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El fútbol, en el fondo del armario

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En el fútbol profesional no hay jugadores homosexuales. Al menos que se sepa. Los numerosos cánticos homófobos como símbolo de desprecio e inferioridad y las reiterada declaraciones de futbolistas y entrenadores que niegan o rechazan dicha realidad en el deporte rey, son suficientes para que la existencia de futbolistas gays, siga siendo un secreto. La terminología del armario y los años de invisibilidad parecen haberse reducido en la calle pero no en el campo de fútbol. Quizás el mayor caldo de cultivo de la homofobia.

“No estamos preparados para que un futbolista reconozca su homosexualidad”, declaraba Paco Jémez, entrenador del Rayo Vallecano, en rueda de prensa. Y tenía razón. Los gritos de ‘Guti maricón’ acompañaron al exjugador del Real Madrid a lo largo de su carrera. Los cánticos en referencia a la condición sexual de los jugadores inundan cada semana los campos de fútbol. Justin Fashanu, primer futbolista en declarar su orientación sexual estando en activo, recibió insultos homófobos, el desprecio por parte de sus compañeros y una demanda por acoso sexual que nunca pudo ser probada. Sin embargo la presión pudo con él. En su nota de suicidio pedía alcanzar en muerte la paz que nunca consiguió en vida.

Se han hecho campañas contra el racismo, la xenofobia o la violencia en el fútbol pero escasean aquellas que luchan contra la homofobia. Los gritos racistas en los estadios suelen ser castigados con multas económicas, algo no tan frecuente cuando estos cánticos hacen referencia a la homosexualidad. Por ello con motivo del Día Internacional contra la LGTBfobia en el Deporte, celebrado el pasado 19 de febrero, la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) de España puso en marcha la campaña #LaLigaArcoIris. La iniciativa consistía en que los jugadores mostraran su apoyo a la diversidad llevando en sus botas unos cordones, facilitados por la FELGTB, con los colores de la bandera multicolor en la jornada correspondiente al 21 y 22 de febrero de la Liga española. Equipos como el Rayo Vallecano, siempre comprometido en causas sociales, algunos jugadores del Getafe y del Atlético de Madrid no dudaron en mostrar su apoyo. También equipos de la Liga Adelante, Segunda División B y Tercera se unieron a la propuesta.

Aunque la respuesta ha sido mayor que al principio de la temporada, cuando la federación lo intentó pero solo obtuvo contestación de Almería y Llagostera, demuestra que queda mucho camino por recorrer. Y es que la idea pretendía emular a la realizada a principio de temporada en la Premier League por las organizaciones Stonewall y Paddy Power quienes, apoyados por la Federación Inglesa de Fútbol, consiguieron el respaldo de equipos de la Premier como el Manchester City o el Arsenal. En España, la falta de apoyo de la Liga Profesional de Fútbol (LFP) alegando que su política restrictiva les impide participar en este tipo de campañas y el silencio de los grandes clubes como el Real Madrid o el FC Barcelona vaticinan un escaso revuelo. Mayor eso sí que en Italia, país originario de la campaña donde solo un jugador, Daniel Dessena, optó por cambiar el color de sus cordones. Ante las amenazas e insultos recibidos, sus compañeros de equipo decidieron apoyarle.

En otras disciplinas, la ‘salida del armario’ de deportistas parece más frecuente. Sin embargo el revuelo que causan estas declaraciones, demuestran que todavía no está normalizado. El nadador Ian Thorpe, Orlando Cruz o Jason Collins son algunos de los profesionales que decidieron dar el paso. La dificultad reside en el miedo a la falta de patrocinadores o de equipo y el rechazo. Pero pueden más las ganas de ser libres. Además, la existencia de referentes, pone más fácil el camino para que otros se sumen y que la normalidad reine en las canchas.

Iván Rakitic declaraba en 2012 en una entrevista “no quiero a ‘esa gente’ (en alusión a los gays) en el vestuario, […] prefiero no tenerlos en mi vida”, aclarando que respetaba a los homosexuales. Sin entender que el respeto va más allá de las palabras, que si molesta compartir habitación con un gay por el simple hecho de serlo, es homofobia en estado puro.

Por Noemi Portela Prol
Periodista

La ONDA digital Nº 707 (Síganos en Twitter y facebook)

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