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La esperanza venció al miedo
Luiz Inácio Lula da Silva: analiza por qué
fue electo presidente del Brasil

El Brasil votó para cambiar. La esperanza venció al miedo y el electorado se decidió por un nuevo camino para el país. Fue un bello espectáculo democrático el que dimos al mundo. Uno de los más grandes pueblos del planeta resolvió, de modo pacífico y tranquilo, trazarse un rumbo diferente.

Las elecciones que acabamos de realizar fueron, por encima de todo, una victoria de la sociedad brasileña y de sus instituciones democráticas, dado que ellas fueron quienes trajeron la alternancia en el poder, sin la cual la democracia pierde su esencia. Tuvimos un proceso electoral de excelente calidad, en el cual los ciudadanos y las ciudadanas exigieron y obtuvieron un debate limpio, franco y calificado sobre los desafíos inmediatos e históricos de nuestro país. Contribuyeron para eso la actitud de la justicia electoral y del presidente de la República, que cumplieron de manera equilibrada su papel constitucional.

La gran virtud de la democracia es que le permite al pueblo cambiar de horizonte cuando lo cree necesario. Nuestra victoria significa la elección de un proyecto alternativo y el inicio de un nuevo ciclo histórico para el Brasil.

Nuestra llegada a la Presidencia de la República es el fruto de un gran esfuerzo colectivo, realizado, a lo largo de décadas, por innumerables demócratas y luchadores sociales. Muchos de los cuales, infelizmente, no pudieron ver la sociedad brasileña y, en especial, las capas oprimidas, cosecharon los frutos de su arduo trabajo, de su dedicación y sacrificio militante.

Estén donde estén los compañeros y las compañeras que la muerte se llevó antes de esta hora, sepan que somos herederos y portadores de su legado, de la dignidad humana, de la integridad personal, del amor por el Brasil y de la pasión por la justicia. Sepan que su obra sigue con nosotros, como si estuviesen vivos, y es la fuente de inspiración para nosotros que seguimos librando un buen combate. El combate en favor de los excluidos y de los discriminados. El combate en favor de los desamparados, de los humillados y de los ofendidos.

Quiero homenajear aquí a los militantes anónimos. Aquellos que dieron su trabajo y dedicación a lo largo de todos estos años para que llegásemos adonde llegamos. En las más remotas regiones del país, ellos jamás se desanimaron. Aprendieron, como yo, con las derrotas. Se volvieron más competentes y eficaces en la defensa de un país soberano y justo.

Celebro hoy a aquellos que, en los momentos difíciles del pasado, cuando nuestra causa de un país justo y solidario parecía inviable, no cayeron en la tentación de la indiferencia, no cedieran al egoísmo y al individualismo exacerbado. Todos aquellos que conservaron intacta su capacidad de indignarse frente al sufrimiento ajeno. Supieron resistir, manteniendo encendida la llama de la solidaridad social. Todos aquellos que no desertaron de nuestro sueño, que a veces solitos en las plazas de este inmenso Brasil irguieron bien alta la bandera estrellada de la esperanza.

Pero esta victoria es, sobretodo, de millares, tal vez millones, de personas sin filiación partidaria que se alistaron en esa causa. Es una conquista de las clases populares, de las clases medias, de sectores importantes del empresariado, de los movimientos sociales y de las entidades sindicales que comprendieron la necesidad de combatir la pobreza y defender el interés nacional.

Para alcanzar el resultado que se dio, fue fundamental que el PT, un partido de izquierda, haya sabido construir una amplia alianza con otras fuerzas partidarias. El PL, el PC de Brasil, el PMN y el PCB dieron una contribución invalorable desde la primera vuelta. A ellos, vinieron a sumarse, en la segunda vuelta, el PSB, el PPS, el PDT, el PV, el PTB, el PHS, el PSDC y el PGT. Además de eso, a lo largo de la campaña, contamos con el apoyo de sectores importantes de otros partidos identificados con nuestro programa de cambios para el Brasil. En especial, quiero destacar el apoyo de los ex presidentes José Sarney e Itamar Franco y, en el segundo turno, el precioso apoyo que recibí de Anthony Garotinho y Ciro Gomes.

No hay duda de que la mayoría de la sociedad votó por la adopción de otro ideal de país, en el que todos tengan sus derechos básicos asegurados. La mayoría de la sociedad brasileña votó por la adopción de otro modelo económico y social, capaz de asegurar la retomada del crecimiento, del desarrollo económico con generación de empleo y distribución de renta.

El pueblo brasileño sabe, mientras tanto, que aquello que se deshizo o se dejó de hacer en la última década, no puede ser resuelto en un pase de magia. Así como las carencias históricas de la población trabajadora no pueden ser superadas de la noche a la mañana. No hay solución milagrosa para semejante deuda social, agravada en el último período. Pero es posible y necesario comenzar, desde el primer día de gobierno.

Vamos a enfrentar la actual vulnerabilidad externa de la economía brasileña - factor crucial en la turbulencia financiera de los últimos meses - seguramente. Como dijimos en la campaña, nuestro gobierno va a honrar los contratos establecidos por el gobierno, no va a descuidar el control de la inflación y mantendrá - como siempre ocurrió en los gobiernos del PT - una postura de responsabilidad fiscal. Esa es la razón para decir con claridad a todos los brasileños: la dura travesía que el Brasil estará enfrentando exigirá austeridad en el uso del dinero público y un combate implacable a la corrupción.

Pero a pesar de las restricciones presupuestarias, impuestas por la difícil situación financiera que vamos a heredar, estamos convencidos que, desde el primer día de la nueva gestión, es posible actuar con creatividad y determinación en el área social. Vamos a aplacar el hambre, generar empleos, atacar el crimen, combatir la corrupción y crear mejores condiciones de estudio para la población de baja renta desde el momento inicial del gobierno.

Mi primer año de mandato tendrá el sello del combate al hambre. Un llamado a la solidaridad para con los brasileños que no tienen qué comer. En tal sentido, anuncio la creación de una Secretaría de Emergencia Social, con presupuesto y poderes para iniciar, ya en enero, el combate al flagelo del hambre. Estoy seguro de que ese es, hoy por hoy, el clamor más fuerte del conjunto de la sociedad. Si al final de mi mandato, cada brasileño se pudiera alimentar tres veces al día, habré cumplido la misión de mi vida.

Como dije al lanzar me Programa de Gobierno, generar empleos será mi obsesión. En consecuencia, vamos a movilizar inmediatamente los recursos públicos disponibles en los bancos oficiales - y en las sociedades con la iniciativa privada - para la activación del sector de la construcción y de las obras de saneamiento. Además de generar empleos, dicha medida ayudará a la retomada gradual del crecimiento sustentado.

El país ha seguido con preocupación la crisis financiera internacional y sus implicancias en la situación brasileña. En especial, la inestabilidad en la tasa de cambio y la presión inflacionaria de ella derivada.

Sin embargo, con toda la adversidad internacional, estamos con un superávit comercial de más de 10 billones de dólares en este año. Resultado que puede ser ampliado ya en el 2003 con una política ofensiva de exportaciones, incorporando más valor agregado a nuestros productos, profundizando la competitividad de nuestra economía, así como promoviendo una criteriosa política de sustitución competitiva de importaciones.

El Brasil hará su parte para superar la crisis, pero es esencial que, además del apoyo de organismos multilaterales como el FMI, el BID y el BIRD, se restablezcan las líneas de financiamiento para las empresas y para el comercio internacional. Igualmente relevante es avanzar en las negociaciones comerciales internacionales, en las cuales los países ricos efectivamente retiren las barreras proteccionistas y los subsidios que penalizan nuestras exportaciones, principalmente en la agricultura. En los últimos tres años, con el fin del ancla cambiaria, aumentamos en más de 20 millones de toneladas nuestra zafra agrícola. Tenemos un inmenso potencial en ese sector para desencadenar un amplio programa de combate al hambre y exportamos alimentos que continúan encontrando en el proteccionismo injusto de las grandes potencias económicas, un obstáculo que no ahorraremos esfuerzos para remover. El trabajo es el camino de nuestro desarrollo, de la superación de esa herencia histórica de desigualdad y exclusión social. Queremos construir un amplio mercado de consumo de masas que de seguridad a las inversiones de las empresas, atraiga inversiones productivas internacionales y represente un nuevo modelo de desarrollo y compatibilice distribución de renta y crecimiento económico.

La construcción de esa nueva perspectiva de crecimiento sustentado y de generación de empleo exigirá la ampliación y el abaratamiento del crédito, el fomento al mercado de capitales y una cuidadosa inversión en ciencia y tecnología. Exigirá también una inversión de prioridades en el financiamiento y en el gasto públicos, valorizando la agricultura familiar, el cooperativismo, las micro y pequeñas empresas y las diversas formas de economía solidaria.

El Congreso Nacional tiene una inmensa responsabilidad en la construcción de esos cambios que contribuirán a promover la inclusión social y el crecimiento sustentado. Por eso, estaré personalmente empeñado en encaminar al Congreso las grandes reformas que la sociedad reclama: la reforma de la previsión social, la reforma tributaria, la reforma de la legislación del trabajo y de la estructura sindical, la reforma agraria y la reforma política.

El mundo está atento a esta demostración espectacular de democracia y participación popular ocurrida en las últimas elecciones. Es un buen momento para reafirmar un compromiso de defensa valiente de nuestra soberanía nacional. Y lo haremos, buscando construir una cultura de paz entre las naciones, profundizando la integración económica y comercial entre los países, rescatando y ampliando el Mercosur como instrumento de integración regional e implementando una negociación soberana frente a la propuesta del ALCA. Vamos a fomentar los acuerdos comerciales bilaterales y luchar para que un nuevo orden económico internacional disminuya las injusticias, la distancia creciente entre países ricos y pobres, así como la inestabilidad financiera internacional que tantos perjuicios ha impuesto a los países en desarrollo.

Nuestro gobierno será un guardián de la Amazonia y de su biodiversidad. Nuestro programa de desarrollo, en especial para esa región, será marcado por la responsabilidad ambiental.

Queremos impulsar todas las formas de integración de América Latina que fortalezcan nuestra identidad histórica, social y cultural. Es particularmente relevante buscar asociaciones que permitan un combate implacable al narcotráfico que seduce a una parte de la juventud y alimenta el crimen organizado.

Nuestro gobierno respetará y procurará fortalecer los organismos internacionales, en particular la ONU y los acuerdos internacionales relevantes, como el protocolo de Kyoto y el Tribunal Penal Internacional, así como los acuerdos de no proliferación de armas nucleares y químicas. Estimularemos la idea de una globalización solidaria y humanista, en la cual los pueblos de los países pobres puedan revertir esa estructura internacional injusta y excluyente.

No voy a decepcionar al pueblo brasileño. La manifestación que brotó desde el fondo del alma de mis compatriotas, será mi inspiración y mi brújula. Seré, a partir del 1° de enero, el presidente de todos los brasileños y brasileñas, porque sé que es eso lo que esperan los electores que me confiaron su voto. Vivimos un momento decisivo y único para los cambios que todos deseamos. Ellos vendrán sin sorpresas ni sobresaltos. Mi gobierno tendrá la marca del entendimiento y de la negociación. De la firmeza y de la paciencia. Tenemos plena conciencia que la grandeza de esa tarea supera los límites de un partido. Ese fue el sentido del esfuerzo que hicimos desde la campaña para reunir sindicalistas, ONGs y empresarios de todos los segmentos en una acción común por el país. Continuaremos teniendo una actitud decidida en el sentido de unir las diversas fuerzas políticas y sociales para construir una nación que beneficie al conjunto del pueblo. Vamos a promover un Pacto Nacional por el Brasil, formalizar el Consejo de Desarrollo Económico y Social y elegir los mejores cuadros del Brasil para que formen parte de un gobierno amplio, que permita iniciar el rescate de las deudas sociales seculares. Eso no se hará sin la activa participación de todas las fuerzas vivas del Brasil, trabajadores y empresarios, hombres y mujeres de bien.

Mi corazón late fuerte. Se que estoy sintonizado con la esperanza de millones y millones de otros corazones. Soy optimista. Siento que un nuevo Brasil está naciendo.

Traducido para la ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte

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