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Irak: Cuando el gato y
el perro se juntan...

por Fernando Montiel T *
cruovat@yahoo.com

Partamos de un principio: la guerra contra Irak ya comenzó. Comenzó el 16 de Enero de 1991 a las 23:50 GMT y se llamó "Tormenta del Desierto", la que se presenta hoy no es una nueva guerra sino la continuación -intensificada- de aquella que comenzó hace más de una década. Los hechos dan fe de ello.

El 27 de Febrero del 1991 fue conocido por el mundo entero como la fecha del fin de "Tormenta del Desierto", cosa que no fue nada más que una mentira. Más que acabarse la guerra, se oficializó la ocupación de Irak por fuerzas invasoras francesas, británicas y estadounidenses que literalmente se robaron más de la mitad del territorio al instaurar las llamadas "zonas de exclusión de vuelos" al norte y al sur del país. Al fin, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña escribieron al conflicto un epílogo exactamente igual al prólogo que le dio inicio: al principio, Irak ocupó Kuwait; al final, el eje Inglaterra-Estados Unidos-Francia ocupó Irak. A partir de entonces, la guerra desapareció de los medios pero se mantuvo constante, prueba de esto son los bombardeos periódicos que realizan las potencias occidentales que ya a nadie escandalizan, ya que se han repetido tanto y con tanta frecuencia que -cosa por demás escandalosa- son vistos a estas alturas como algo "normal". Así pues, no es que la guerra haya terminado, más bien se oficializo la ocupación.

Oficialmente, los hechos de violencia son calificados como guerra cuando provocan más de 1,000 bajas al año. A la fecha, en Irak, tras diez años de sanciones -que no por ser legales son justas- y bombardeos periódicos, los muertos se cuentan por millones. ¿Por qué entonces se habla de paz y no de guerra?. Curiosidad semántica: si los balazos son de oriente a occidente y de sur a norte entonces hay guerra, cuando son a la inversa, entonces, como señalaba Tacitus: "Ellos crean un desierto y lo llaman paz".

Irak pues está en guerra desde hace once años, no nos engañemos, lo que se discute hoy no es si va a haber una nueva incursión bélica o no, sino si va a haber una intensificación de la violencia ya existente o si se va a mantener al ritmo que tuvo durante la década de los noventa. Dicen que los extremos se tocan y que cuando el perro y el gato se juntan es para fastidiar al cocinero. En el caso de Irak esto ha comenzado a ocurrir. Dentro del espectro de la extrema derecha se comienzan a escuchar voces que se oponen a la intensificación del crimen que desde hace 11 años tiene lugar en la antigua Mesopotamia. Ivan Eland, director de Estudios de Defensa del CATO Institute (Think tank que se encuentra tan a la derecha que hace palidecer a la mismísima Heritage Houndation) recientemente escribió un artículo titulado "Documentos de la CIA socavan el deseo de Bush de Invadir Irak" (15.10.2001). En su texto, Eland sostiene que: "La revelación de dichos análisis muestra que el enfoque de disuadir y contener a Irak ha funcionado y que una política más agresiva de invasión podría tener resultados desastrosos. Se supone que la política de seguridad nacional del gobierno estadounidense incremente la seguridad de la nación, no que la reduzca. El arriesgar ataques terroristas contra Estados Unidos con armas convencionales, biológicas o químicas simplemente por remover a un matón que ha sido exitosamente disuadido y contenido por más de una década desafía el sentido común".

De acuerdo con Eland, gracias a lo que yo llamo "la guerra de los once años" Irak no tiene la capacidad de lanzar ataques con armas de destrucción masiva contra los Estados Unidos, sin embargo, intensificar la guerra contra Irak abre la posibilidad de que Hussein comience a prestar apoyo sistemático a grupos terroristas (que reconoce no han recibido -siempre de acuerdo con la CIA- mayor apoyo por parte de Bagdad). Esta lógica viene a confirmar, desde el otro lado del espectro político, lo que el movimiento pacifista ha defendido aún desde antes del ataque a Afganistán: que la violencia se nutre de violencia. Las revelaciones de la CIA y la posición de Eland no dejan lugar a duda respecto a los motores reales del ánimo belicista de Bush y compañía: no es la seguridad nacional o internacional (para los enterados) ni es la lucha del bien contra el mal (para los no tan enterados), sino elecciones, petróleo y determinadas ramas de los complejos industriales de alta tecnología. Es decir, son motivos más personales o de grupo que Estatales o humanísticos.

El hecho de que se comiencen a levantar voces reticentes (por las razones que sean) al militarismo gubernamental en los Estados Unidos es esperanzador, y más si estas voces son de los propios centros neurálgicos de asesoría en planeación estratégica de los Halcones en el poder. Si los congresistas y los policy makers gubernamentales no escuchan a la gente en las calles, tal vez escuchen a sus asesores, y si estos tienen la misma posición que aquellos la semilla de la distensión se siembra y crece no solo alrededor sino también al interior del Imperio. Quien sabe, a este paso y si el impulso es fuerte, tal vez no solo se logre detener la intensificación de la guerra de los once años, sino también finalizarla antes de que sean doce. La vida de mucha gente depende ello. 

* Analista. Coordinador del libro Afganistán: Guerra, Terrorismo y Seguridad Internacional en el Siglo XXI..(Ed. Quimera) México. 2002.

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