Primera revista electrónica de reflexión y análisis 


Nº 17

Del 16/10/00  al  29/10/00
Montevideo Uruguay


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Medicina y medios de comunicación

por el Dr. Fernando Rama

En una excelente conferencia que pronunciara en Montevideo, dos o tres años atrás, el Prof. Mario Bunge hilvanó una interesante lista de problemas filosóficos en torno al quehacer médico. El epistemólogo argentino, radicado desde hace años en Canadá, señala toda la complejidad de la medicina y clarifica todo aquello que la medicina es: ciencia, tecnología, servicio y muchas otras cosas más. En pocas palabras la medicina es, al mismo tiempo, biología, sociología, demografía, ética y antropología aplicadas. A todo aquello que la medicina en general es, cabe agregar todo aquello que la sociedad actual le reclama a la institución médica. Uno de los aspectos más notorios del reclamo social es la comunicación de información científica válida, que los usuarios de los servicios de salud identifican como una de las vertientes más visibles de la calidad de los servicios prestados.

Esta valorización de la información médica se traduce en una por momentos abrumadora presencia de la palabra médica en los medios de comunicación. La gran mayoría de los medios disponen de programas y espacios dedicados a la difusión de las principales características de las enfermedades más variadas, sus posibles tratamientos y otros pormenores relacionados con la salud. Por lo general la información es proporcionada por expertos, es decir profesionales de la salud de toda índole, si bien es posible encontrar, también, información vehiculizada por periodistas especializados que a su vez se apoyan en citas atribuídas a expertos. Con frecuencia la información representa un aspecto del mercadeo - más o menos oculto, a veces legítimo y otras no tanto - , de la industria farmacéutica, de los servicios de salud privados o directamente del propio profesional que proporciona la información.

Es formidable cambio cultural es, a mi juicio, beneficioso pero posee también aspectos negativos y potencialmente nocivos que conviene comentar. La amplia información relacionada con los problemas de salud contribuye a romper la asimetría tradicional entre el saber médico y el no saber del paciente; refleja, en última instancia, la creciente demanda de la población en torno a sus derechos como pacientes y contribuye a favorecer una relación médico-paciente de mejor calidad. La revolución informática en curso también ha contribuído en este sentido, al menos en aquella franja de usuarios de los servicios de salud que posee acceso a los servicios de internet y, por lo tanto, puede informarse por sí sólo de los avances en materia de medicina. Cabe prever, en un futuro no muy lejano, la globalización de la propia consulta médica.

Algunos de los aspectos negativos son también fáciles de advertir. En primer lugar, la palabra de los expertos no siempre es verdadera; puede ser, y con cierta frecuencia lo es, falsa. En segundo lugar, la palabra de los expertos no siempre es útil; puede ocasionar reacciones indeseables en el receptor ( excesiva preocupación, miedo u otras emociones susceptibles de generar más problemas que soluciones). En tercer lugar, la presencia de los expertos en los medios de comunicación refleja, al menos en el presente desarrollo del asunto entre nosotros, dos males que son propios de la actual estructuración del sistema de salud: la sobre especialización y la medicalización de la sociedad. Por un lado se induce la noción errónea de que todo síntoma o signo tiene como primer paso la consulta con el especialista o, lo que es peor, con el método diagnóstico idóneo para el caso. Por otro lado el afán de salubridad ha llevado a una suerte de creencia de que toda problemática individual o colectiva es un problema médico. Si alguien se tomase el trabajo de sumar los porcentajes de prevalencia de todas las enfermedades mencionadas llegaría a la extraña conclusión de que en nuestro país no existe nadie que pueda ostentar la condición de persona sana.

En el caso específico de la psiquiatría los riesgos son mayores. Tratar temas como el suicidio - sin duda una de las conductas más complejas del ser humano -, o la drogadicción, tan cargada de prejuicios y malentendidos, requieren una precisión comunicacional muy grande. Mucho más cuando la palabra del experto se inscribe en un diálogo con el público, como acontece en programas de radio y televisión. Es cierto que el Uruguay no pasa, en este momento, por su mejor momento histórico, pero señalar que 300.000 uruguayos padecen depresión - como he visto en un titular de prensa relativamente reciente-, es algo francamente exagerado. Baste mencionar que la morbilidad psiquiátrica total ha sido estimada, a nivel mundial, en guarismos que van del 11 al 14%. Vale la pena aclarar, por otra parte, que le depresión no es un trastorno homogéneo sino que existen subtipos diversos, no del todo esclarecidos, a mayor abundamiento.

Si bien se podrían tejer muchas otras consideraciones sobre el tema, estas reflexiones tal vez puedan servir como vía para introducir un tema que debiera recibir más atención y generar juicios de responsabilidad más afinados en todos aquellos que cumplen la delicada tarea de ilustrar a la población sobre temas de salud, expertos, periodistas, empresas que financian los programas, entre otros. Realizar divulgación científica es una actividad difícil, que requiere especialización; el rol de comunicadores de los profesionales de la salud es todavía más exigente, porque no se trata de tener en cuenta apenas la capacidad de comprensión del oyente o lector; requiere imaginar las emociones que la información puede, en muchas eventualidades, evocar. De no poca importancia, en el tratamiento de esta temática debiera evitarse inducir o propagar el rol normatizador de la institución médica, que tan pernicioso ha sido en determinadas circunstancias. LA ONDA® DIGITAL


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Octubre 2000

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