Primera revista electrónica de reflexión y análisis 


Nº 17

Del 16/10/00  al  29/10/00
Montevideo Uruguay


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De historias de inversores
Las aventuras de Mr. Smith
Información exclusiva para quienes quieren irse a trabajar a EEUU

por César Barrios

Mr. Smith llegó en la mañana al aeropuerto de Carrasco . En su valija principal (y única) tenía 50 millones de dólares. Un fondo de pensión de Estados Unidos (esos que hacen que cuando mandemos una carta por una conocida empresa privada, medio centavo va para pagarle la jubilación a un ancianito yankee), le había solicitado que viniera a este país con los 50 millones y los invirtiera. Tenía 24 horas para hacerlo.

Mr Smith, sinceramente no tenía ni idea de donde hacerlo, pero pensó que sería algo relativamente fácil. Se había elegido Uruguay por su PBI por habitante, la "calidad" de su gente y la imperiosa necesidad de reactivar la economía. Bien, Mr. Smith, vió los teléfonos en la sala del aeropuerto y pensó "aquí puede estar el negocio". Subió a un remise y pidió que lo llevaran a cualquiera de las compañias de teléfonos existentes. El chofer le dijo "hay una sola". Terminó en Fernández Crespo y Colonia, el taxista le habló de un torre de Cristal que se termina y no se termina, pero a Mr. Smith poco le importaba, el tenía otra misión.

El presidente de la empresa (llamada Antel) lo recibió amablemente y le contó los proyectos para el futuro, de un plan que hablaba de un planeta (Mercurio) y por el cual hasta los más pobres de los pobres estarían conectados a Internet y de los telefónos celulares ("Que también son nuestros, como los de la competencia a la cual le arrendamos la frecuencia" le dijo haciendole una guiñada). "Estupendo" pensó Mr. Smith y le propuso invertir en la empresa comprando parte de ella. Claro, ahí la cara del presidente cambió y le dijo: "Lo siento la empresa es del pueblo y no está a la venta".

Mr Smith se fué resignado. En el hall del edificio vió una larga fila, preguntó quienes eran y un portero le respondió. "Es el pueblo, vienen a refinanciar porque no pueden pagar la cuenta".

Mr. Smith vió las lamparitas de la calle y dijo aquí está el negocio. Le pidió al remisero que lo llevara a cualquiera de las compañías eléctricas. Otra vez "hay una sola". Terminó frente a un gran edificio. De nuevo el presidente de esta empresa le contó que en realidad la electricidad en Uruguay es un gran negocio. "Todos "mueren" acá, no tenemos competencia", y nuevamente al guiñada cómplice. "Queremos invertir acá" dijo Mr. Smith. Pero la respuesta se repitió: "Lo siento la empresa es del pueblo y no está a la venta". En el hall del edificio otra larga cola (vió algunas caras que ya había visto antes) y ni preguntó. "Ya se, es el pueblo que viene a refinanciar porque no puede pagar" le dijo a un ascensorista, el cual miraba un catálogo de autos O.K.

La historia se repitió en una empresa llamada Ancap, la cual se enteró compra el petróleo, lo refina y es el único provedor desde el supergas para las garrafas hasta la nafta de los aviones. Subió al remise y el chofer le dijo. "Vió estos de Ancap nos viven currando con los precios". No entendió y se entró a cuidar. "Este chofer es peligroso y yo con 50 millones en una valija. Como una persona puede hablar así de una empresa que es del pueblo". Lo mismo le pasó en otra empresa llamada Ose, la única que da el agua, (también del pueblo y con las "colas" del pueblo para refinanciar). Era tarde y decidió volver al aeropuerto. Ahí haría su último intento. Invertir en un aeropuerto no es mal negocio. Pero resulta que también todos los aeropuertos son del pueblo y no se venden ni aceptan capitales. En su maleta partió con los 50 millones. "Que lástima, el aeropuerto parecía un buen negocio. Había mucha uruguayos que se embarcaban" pensó Mr. Smith. LA ONDA® DIGITAL


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Octubre 2000

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