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Chávez: o cómo es
posible la resurrección

por Carlos Lago

No me gusta Chávez. No me gusta Fujimori, aclaremos rápidamente. No me gusta el estilo de uso del poder por parte de los "outsiders" llegados a la primera Magistratura.

No me gustan los presidentes no electos, aunque crean contar, y ello sea efectivamente cierto, con el apoyo de mayorías más o menos silenciosas.

No me gustan los presidentes que sin ser electos por el pueblo se quedan ejerciendo un cargo que les puede ser constitucionalmente legado, pero que no saben abandonar a tiempo, dándole a sus conciudadanos la posibilidad de elegir rápidamente a su sustituto.

No me gustan ninguno de esos presidentes, ni tampoco los que , enancados en un fuerte aparato militar y en las poderosas cámaras empresariales de un país determinado, mediante un Golpe de Estado se adueñan del poder. No me gusta Pedro Carmona.

Un Chávez que se supone renunció, porque así dicen que lo hizo quienes le tuvieron cautivo, que intenta pasar a la historia llenando de bolívarismo todas sus acciones, pero de un Bolívar de bronce, sin contenido, vacío.

Ese Chávez, supuestamente derrotado por militares, empresarios, sindicatos vinculados al área petrolera y la Iglesia Católica, recibió un masivo apoyo de un pueblo que sabe que sus partidos históricos están en desenfrenada caída, producto de sucesivas fragmentaciones y acusaciones de corrupción desde hace años.

Esa Venezuela donde ex presidentes estuvieron años presos, quizás inocentes o mal manejadas las pruebas de su culpabilidad como corruptos, pero que le abrieron camino a este militar en su momento golpista, carismático, hasta simpático y con salidas ocurrentes en los ámbitos "serios", donde hacer reir es mirado como pecado.

Ese militar que en Montevideo corta un discurso para mirar a su esposa y decirle "qué bonita estás", cuando la ve entre los presentes.

Ese mismo militar que no dudó en hacerse amigo de Fidel Castro, en momentos que la isla está aislada, y cuando eso parece pecado mortal.

Ese militar es capaz también de clausurar las trasmisiones de los canales de TV para que no se vea lo que es la represión que está llevando a cabo ni el ataque de sus francotiradores contra los venezolanos opositores a su gobierno.

Ese militar que no fue capaz de salir de la crisis ni negociar con los que es muy posible, no querían negociar con él, sino lisa y llanamente sustituirlo, ese, es el Chávez que consigue que el pueblo se levante, que en las calles de Caracas queden decenas de muertos, y obliga a los golpistas de hoy a varias acciones: primero a tratar de suavizar la protesta anunciando elecciones parlamentarias en diciembre. Luego restituyendo al Parlamento actual. Pero la presión se hizo insoportable cuando más allá de varias bases militares se le sublevan efectivos en el propio Palacio Presidencial. Y Carmona renuncia. Porque el poder ya no lo tenía y los militares que lo sostuvieron escucharon la condena de la OEA, el silencio de EE.UU., las dudas de muchos países a reconocerlos, y el final cruel para ellos del pedido que se aplicara en Venezuela la cláusula que obliga a las naciones latinoamericanas a tratar de lograr la vuelta inmediata a la institucionalidad.

Ahora la República Bolivariana de Venezuela, tiene por unas horas de Presidente al Chavista vicepresidente Diosdado Cabello, mientras llega el líder rescatado de la prisión y a la que pasa el golpista Carmona.

Ahora Chávez, otra vez como presidente, estará obligado a negociar con sus vencidos. Porque estos volverán y con más fuerza en un futuro más o menos inmediato.

Nadie puede creer que los únicos muertos habidos fueron chavistas, pero las enseñanzas que han dejado estas horas críticas y amargas, deben ser recogidas, analizadas y cristalizar en un proyecto de país, en el cuál creían últimamente según las encuestas no más del 30 % de los venezolanos. Sabemos que las encuestas se equivocan. Y más aún lo hacen los hombres.

Chávez no es Allende, no es Fidel, no es Fujimori, no es Bucaram aunque de todos ellos se puedan buscar algunos parecidos.

Chávez es Chávez, Venezuela es Venezuela y por ahora la democracia ha sido restaurada. Es necesario darse cuenta que aquí esta expresión "de por ahora" esta escrita en condicional.

Si Venezuela es como Uruguay donde lo provisorio es lo más permanente que se puede conseguir, muchas horas ya olvidadas no deberían volver al suelo caribeño. Pérez Giménez y sus imitadores han muerto y no tienen espacio para volver.

Que eso sea lo que los venezolanos reconquistaron en la tarde y noche del sábado, y que se sepa leer lo que todo el pueblo dijo en estos días marcará el rumbo y el futuro de Venezuela.

Pero por ahora, bienvenida democracia, pero no revanchismos y , afuera los odios. Porque el camino de Chávez va a estar muy empedrado, y es posible que sea bueno el llegar a elecciones anticipadas, para salvar definitivamente la constitucionalidad. Una Constitución muy cuestionable. Pero eso es argumento para otra nota. LA ONDA® DIGITAL


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