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En memoria de una valiente heroína
por Rubén Arvizu

Casi perdida la noticia, avasallada por los encabezados de primera plana sobre la toma de rehenes en un teatro ruso, una breve nota nos informó sobre un caso de valor y sacrificio extraordinario.

Olga Romanova, una joven moscovita de 26 años, empleada de una perfumería, realizó un acto que demostró su desinteresado amor hacia sus semejantes. En la madrugada del 24 de octubre, Olga salió del apartamento donde vivía en compañía de sus padres y con paso decidido se encaminó hacia el cercano teatro Casa de la Cultura ubicado en el sureste de Moscú. Su madre trató de disuadirla diciéndole que su vida corría grave peligro, pero Olga estaba segura de que lograría convencer a los rebeldes chechenios para que liberaran a los rehenes, al menos las mujeres y los niños.

Conociendo bien su vecindario, logró eludir el cerco militar que rodeaba el teatro y entró en el recinto enfrentándose a los captores. Los separatistas chechenios no creyeron en sus palabras y cobardemente la acribillaron con sus armas.

Esta bella mujer, hermosa no solo en la foto que muestra su rostro radiante, sino sobre todo en su espíritu, sentía gran compasión hacia los demás y una gran aversión hacia cualquier injusticia. Este es el material conque están los hechos los héroes, aquellos que anteponen su propia seguridad y confort para ir en auxilio de quienes están en peligro. Son los bomberos y policías heroicos que afrentaron el terror del 11 de septiembre en el World Trade Center.

Ellos cumplían con su deber, era su trabajo de servicio hacia la seguridad del público y lo llevaron a cabo hasta la última consecuencia. Olga no era una servidora pública, sino una simple ciudadana con un enorme sentido de responsabilidad.

Habrá algunos críticos que digan que "estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado o que su acción fue de imprudencia." Yo no creo eso, la joven Romanova se expuso al peligro porque sintió que era su deber y que no podía escudarse en el "no es mi problema" o "y yo qué puedo hacer." Su amor a la humanidad era enorme, mayor que el de muchos de nosotros que entre sorbo de café y viendo la televisión opinamos sobre lo que ocurre en el mundo o dejamos simplemente que las cosas sigan su curso.

No podemos ni debemos dejar pasar desapercibido este acto extraordinario. Solicito a los lectores de La ONDA digital que se comuniquen con la embajada rusa de su país y pidan que Olga sea homenajeada en Rusia destacando el sacrificio de su joven vida.

El día en que en este atribulado planeta, atormentado por odios y divisiones bastardas dejen de existir seres como Olga Romanova, habrá que arrojar la toalla y declarar vencedor al mal. LA ONDA® DIGITAL


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