ellos ganan diez mil pesos, lo que es mucho más a lo que gana un maestro, sin reparar que si un maestro ganara diez mil pesos sería mucho mejor, pero que igualmente sería un insulto a la inteligencia.

En séptimo término ha surgido una profunda confusión, producto del desmadre de los sectores radicales municipales ("ultras" les llaman otros) y de las debilidades de los moderados, sobre el relacionamiento entre los sindicatos y los gobiernos de izquierda. Masivamente se escucha, por parte de sectores de la población que no están sindicalizados o que lo están pero sin convenios colectivos, que los trabajadores municipales deben ser más contemplativos con un gobierno de izquierda, porque de otra manera hipotecan la posibilidad de ganar el gobierno nacional. Se afirma esto sin tener en cuenta que se está proponiendo un sindicalismo subordinado a la fuerza política, del tipo que construyó Perón en Argentina y el PRI en México. Y que si se sigue por esa línea de pensamiento se puede terminar en la defensa de una institucionalidad como la de Cuba o de la vieja URSS, donde los sindicatos carecen del derecho de huelga. Esto sería el fin de una construcción democrática, que siempre lleva a que en los gobiernos progresistas se construyan nuevas burocracias, que terminan por castrar los procesos de cambios revolucionarios.

El octavo tema a analizar en un futuro será evaluar la actual forma de ingreso a la IMM, mediante el sistema de sorteos para trabajos de limpieza y de recolección de basura. Si bien esa modalidad es mucho más democrática que el del acomodo político, impide una selección correcta del personal. Esto ha quedado claro en la medida que los funcionarios más jóvenes, de reciente ingreso por sorteo y de cuna muy humilde, quienes trasladan sus justas angustias familiares al debate sobre las urgencias sindicales.

Por último, como noveno aspecto a considerar, hay que comenzar a preguntarse si la salida modosita a la uruguaya, sin vidrios rotos, sin caceroleos, sin violencia, no comienza a agotarse para sectores que ven pasar los días y no encuentran respuestas por parte del sistema político. Si esto es así, si la violencia no va a ayudar a la acumulación progresista para ganar el gobierno en 2004, los dirigentes del EP-FA deben comprender que no alcanza con que la gente identifique al doctor Jorge Batlle como el gran responsable de la crisis, porque esa misma gente es la que apuesta a la estabilidad, y por eso también rechaza al doctor Luis Alberto Lacalle por promover el retiro del Partido Nacional del gobierno de coalición.

La dirigencia encuentrista deberá ir a un nuevo relacionamiento con la gente, para construir con la movilización pacífica un nuevo rumbo para el país y para las grandes mayorías. Si esto no ocurre el país entrará en espiral descendente y degradante. LA ONDA® DIGITAL


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