Primera revista electrónica de reflexión y análisis 


Nº 17

Del 16/10/00  al  29/10/00
Montevideo Uruguay


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La disímil suerte de dos ex comunistas

por José Luis Martínez

En Europa del Este hubo en las últimas semanas dos derrotados. La izquierda radical yugoslava heredera del régimen comunista y la derecha católica polaca. No quisieron desprenderse de su pasado conservador y fueron castigados en las urnas. El triunfador fue un ex comunista polaco que supo renovarse y que sí dejó atrás su pasado.

El depuesto presidente de Yugoslavia, Slobodan Milosevic, intentó huir y transferir todas las reservas de oro del país a China, reveló en Belgrado Mladjan Dinkic, uno de los más importantes economistas serbios. "La partida de un avión DC10 con destino a Pekín no se concretó. Teníamos miedo de que intentara llevarse todo el oro fuera del país", dijo Dinkic. El economista señaló que la oposición logró clausurar las sucursales del Banco Central, sin embargo aclaró que no sabe dónde se hallan las reservas que suman 150 millones de dólares.

Esa fue quizás la última acción de gobierno del ex comunista Milosevic, reconvertido ahora en un nacionalista-socialista, mientras que miles de yugoslavos liderados por el presidente Kostunica se rebelaban en las calles de Belgrado, como le sucedió a la mayoría de los gobiernos de Europa del Este que cayeron tras el fin del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética.

En Yugoslavia, como en todos los regímenes comunistas, de un día para el otro los miles de victoreaban al hombre fuerte de turno lo abuchearon y lo echaron.

Milosevic, de 59 años, se aferró al poder durante 13 años a pesar de humillaciones militares, la secesión de la mayor parte de Yugoslavia y un descalabro económico sin precedentes. Su táctica fue maquillar su pasado para seguir en el poder. No cambió y pagó políticamente su fidelidad a su ortodoxia.

Con su carácter marcado por los suicidios de sus padres, el comunismo y la influencia de su esposa, Mirjana Markovic, aún más radical que él, Milosevic se volvió cada vez más ambicioso.
Cautivó a su propio pueblo, recurriendo al nacionalismo de los serbios en torno a Kosovo para pasar de funcionario comunista a un presidente dictatorial, que no dudó - como lo hizo el régimen anterior- en clausurar medios de comunicación, reprimir a estudiantes, apresar a opositores políticos y cercenar derechos fundamentales con el apoyo de los militares.

El poder y todo lo que ello trae era su meta. "El está dispuesto a cambiar de ideología todos los días. El cambiará sus creencias, lo mismo que sus aliados. Utilizará a cualquiera y luego se deshará de ellos", dijo opinó Stambolic, quien asesoró a Milosevic dentro del Partido Comunista, antes de ser víctima de una purga.

El poder desenfrenado ha permitido enriquecerse a la familia de Milosevic, en especial a su hijo, Marko. Ahora tras el fin del régimen, y por si el nuevo gobierno pide cuentas, el hijo de Milosevic y su familia se tomó un avión y se fue a Moscú. Intentó refugiarse a en Pekín, pero el gobierno comunista le dio la espalda a la familia de su viejo amigo Milosevic.

Los yugoslavos sumidos en una grave crisis económica, aislados internacionalmente, y hartos de las aventuras militares de Milosevic, le dieron el golpe de gracia al régimen con protestas relativamente pacíficas. Los militares enviados a detener las manifestaciones terminaron sumándose a las protestas y mirando como eran destruidos los centros de poder del régimen, como la sede del Parlamento, la televisión oficial y otros medios de comunicación que respondían al régimen.

El Partido Socialista Popular Serbio (SPS), con sus aliados de la Izquierda Yugoslava (JUL) y del Partido Socialista Popular (SNP) de Montenegro que sostuvieron en el poder a Milosevic, prometieron resistir el triunfo en las urnas del nacionalista Kostunica, quien había sido expulsado de la Universidad en la década del setenta por disentir con el régimen comunista.

Kostunica deberá ahora afrontar la herencia que le dejó el régimen comunista y su heredero, Milosevic, reclamado por el Tribunal Penal Internacional (TPI), que lo acusa de crímenes contra la humanidad y de guerra en Kosovo. A fines de año habrá elecciones parlamentarias en las cuales Kostunica intentará obtener la mayoría en el Parlamento que le permita gobernar.

Milosevic fracasó y cosechó lo que sembró Los yugoslavos están convencidos de que es un hombre acabado, dondequiera que esté. Un serbio resumía así la situación: "Nunca más podrá cruzar una calle sin un ejército de guardaespaldas a su alrededor".

El ex comunista Aleksander Kwasniewski logró un triunfo personal con su reelección en la primera en las elecciones presidenciales polacas, un escrutinio marcado por la derrota de la derecha católica y la caída de la influencia de la Iglesia católica en Polonia.

El presidente saliente puede estar satisfecho tras su victoria en la primera vuelta con un 55% de los votos: salió fortalecido tras una campaña electoral marcada por el caso de un video difundido por su adversario de la derecha, que lo mostraba burlándose del Papa Juan Pablo II.

Este asunto con ribetes de escándalo tuvo una gran repercusión en los medios conservadores y en el seno de la Iglesia, pero terminó siendo un fracaso, sin mayores incidencias en el voto de los polacos.

Si la reelección era casi asegurada, la verdadera sorpresa del escrutinio fue la derrota de la derecha católica agrupada en la coalición AWS-Solidaridad.
Su líder, Marian Krzaklewski quedó en tercer lugar con un 15% de los votos, y sufrió la humillación de ser superado por un candidato independiente, el ex ministro de Relaciones Exteriores, Andrzej Olechowski, que logró 17% de los votos.

Las intrigas, las disputas en esta coalición heredada del sindicato Solidaridad y el lanzamiento de costosas reformas a nivel social hicieron que los polacos abandonaran las filas de los conservadores.

La estrepitosa caída de la derecha también fue debida a la disminución progresiva de la influencia de la Iglesia sobre los polacos en el ámbito político, en un país que es muy católico.

El clero polaco no fue ajeno a la campaña electoral sobre sus preferencias. Varios obispos dijeron claramente que "los católicos votan a los católicos".

El canciller alemán Gerhard Schroeder felicitó al reelecto ex comunista. "Me congratulo de haber encontrado en ti un amigo que le da una importancia primordial al futuro común europeo, a nuestros Estados y a nuestros pueblos", le escribió Schroeder a Kwasniewski.

A diferencia del yugoslavo Milosevic, Kwasniewski supo renovarse en serio y tomar el ejemplo de la mayoría socialdemócrata que gobierna los principales países de Europa y lograr así el apoyo en las urnas pese a su pasado comunista.LA ONDA® DIGITAL 


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Octubre 2000

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