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El discurso del Oficio, el discurso desaparecido
por Emilio Ruchansky

A 25 años de su desaparición conviene recordar a Enrique Raab como lo que es: un hombre innovador. Algunos trayectos del libro "Crónicas ejemplares" demuestran aquÍ por qué el periodismo argentino lo considera irrepetible.

Primero de mayo de 1974. Dos meses antes de su muerte, Perón enfrenta un panorama delicado en el acto del día del trabajador. José López Rega pone a punto a la triple A y una de sus futuras víctimas, Enrique Raab, escribe:"Rinaldi recitó un poema populista en medio de la indiferencia de todos; Gómez Cou trató de llevar a buen término un fragmento de Leopoldo Lugones, pero en ese momento apareció, a la altura de Catedral, la primera columna de Montoneros (...) a las 16.10, Antonio Carrizo anunciaba a un ´impagable José Marrone, el querido Pepitito´, que sin embargo no llegó siquiera a articular su primer chéee, porque un revuelo confundió por un instante, a montoneros y antagonistas".

La crónica fue noticia hace casi 30 años, ojearla resulta extraño. El contraste de su estilo, si se lo compara con los matutinos de hoy, es "curiosa". Leerla es un acontecimiento que involucra a estudiosos o nostálgicos -los estudiosos suelen ser nostálgicos de lo que ignoran o desconocen y viceversa. Tal vez sea ésta una manera de analizar a Raab y a ese periodismo argentino generado por los '70.

¿Cómo eran las redacciones de aquellos años? Eran pequeños foros griegos. Siempre había un maestro y sus discípulos." Contestó Mempo Giardinelli, testigo de la mística desconocida por la que sobreviven las notas de Raab, buena excusa esta olvidada efeméride por los 25 años de su desaparición para volver sobre su trabajo.

"Expertos occidentales, como Emile Dujois, ven en el teatro japonés de las Tairas una clara tentativa de conjurar, mediante el vértigo de los gestos, una vieja angustia de la humanidad : El horror al vacío (...) Mirtha ha desestimado soberanamente los lastres de la dramaturgia burguesa; no ha vacilado en confudir monedas, ciudades, relaciones entre personajes porque su objetivo es, esta vez, la restitución una vieja expresion, meramente gestual, del teatro japonés". escribió en una de sus críticas teatrales llenas de sarcasmo, imágenes, analogías... en fin su estilo fermenta recurso, método y mucho oficio. "Parecía que le gustaba más contar las notas que publicarlas" afirmó su aprendiz Carlos Ulanovsky. Raab venía e iba del y hacia lirismo, era un romántico que tal vez haría repensar a Oscar Wilde cuando críticaba a la prensa por su falta de estilo y profundidad. Al igual que Haroldo Conti (otro maestro griego del diario La Opinión en los ´70), era parte de un periodismo hecho por poetas, pintores, abogados, críticos, sociólogos, obreros, etc. Influeciado e influenciador, alimentado por la diversidad de sus redactores, formó un estilo en el que no sobran adjetivos -y lo que es más interesante- no faltan. Se cita, se juega, se estiliza, se informa y se disemina conocimiento. Luego de 60 años en el oficio, el fundador de la primera agencia de noticias (Telam) y periodista Luis Clur afirmó al retirarse: "Antes se valoraba mucho la labor personal y profesional del periodista. Ahora las empresas han pasado a primer término con la globalización, la economía, las fusiones, los arreglos y el factor gravitante de que el obrero que le da la sangre y el corazón a todas estas expresiones ha caído en una especie de sopor del que no sabe cómo salir."

Raab, Quique

Rebautizado por sus colegas como "Rabito", "Pelado", "Peladillo", "Rabanito" o "Quique" hablaba alemán, inglés, francés e italiano. No terminó su secundaria porque no aprobaba historia: "Se peleaba con el profesor... Era argentino nacionalizado, pero todavía conservo la carta de la embajada de Austria que ante nuestra solicitud de ayuda nos dice que no se ocupará del caso" comentó su hermana Evelina, que junto a él y sus padres, escapó de Viena perseguida por Hitler. Casi 40 años después, fue secuestrado y trasladado hasta la ESMA, "el auschwitz argentino". No militaba activamente pero sus artículos denunciaban a la entonces solapada dictadura. Ya había recibido amenazas de la triple A pero no quería irse del país. "Mi hermano tenía mucha facilidad para la fantasía y eso debe haber sido una de las razones que le impidieron ver el peligro de la realidad". LA ONDA® DIGITAL


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