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En 50 años el número medio de hijos por
mujer se reduce a la mitad en Uruguay
Ana María Damonte

Estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadística del Uruguay, área sociodemográfica

El presente fascículo forma parte de las entregas periódicas de información resumida que el INE ha preparado, sobre el comportamiento de algunas variables relevantes durante el siglo XX.

Cada tema es presentado en dos partes. La primera contiene información gráfica y breves comentarios descriptivos, mientras que en la segunda se incluye la información numérica de respaldo. Orual Andina (Director General ) Daniel Sucazes (Subdirector). La redacción de este fascículo estuvo a cargo de Ana María Damonte

Este capítulo examina el comportamiento de las variables que son las determinantes principales de los cambios registrados en la población uruguaya durante el siglo XX, es decir, la fecundidad, la mortalidad y la migración internacional.

Los efectos en el tamaño y composición de la población actual son consecuencia de los niveles y tendencias de la fecundidad y en menor medida de la mortalidad. También la inmigración y emigración internacional aportaron una influencia significativa a través del tiempo.


FECUNDIDAD  

Evolución de la Tasa Bruta de Natalidad y la
Tasa Global de Fecundidad.1900-2000

  • El cambio operado a lo largo del siglo en el comportamiento reproductivo de las mujeres uruguayas se refleja en la evolución del índice sintético de fecundidad (tasa global de fecundidad[1] ) y la tasa bruta de natalidad .

  • En el lapso de aproximadamente 50 años el número medio de hijos por mujer (TGF) se reduce a la mitad. De un valor a comienzos de siglo cercano a 6, pasa a 2.7 en 1950, manteniéndose por casi tres décadas estable. Luego comienza su descenso llegando al año 2000 a situarse en 2.3 hijos por mujer. Esta baja sustancial está marcada por una reducción importante en la descendencia final de las generaciones femeninas nacidas a partir de los años treinta.

  • El grado de educación creciente a lo largo del siglo de las mujeres uruguayas en su conjunto, puede considerarse como uno de los factores subyacentes en los bajos niveles de fecundidad alcanzados. La educación  les otorgó un mayor poder sobre la toma de decisiones, entre ellas el tamaño de la familia, así como también les abrió otras perspectivas en el mercado de trabajo, posibilitando un cambio en la motivación hacia la fecundidad. En relación a otras interpretaciones, esta parece ser la más sustentable ya que la baja se debe fundamentalmente al control voluntario de la fecundidad a través de la práctica anticonceptiva, más alta en los sectores de mayor educación y mayores ingresos[2].

  • Este descenso no significa que a través del tiempo la fecundidad conserve todas sus características. Las tasas de fecundidad por edades muestran que la baja se ha dado en todas las edades, pero ha sido más marcada en las edades mayores; entre 1950 y 2000 las tasas de las mujeres de 20 a 24 y de 25 a 29 años se han reducido en un 21% para las primeras y en apenas un 14% para las segundas, mientras que en las edades posteriores a los 40 años la disminución supera el 54 por ciento. El único grupo que muestra una tasa persistentemente más alta es el de 15 a 19 años; en la actualidad estas mujeres son responsables de uno de cada seis nacimientos que se producen en el país, mientras que 40 años atrás sólo uno de cada doce recién nacidos, provenía de estas madres.


[1] La tasa global de fecundidad es un indicador que conduce a una estimación que no está prácticamente afectada por el efecto de la estructura por edades de la población y por la fecundidad por edad. 
[2] Según datos de la Encuesta Nacional de Fecundidad y Salud 1986, la proporción de usuarias de métodos anticonceptivos alguna vez alcanza al 85% para las menos educadas y 96% para las de mayor nivel de instrucción.

Evolución de las tasas de fecundidad por edad 

  • También hubo un cambio en la concentración de la fecundidad que pasó del grupo 20 a 24 años al de 25 a 29 . Esto significó pasar de una curva de fecundidad de cúspide temprana a tardía (valores máximos en el grupo 25-29 años).

  • La fecundidad a nivel de reemplazo intergeneracional, que corresponde a una Tasa Global de Fecundidad de 2.1 hijos por mujer, se alcanzaría hacia el año 2010, lo cual significa que en promedio las parejas tendrán sólo el número de hijos necesario para el reemplazo generacional.
     

  • Este relativamente bajo nivel general de la fecundidad, esconde una gran heterogeneidad interna si se consideran algunas variables notoriamente discriminantes como ser, el acceso al agua potable dentro de la vivienda, el tipo de vivienda y el nivel de educación de las mujeres. Así se destaca, que las mujeres cuyas condiciones de vida son desfavorables, casi duplican la fecundidad de las que viven mejor; en 1996 la TGF de las mujeres con primaria incompleta es de 4.24 hijos por mujer en tanto las que tienen nivel medio y superior sólo llegan a 2.12; las que viven en viviendas de tipo marginal presentan diferencias mayores que las que lo hacen en viviendas de tipo corriente, pues tienen un promedio de 5.38 hijos por mujer contra 2.58 de estas últimas. Similar comportamiento se aprecia en relación a la disponibilidad de agua dentro de la vivienda, 4.0 hijos contra 2.25.

Natalidad

La documentación histórica aporta datos sobre la variable natalidad, cuya evolución puede seguirse a lo largo de todo el siglo de forma continua. 

  • En los inicios del siglo XX la tasa bruta de natalidad se situaba en el orden de 33 por mil habitantes. En las primeras tres décadas alcanza una reducción importante (36%) pero en los 30 años siguientes solamente se reduce un 11%. Entre los años 1960 y 1980 mantiene una cierta estabilidad para luego reiniciar el descenso;  en los últimos tres años la reducción es del 11%. Es evidente que la reducción en la tasa bruta de natalidad se explica en mayor medida por la baja de la fecundidad que por cambios en la composición por edades, ya que el porcentaje de mujeres en edades reproductivas (15 a 49 años) respecto de la población total, se mantiene a lo largo del siglo prácticamente sin variaciones, en torno al 24 por ciento.
     

  • El número anual de nacimientos crece hasta alrededor de los años sesenta, a partir de los cuales mantiene una cierta estabilidad, con algunas oscilaciones alrededor del período de mayor intensidad de los movimientos migratorios internacionales.
     

  • A partir de 1988 comienza un período de ascenso que registra su máximo valor en 1996 (58.928). Luego se inicia hacia el final de siglo un marcado descenso del orden del 10%. El mismo se produce a expensas de los nacimientos ocurridos en centros asistenciales del Mutualismo y Asignaciones Familiares ya que los ocurridos en el Ministerio de Salud Pública y el Hospital de Clínicas se mantienen estables.

Evolución del número de nacimientos
Anuales, por tipo de unión conyugal

  • De los 52.720 nacimientos ocurridos y registrados en el año 2000 casi la mitad  provienen de uniones consensuales.
     

  • Dichos nacimientos  han seguido una tendencia fuertemente creciente. De representar 26% del total de nacimientos a comienzos de siglo, llegan al final del mismo con un porcentaje en el orden del 48%. Sin embargo, ha cambiado la significación  social de este hecho. La unión libre, mal considerada por la sociedad de antaño y asociada en la mayoría de los casos a situaciones de pobreza y a la falta de la figura paterna, es vista y aceptada al final del siglo como un acontecimiento normal y cada vez más frecuente, que explica en gran medida el descenso del número de matrimonios ocurridos en las últimas décadas. Por otra parte, se registra un aumento del peso de mujeres que mantienen este tipo de unión sobre el total de mujeres con vínculo conyugal en todas las edades reproductivas, pero muy particularmente entre los 15 y 24 años. Así, mientras el porcentaje correspondiente al total de mujeres entre 15 y 49 años pasa entre 1963 y 1996 de 7.7% a 17% , en el grupo 15-19 años lo hace de 10.7% a 47.4% y en el de 20-24 años pasa de 9.1% a 35.4%.
     

  • Del total de nacimientos provenientes de este tipo de uniones, en los últimos años, se duplica el porcentaje de los que provienen de parejas estables; de 31% en 1996 pasa al 61% en el 2000.

Maternidad adolescente

  • La maternidad de las menores de 20 años en las últimas tres décadas ha seguido una tendencia fuertemente creciente, tanto en valores absolutos como en porcentaje, respecto de los nacimientos totales. En valores absolutos pasaron, con oscilaciones, de 5.650 en 1968 a 8.469 en el 2000 y en  porcentaje de 11% a 16.1%.
     

  • Dentro de las menores de 20 años,  las adolescentes entre 15 y 19 años contribuyeron con un 96% al crecimiento de la maternidad de estas edades en el mismo período.
     

  • A pesar de las consideraciones expuestas en el caso de las adolescentes, los nacimientos provenientes de uniones consensuales  llaman especialmente la atención,  por cuanto entre 1968 y el 2000 el porcentaje de estos nacimientos respecto al total de nacimientos de cada grupo de edad pasó de 50% a 89.4% en el caso de las menores de 15 años  y de 27% a 76% para las de 15 a 19 años.
     

  • Solamente el 27% de los nacimientos que provienen de madres menores de 15 años corresponden a uniones consensuales estables, porcentaje que se eleva al 40% en las adolescentes de 15 a 19 años.
     

  • Una aproximación al contexto socioeconómico donde ocurren los nacimientos se tiene a través del  lugar de ocurrencia del alumbramiento. A partir del año 1977, con la implantación en todo el territorio nacional del certificado estadístico de nacimiento vivo, se tienen estos datos. Los mismos indican que el 44% de los nacimientos ocurren en establecimientos de Salud Pública y el Hospital de Clínicas, que por las características de exigencia para su atención provienen del estrato socioeconómico bajo. Dicho porcentaje se ha mantenido prácticamente estable al inicio y final del período comprendido entre 1977 y 2000. Por su parte, en las instituciones de asistencia médica colectiva (IAMC) y Asignaciones Familiares ocurren el 51% de los nacimientos.
     

  • Prácticamente la totalidad de los partos (99.1%) son atendidos al presente por profesionales universitarios, como consecuencia de los avances experimentados en las últimas décadas. Los mismos refieren tanto a la capacitación como al nivel profesional de quién los atiende. En 1977 el 39% de los partos era atendido por médico obstetra, el 57% por partera y un 4% por no profesionales. En el 2000 los partos atendidos por médicos obstetras aumentan al 63.8%, quedando en manos de parteras el 35.7% y solamente un 0.5% atendidos por otros. [3]


[3] El dato refiere al profesional que firma el certificado de nacimiento vivo, por ser quién atiende el alumbramiento. En algunos casos están los dos profesionales presentes y la partera  prepara la etapa prealumbramiento y el médico obstetra atiende el parto.

MORTALIDAD

  • En el transcurso de algo más de un siglo la vida media de hombres y mujeres uruguayos casi llega a duplicarse. De 41.7 años para el período 1883-1885 pasa a 74.54 años culminando el siglo XX. Las mujeres lograron mayores ganancias que los varones por lo cual se amplió la brecha que separa las esperanzas de vida de cada sexo, que pasó de 2.2 años en 1900 a 7.95 años en el 2000.
     

  • Este comportamiento es el esperado en un país que muestra una transición demográfica y epidemiológica en proceso de completarse. En una población joven, como lo era la uruguaya de principios de siglo, las enfermedades infecciosas y parasitarias que representaban el 24% del total de muertes, afectaban en mayor medida a los niños y a las mujeres en el ciclo reproductivo.  La declinación de estas enfermedades, que comienza con el mejoramiento del estado sanitario de la población a través de medidas profilácticas de orden general (desinfección de locales, reglamentación del expendio de artículos de consumo, canalización de arroyos infectos, control del ingreso de inmigrantes infectados, mejoras en el servicio de aguas corrientes, puesta en ejecución del plan de saneamiento etc.) antes que la aplicación de técnicas de prevención y curación (vacunas y antibióticos) eleva paulatinamente la esperanza de vida de las mujeres y lo hace a un ritmo mayor que el de la población masculina. En consecuencia, aumenta la brecha que la separa de la correspondiente a la población masculina (en el 2000 las mujeres uruguayas viven en promedio 78.59 años y los varones 70.64 años). 

Estructura de las muertes

  • El descenso de la mortalidad trae consigo cambios en el patrón de distribución de las muertes. El gráfico siguiente permite visualizar el pasaje de una estructura donde dominaban las enfermedades infecciosas, hacia un predominio de las muertes por enfermedades crónicas y degenerativas (aparato circulatorio y cáncer).
     

  • La mortalidad por causas ha seguido una evolución en el tiempo estrechamente vinculada con medidas y acciones en el área de la salud pública, con el avance del conocimiento científico y la ciencia médica  y con el desarrollo económico y social del país. Así, en las primeras décadas del siglo, la declinación de la mortalidad por enfermedades infecciosas se asocia con medidas profilácticas de orden general tendientes a mejorar el estado sanitario de la población, cuya eficacia se complementa con el progresivo desarrollo de los servicios de salud. Después de la segunda guerra mundial, con el surgimiento de los antibióticos el peso de las muertes debidas a estas enfermedades sobre el total de defunciones se reduce drásticamente al 9% (en 1900 representaban el 36%). Al finalizar el siglo, dicho porcentaje llega al 2%.
     

  • La marcada predominancia de las enfermedades del aparto circulatorio y de los tumores malignos se acentúa a medida que se reducen otras causas llegando a representar, en conjunto, el 62% del total de fallecimientos ocurridos en 1999. Este comportamiento es propio de poblaciones cuya esperanza de vida es elevada y la composición por edades envejecida, ya que el riesgo de muerte por estas enfermedades es creciente con la edad. Por consiguiente, la baja incidencia de estas enfermedades a comienzos de siglo se explica por la estructura joven de la población, donde la mitad de sus integrantes tenían menos de 19 años.  La duración de la vida media era de 51 años ya que las enfermedades infecciosas afectaban especialmente a los jóvenes.

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Mortalidad infantil 

La mortalidad de los niños de la primera infancia y especialmente los menores de un año, ocupa todavía una proporción que nos asombra, cuando, conocidas las causas que la determinan, nos traen la seguridad de que el mal es, en gran parte, científica y socialmente evitable. 

Es el mismo grito que de todas partes del mundo se siente, en presencia de un hecho, que el convencimiento de su injusticia esté pronunciado, para despertar a las sociedades comprometidas en la protección del pequeño ser, que sin medios de defensa, perece la mayoría de las veces víctima del prejuicio, de la ignorancia, de la perversidad ó del error. 

La miseria, el abandono, la ilegitimidad, la ausencia o insuficiencia de los cuidados maternales, la alimentación artificial, el destete prematuro ,etc. son las condiciones etiológicas que presiden a la hecatombe de niños, […..] exige medidas profilácticas que aplicadas rigurosamente, nos llevan con seguridad a un éxito satisfactorio. 

Fuente: Extraído del informe presentado por el Dr. Luis Morquio al Segundo Congreso Médico Latinoamericano de 1904

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  • La reducción de la mortalidad infantil ha significado uno de los mayores aportes al crecimiento de la esperanza de vida total . Su evolución no ha sido uniforme en el tiempo lo que ha permitido identificar etapas con diferentes características, en lo que hace al ritmo de descenso y a los factores y mecanismos que han actuado para reducirla.
     

  • La etapa primera se ubica entre 1900 y fines de la década de los años treinta, en que la tasa pasa, con oscilaciones, de 106 a 93 por mil nacidos vivos. En esta primera etapa la reducción se origina por una intensificación de las acciones sanitarias preventivas que constituían un asunto de Estado de la mayor prioridad. La amplia documentación histórica sobre el tema revela una sistemática denuncia del cuerpo médico, que lleva a la toma de conciencia colectiva de que esas muertes son evitables (ver ejemplo en recuadro 1).
     

  • A partir del año 1942 y hasta el inicio de la década de los años cincuenta se ubica la segunda etapa. La tasa registra un marcado descenso con una reducción de su valor del orden del 30%. Aquí fue relevante la incidencia de los antibióticos, especialmente la penicilina, en el control de las enfermedades infecciosas, aunque hubieron también factores coadyuvantes como el auge de la cooperación internacional.
     

  • La tercera etapa se ubica al promediar los años cincuenta y se extiende hasta 1977, donde otra vez registra un nivel estacionario en torno al 48 por mil. Las últimas décadas de este período coinciden con alteraciones muy profundas en el funcionamiento de la sociedad uruguaya. El comportamiento de esta variable tiene una estrecha asociación con las condiciones adversas enfrentadas por las instituciones de salud y educación, principalmente originadas en la precariedad del entorno institucional y en la fuerte emigración de personal  calificado.
     

  • La cuarta etapa se ubica entre 1978 y 1993 y presenta un patrón general de descenso con períodos breves tanto de aumento como de estancamiento.
     

  • Recién en 1994 se puede decir que se inicia la quinta etapa de descenso sostenido que continúa hasta el presente. En estos seis años la tasa se reduce un 25% y en el 2000 registra históricamente el valor más bajo (14.1 por mil). Esta quinta etapa de descenso continuado permitirá reubicar al país en la posición que tenía a comienzos de siglo. Este descenso es el resultado del accionar de diferentes programas de salud materno infantil que se inscriben dentro de los programas de Atención Primaria a la Salud del Ministerio de Salud  Pública, que se inician en 1985 y se intensifican a partir de 1995.
     

  • La disminución lograda en los últimos años se debe fundamentalmente al descenso de la mortalidad infantil ocurrida en los servicios de Salud Pública. Entre 1990 y 2000 la mortalidad infantil en dependencias del sector público se reduce un 44% en tanto que la correspondiente al sector privado solamente desciende un 22%.
     

  • Las etapas presentadas pueden ayudar a comprender  las razones de la situación actual que el país presenta en relación a otros de la región, después de haber ocupado una situación de privilegio a principios de siglo que significó 50 años de adelanto. La representación gráfica de la experiencia uruguaya conjuntamente con la de otros países latinoamericanos, cuyo actual nivel de mortalidad general es asimilable (Cuba, Costa Rica y Chile)  ilustra claramente las diferentes tendencias observadas.
     

  • Al año 2000 el país ubica el valor de la tasa de mortalidad infantil (14.1 por mil) por encima de Chile (10.5 por mil), Costa Rica (13 por mil) y Cuba (6.5 por mil) y muy lejos de las tasas más bajas del mundo observadas por Suecia y Japón (3.5 por mil).

La mortalidad infantil en el espacio

  • A lo largo de las cuatro últimas décadas el promedio nacional de la mortalidad infantil ha evolucionado favorablemente en sus componentes departamentales. Con el objetivo de visualizar este proceso se presentan mapas con las tasas promedio para períodos de tiempo e intervalos de valores determinados.
     

  • En el primer período considerado la situación es muy heterogénea, evidenciando las desigualdades que en materia de mortalidad infantil se dan en el espacio territorial interno. Luego entre este y el segundo período (1972-82) la tasa de mortalidad infantil general se reduce un 14%. Los valores de las tasas más altas ubicadas en los intervalos de valores 50-59 y 60 o más, prácticamente desaparecen, quedando únicamente el departamento de Salto con una tasa que supera el 50 por mil.
     

  • Siguiendo un comportamiento esperado  las tasas más bajas se reducen en menor medida, bajando solamente un intervalo en la escala de valores, con la excepción del departamento de Colonia que reduce su tasa un 30%, con lo cual queda distanciado del resto de los departamentos.
     

  • La reducción más importante (44%) se opera entre los períodos 1972-82 y 1983-93, donde prácticamente todo el país ubica su tasa en valores inferiores  a 25 por mil.
     

  • El proceso de descenso continúa y entre los dos últimos períodos considerados se observa también una reducción significativa (32%) que pone de relieve una evolución favorable de todo el territorio nacional, con una tendencia hacia la homogeneización en torno a valores de la tasa de mortalidad infantil, que oscilan entre 11 y 19 muertes por cada mil nacidos vivos.

Causas de muerte de los menores de 1 año 

  • En el Uruguay de 1900 nueve niños morían por día antes de cumplir el primer año de vida. En el año 2000 dicho número se reduce a dos.
     

  • La diarrea y enteritis y la influenza, neumonía y otras afecciones respiratorias constituían las principales causas de muerte en esa época y en conjunto eran responsables de provocar la mitad de los fallecimientos. Representaban el 32% y el 18% del total de muertes con causa definida.
     

  • En el proceso de transición epidemiológica la reducción de la mortalidad infantil por estas causas clasificadas como infecciosas, han tenido los mayores impactos sobre la reducción de la mortalidad infantil general.
     

  • La reducción de la mortalidad infantil por estas causas se opera fundamentalmente a partir de la década del cuarenta. Durante la misma, la tasa por diarrea y enteritis se reduce un 36%, representando esta causa más de la tercera parte del descenso de la mortalidad infantil de este período. Pero la mayor reducción, del orden del 63% se da en el período 1975-1988, llegando al 2000 con una tasa de 0.2 por mil y representando el 1.3% del total de defunciones infantiles. En este descenso tuvieron gran impacto las campañas de difusión  de suero oral promovidas por el MSP. La otra causa, sigue también la misma evolución y llega a una tasa del 0.5 por mil nacidos vivos, mientras que su peso relativo es de 0.04% al finalizar el siglo XX.
     

  • En los últimos veinte años el mayor descenso de la mortalidad infantil corresponde al conjunto de causas que se relacionan con la mortalidad que se produce alrededor del nacimiento y que son en su mayoría evitables con acciones preventivas. Durante el mismo la tasa se reduce un 70 por ciento.
     

  • Aunque la inmaturidad puede considerarse como causa de muerte perinatal, en la publicación oficial de las mismas, históricamente se la presenta separadamente. El porcentaje de reducción es prácticamente similar (69%), aunque en términos absolutos la ganancia fue significativa ya que entre 1979 y el año 2000 se pasó de 197 a 57 muertes por esta causa.
     

  • La tasa de mortalidad infantil debida a anomalías congénitas se mantiene casi estable oscilando entre 3 y 4 por mil nacimientos vivos. Cabe destacar que este valor marcaría el umbral mínimo al que podría reducirse la tasa de mortalidad infantil general, ya que las causas son de origen endógeno.  A modo de ejemplo basta saber que Japón y Suecia llegan al año 2000 con una tasa de mortalidad infantil de 3.5 por mil.
     

  • Otra causa de muerte infantil que cobró, en promedio, 36 vidas por año en la última década, es la clasificada como síndrome de muerte súbita del lactante. Recién a partir del año 1991, debido a su importancia creciente, se la extrajo de las causas residuales considerándola en forma independiente.

Mortalidad materna

  • Hasta mediados del siglo XX la tasa de mortalidad materna era elevada, situándose en alrededor de 200 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. Sin embargo no era considerada como problema prioritario de salud pública, en virtud de que el número de defunciones a causa de complicaciones del embarazo parto y puerperio, era relativamente pequeño en relación al total de muertes femeninas provocadas por otras causas.

  • Entre los años 1945 y 1951 desciende sensiblemente (se reduce un 55%), tendencia que continuará aunque a menor ritmo hasta el final del siglo en que alcanza el  valor de 11 muertes por 100.000 nacimientos.
     

  • Este descenso se enmarca en una mayor cobertura prenatal, donde se intensificaron y cobraron gran relevancia los programas de promoción de salud materno infantil, entre los que se destaca el Programa de Control de Embarazo y Parto. Por otra parte, aunque la proporción en el total de muertes apenas sobrepasa el 1% en las últimas décadas, su sola presencia ha sido motivo de preocupación ya que es prácticamente evitable en casi todos los casos, a través de medidas de prevención.

Migración Internacional

La población de un país que se considere abierta aumenta o disminuye su número por el balance de nacimientos, defunciones y movimientos migratorios internacionales. Estos últimos son desplazamientos de personas, a través de las fronteras, que involucran un cambio de residencia habitual con carácter relativamente permanente. Cuando los mismos se realizan desde afuera hacia el país el fenómeno se denomina inmigración y a la situación inversa emigración.

Inmigración

  • En 1908 la población extranjera censada alcanzaba a 181.222 personas y representaba el 17.38% de la población total.
     

  • Los inmigrantes europeos eran mayoría (73.74%) siguiéndole los americanos (26.16%), en tanto el resto de la población originaria de otros continentes apenas alcanzaba el 0.1%.
     

  • En relación al tiempo de residencia, el 22% eran inmigrantes recientes, es decir, tenían menos de cinco años de llegada al país y el 78% restante llevaban 5 años o más, lo cual indica que su arribo, en la mayoría de los casos, ocurrió en el siglo XIX.
     

  • Con el transcurso del tiempo, y a pesar del incremento del número de extranjeros en 1963, como resultado de las corrientes inmigratorias de mediados de siglo (entre 1950 y 1959 ), en términos absolutos esta población se reduce casi a la mitad, por la extinción de las cohortes más antiguas y la importante reducción de los flujos inmigratorios a partir de los años sesenta. Ello queda en evidencia por la importante disminución del porcentaje de inmigrantes recientes en cada censo, sobre los cuales el efecto de la mortalidad se atenúa al considerar períodos relativamente cortos.  En 1963 el 9% de los extranjeros censados llegaron al país en el período 1960-1963; en 1996 dicho porcentaje para igual período, disminuye al 7 por ciento.
     

  • La evolución de la estructura por edades y sexo de la población inmigrante presentada en los gráficos, evidencia no solamente la reducción de esta población a lo largo del siglo, sino también su progresivo envejecimiento. En 1908 el 9% de esta población tenía 65 años o más de edad mientras que en 1996 dicho porcentaje  se eleva al 34 por ciento.

Emigración

  • La magnitud de la emigración de uruguayos ocurrida en las últimas décadas, constituye uno de los temas que suscita mayor controversia entre los medios interesados en la situación demográfica del país. Buena parte de la misma reside en el hecho que, para esta variable, no existen fuentes de datos específicas ni exclusivas ya que los registros de migración recogen información del movimiento de personas a través de las fronteras, pero no precisan la condición migratoria de los viajeros. Por tanto, la recurrencia a técnicas indirectas de estimación resulta forzosa.
     

  • Los relevamientos censales a intervalos de tiempo decenales o similares, complementados con otras fuentes de diversa naturaleza[4] y conciliados los datos en torno a hipótesis plausibles, resultan ser una aproximación razonable a la realidad.
     

  • En el período intercensal 1963-1975 emigraron del país 185.710 uruguayos repartiéndose de forma casi similar entre hombres y mujeres (92.961 y 92.749 respectivamente). Los mismos se concentraban en los grupos de edades 20-24 y 25-29 años, que acumulados, representaban para el sexo masculino el 33% del total de emigrantes de dicho sexo y para el femenino el 24 por ciento.
     

  • Entre los censos de 1975 y 1985 los emigrantes alcanzaron a 122.804 personas.
     

  • Finalmente, en el intervalo censal más reciente (1985-1996) el número de emigrantes se reduce a 68.170 personas, predominando la población masculina (55%).
     

  • Este último contingente emigratorio es predominantemente joven ya que el 57% de esta población se concentra en las edades 15 a 29 años. De la misma, el 62% son varones y el 38% mujeres.
     

  • No es posible extenderse hacia atrás del segundo relevamiento censal del siglo XX, dado que la información estadística disponible es totalmente insuficiente y de validez no siempre verificable.
     

  • A  diferencia de lo que ocurre con las otras variables componentes del cambio poblacional, fecundidad y  mortalidad, y como consecuencia de la falta de información, la variable migración es pasible de interpretaciones subjetivas respecto del volumen de los contingentes, fuera de los períodos intercensales.


[4] Uruguayos censados en otros países, PROYECTO IMILA del CELADE; encuestas de Emigración Internacional de los años 1976 y noviembre 1981-mayo 1982 de la Dirección General de Estadística y Censos; estadísticas de nacimientos y defunciones; estadísticas de pasaportes emitidos, etc.

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