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Elecciones presidenciales en Ecuador,
el desempleo y la pobreza fuerzan un vuelco
en al sistema tradicional de partidos

por Javier Sáenz

(agencia - AIS-)

La primera vuelta de las elecciones de Ecuador ha provocado un vuelco en el sistema tradicional de partidos. Uno más en la lenta pero firme reacción de las mayorías populares latinoamericanas contra la política de las viejas castas en el poder, cada día más incapaces de responder a las necesidades agobiantes de una economía regional en crisis, cuando no directamente vinculadas a la corrupción.

Los electores se han decidido, en esta ocasión por dos opciones claras, ideológicamente contrapuestas. La de Álvaro Noboa, una de las primeras fortunas del país, vinculada a las explotaciones bananeras y socio directo de las compañías estadounidenses que controlan el mercado mundial del banano; es decir derecha pura y dura. Endulzada en el caso del candidato del Partido Renovador Institucional Acción Nacional, con un populismo capaz de lidiar con la audiencia, incluso frente a documentadas acusaciones de explotación laboral infantil en las fincas de su propiedad.

Noboa ha contado, ni hay que decirlo, con todos los medios habidos y por haber, hasta el punto de que el Tribunal Supremo Electoral se ha visto obligado a imponerle una multa de 2.2 millones de dólares por sobrepasar el límite del gasto electoral para la primera vuelta (que era de 1.139.882 dólares). Álvaro Noboa (no confundir con Gustavo Noboa, Presidente saliente) gastó un millón de dólares sólo en la última semana de campaña, y en toda la primera vuelta, 2.260.132 dólares; casi un doscientos por ciento por encima de lo permitido. Sin embargo su rival, el coronel Lucio Gutiérrez, solo gastó 393.374 dólares pues su candidatura no disponía de más capital. Pese a lo cual, Gutiérrez ganó la primera vuelta.

La segunda opción -a la que debiéramos llamar primera en virtud de los resultados- es pues la de Lucio Gutiérrez, nuevo en la política al frente del Partido Sociedad Patriótica 21 de Enero. Sus detractores, con Álvaro Noboa a la cabeza, le tachan de filocomunista y populista, le llaman el "Chávez ecuatoriano" y le califican de "ex coronel golpista", como al Presidente de Venezuela, al que Lucio Gutiérrez dice admirar. Su candidatura tiene el apoyo del Movimiento Pachakutik, brazo político de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador), un apoyo vital en un país con el 40 por ciento de población indígena; el del Movimiento Popular Democrático, de carácter marxista; así como de otras muchas organizaciones y movimientos que formaron parte de las grandes movilizaciones contra la dolarización y la política de ajuste recomendada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que, en enero de 2000, provocaron la dimisión del  Presidente Jamil Mahuad. El entonces coronel en activo Lucio Gutiérrez era uno de los 200 oficiales que se sumaron al movimiento que puso fin a la Presidencia de Mahuad el 21 de enero. De ahí le viene el calificativo de "golpista". Los acontecimientos posteriores demostraron que esos oficiales habían sido hábilmente manipulados por el alto mando militar para, una vez encauzado el levantamiento popular contra la política neoliberal del FMI, volver a las andadas. Y así, cuando los indígenas que tomaron Quito se retiraron hacia sus lugares de origen, los oficiales fueron detenidos, Lucio Gutiérrez entre ellos. Asumió entonces el poder el Vicepresidente de Jamil Mahuad, Gustavo Noboa, actual Presidente. Noboa mantuvo la dolarización y el resto de los compromisos con el FMI.

No es tan difícil imaginar por qué Ecuador ha desechado en estas elecciones las candidaturas de los partidos tradicionales. Políticos de renombre como el expresidente Rodrigo Borja (favorito en las encuestas), el líder socialista León Roldós, el socialcristiano Xavier Neira (discípulo del exmandatario León Febres Cordero), amén de Jacobo Bucaram (un apellido tan ligado a la corrupción y el populismo extremo) han quedado fuera de la competición. Pero en la mente de los electores ecuatorianos estos nombres están muy relacionados con una realidad ciertamente nada halagüeña.

El 74 por ciento de los 12 millones de ecuatorianos vive por debajo del umbral de la pobreza. La tasa de desempleo es del 50 por ciento. Un tercio de la población no tiene acceso al agua potable. El 70 por ciento de la población no dispone de atención médica o sanitaria.  El 64 por ciento de los niños de 6 a 15 años, están sin escolarizar.

Esta tragedia (¿cómo calificarla si no?) pesa muy poco para el Fondo Monetario Internacional. O pesa bastante menos que la imperiosa urgencia de pagar, a toda costa, la deuda que sufre el Ecuador.

La deuda pública ecuatoriana representa el 60 por ciento de su Producto Interno Bruto, a cuyo pago dedica nada menos que el 40 por ciento de su Presupuesto Nacional. Es precisamente el programa inflexible de austeridad dictado por el FMI el que provocó la caída del Presidente Jamil Mahuad, tras las movilizaciones de los indígenas, primeras y principales víctimas de esa política, agrupados en la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador. Mahuad trató de salvar el cargo al decretar, el 9 de enero, la dolarización: el abandono de la moneda nacional, el Sucre, sustituido por el Dólar estadounidense a un cambio de 25.000 sucres. Lo que no hizo sino radicalizar y sumar adeptos al levantamiento. Gustavo Noboa, su vicepresidente y sucesor, no hizo otra cosa que seguir exactamente la misma política.

Ahora Ecuador necesita, sin demora, reabrir con el Fondo la negociación de un crédito de 240 millones de dólares. Ante la falta de acuerdo con el Congreso, el Presidente saliente tuvo que suspender las negociaciones en septiembre. Para quien salga elegido en la segunda vuelta del 24 de Noviembre, será vital contar con un parlamento afín. Lucio Gutiérrez se ha mostrado ya dispuesto a encarar las negociaciones con el Fondo, incluso a mantener la dolarización. La propia biografía de Noboa, Álvaro, indica que su disposición cuenta con más adeptos en el FMI. Pero, como en la primera, en la segunda vuelta tampoco es descartable la sorpresa...para los de Washington.

Agencia – AIS- mcaravantes@telefonica.net

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