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Pensando la familia- ¿cuando no es falso un dios?

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¿Cuál familia, qué sociedad?/1 – Se sigue publicitando una supuesta terapéutica familiar denominada “Constelaciones familiares”. Se trata de los misticismos y negociados “Psi” que el New Age nos acerca, totalmente impunes del daño y el engaño del que hacen objeto a quienes se entregan a sus seductores propuestas.

Cada vez más, debemos preguntarnos qué pasa en una sociedad que es tan fácil presa de fraude y mala praxis. ¿Qué ocurre que el patriarcado, tan dañino a nuestra sociedad, impone una y otra vez guerras, crímenes y falsos dioses (¿cuando no es falso un dios?) en aras del poder, que destruye sin cesar y sin que el mundo le ponga fin?

Nuestro compañero Lic. Fernando Britos V. ha estudiado este fenómeno de las “Constelaciones familiares” y las características de su creador: Bert Hellinger, el ex sacerdote católico, nacido en Baviera en 1925, que se desempeñó como misionero en Sudáfrica y colgó los hábitos para establecerse como psicoterapeuta silvestre en Alemania y Austria (según su autobiografía…también practicó el psicoanálisis).

Doris Hajer

Hellinger sostiene que las familias están formadas por una “energía” inexplicable que conecta a los miembros del grupo y que él dice haber descubierto estudiando a los zulúes. “Su terapia de “constelaciones familiares”, pretende aumentar la salud y la resistencia de los grupos al reinstalar en la red energética a quienes se han excluido de ella… “restauración del orden natural”…Desde un principio Hellinger decretó que este orden y estas “energías”, no pueden ser estudiados científicamente… conocimiento esotérico, precisamente…“marca propia del charlatán”, porque lo oculto se basa en la fe…”

“La concepción de estos “consteladores” es muy informal, aunque cobran como profesionales y de los buenos para atender problemas de familia y de grupos humanos (en empresas y últimamente hay quien los propone para instituciones de enseñanza). También desde el punto de vista de la ética evitan que se les considere profesionales y de este modo eluden responsabilidades respecto a sus pacientes (ejercicio ilegal de una profesión, abuso de la credulidad pública).”

Contra el oscurantismo: feminismo y psicoanálisis – En oposición a la charlatanería “Psi” y en particular al oscurantismo de Hellinger, resulta que el psicoanálisis sólo puede mantener su vigencia si toma la temática de género como fundamental. Hace años el abordaje del tema género despertó en las mujeres fermentales y ricas discusiones, en todas las ciencias humanas, en la búsqueda de su reubicación más allá de su sexo anatómico y en respuesta a aquel destino fatal de la anatomía en Freud, eco del patriarcado. Idas y venidas, de-construcciones de aquél destino, condujeron a la eliminación de ciertos términos, que dejaron de utilizarse más por vergüenza que por convicción, como “envidia del pene”, “mujer fálica”, “castración en la mujer”, etc.

El patriarcalismo había demorado la conexión con historias personales de mujeres, de mitos matrilineales, de historias de abuelas, raras veces escritas o asumidas como historias de la humanidad.

Decirnos feministas en el Uruguay de esos tiempos, era correr el riesgo de permitir que alguien nos colocara en un imaginario equívoco de misoginia femenina de gritonas y machonas odiadoras de hombres. Paradoja fuerte, de mujeres que por no querer ser vistas en rivalidad masculinizante con el hombre, se transvisten metafóricamente o no, pues no pueden desde su escondite analizar su discurso pautado por la sociedad en la que viven.

El temor a la pérdida de los parámetros conocidos hacía a una desesperación, que desde una ingenua colonización retrasó el análisis de la subjetivación de la mujer ante el fracaso de la firmeza de convicción y el necesario combate, pues pensamos que en tanto hubiera Edipo habría psicoanálisis y no tomamos conciencia que esto ideologizaba la posibilidad de avance y comprensión más profunda.

A poco nos encontramos con Adrienne Rich que nos dice nada menos que: “(…) la tesis del movimiento de liberación femenina de fines de los ’60 de que “lo personal es político” (tesis que originó su libro Nacemos de Mujer) está siendo cubierta por un borroneo New Age de lo-personal-por-lo-personal-mismo, como si “lo personal es bueno” se hubiera convertido en el corolario, olvidando la tesis fundante”/2 .

Y continúa: “Existe una peculiar tensión entre un viejo sistema de ideas que ha perdido su energía pero que se apoya en la fuerza acumulada de la costumbre, la tradición, el dinero y las instituciones, y un naciente conjunto de ideas que está lleno de energía pero es todavía un torbellino, descentralizado, anárquico, constantemente bajo ataque, que sin embargo se expresa poderosamente a través de la acción. En nuestro siglo, varias ideas viejas cohabitan el enclave de su status privilegiado: la superioridad de los pueblos europeos y cristianos; el derecho de la fuerza como superior al derecho de relación;… la adscripción de un valor humano intrínseco más alto a los hombres que a las mujeres.”

¿Cómo pensar entonces desde el feminismo la subjetivación en lo más profundo del ser mujer no genérica, no mítica, sino identitaria con la flexibilidad de las diversas identificaciones que hacen a la construcción de una subjetividad no sujetada, ante la siniestra aparición de las “Constelaciones familiares”?

Tenemos ciertas convicciones bien asentadas en lo racional: no somos mujeres porque aceptemos nuestra anatomía como destino, somos mujeres cada una de nosotras en tanto asumimos nuestras historias de mujeres, en tanto estudiemos esas historias ocultas en los anales escritos o no escritos de la humanidad.

No somos meros cuerpos con una heteronormativización en cuanto a nuestra sexualidad con fines de reproducción que toda la ideología patriarcal que la palabrita “femenina” nos adjudica y nos vende. Somos mujeres porque así nos sentimos y porque en el ser mujer está nuestro deseo de humanidad participante y política.

La palabrita “racional” importa porque como bien nos dice Adrienne Rich: “(Había que…) examinar la maternidad (…) en un contexto social, inscripta en una institución política: o sea, en términos feministas”. “(…) ha crecido un vigoroso y amplio movimiento femenino de cuidado de la salud, que ha desafiado a una industria de la medicina en la que las mujeres son mayoría, como clientes y como trabajadoras de la salud, un sistema notable por su arrogancia y a veces brutal indiferencia hacia las mujeres, y también hacia la pobreza y el racismo como factores de enfermedad y mortalidad infantil.

Ahora los “consteladores” proponen una “teoría muy autoritaria y patriarcal (que tiene como) una de las claves la importancia que se le da a la estructura jerárquica en la familia y en los grupos humanos. El padre (o el jefe) es la cabeza indiscutible de la familia y la madre y los hijos deben someterse obedientemente a su voluntad. Entre los hermanos imponen una concepción medioeval de la primogenitura. Lo mismo aplica a la sociedad donde el jefe del Estado está por encima de todo y por sobre este solamente el destino (esto es lo que se llamó en el Tercer Reich el Führerprinzip: principio del Fûhrer)…”/3

En Hellinger: “El patriarcalismo (está) relacionado directamente con su simpatía con el nazismo… desde el principio de autoridad lleva a que, cuando las constelaciones familiares abordan problemas matrimoniales, la esposa sea la responsable por haber desobedecido al marido. Asimismo, el rígido esquema familiar de Hellinger cataloga a los homosexuales como enfermos, marginados de la energía misteriosa, que en algunos casos, pueden ser “curados” en la medida en que se “reintegran”, lo que para los “consteladores” equivale a contraer un matrimonio heterosexual.”

En tanto Rich considera que: “…En particular, el movimiento de salud femenino se ha focalizado sobre la ginecología y obstetricia, los riesgos y la disponibilidad de métodos de control de la natalidad y aborto, la demanda, por parte de las mujeres, de poder de decisión sobre su vida reproductiva. Sus activistas han establecido fuertes conexiones políticas entre el conocimiento de nuestros cuerpos, la capacidad de tomar nuestras propias decisiones en lo sexual y en lo reproductivo, y la toma de poder más general por parte de las mujeres. Si bien este movimiento comenzó con mujeres contando sus historias de partos en estado de inconsciencia, abortos ilegales fallidos, cesáreas innecesarias, esterilizaciones involuntarias, encuentros individuales con médicos arrogantes, éstas nunca fueron meras anécdotas, sino testimonios a través de los cuales la negligencia y el abuso de las mujeres por parte del sistema de salud podían ser sustanciados, creando nuevas instituciones que atendieran a las necesidades de las mujeres.”, en oposición a “Constelaciones” que de todo lo que anda mal en la familia responsabiliza a las mujeres-madres por desorganizar el orden jerárquico patriarcal.

¿Cómo nos subjetivamos las mujeres, madres o no, ante la fuerza del discurso naturalizante, normativo, supuesto humanizador, de la mujer-madre ante todo?

La primera lectura a “Nacemos de Mujer” de Adrienne Rich, nos pone dulce y cruelmente frente a nuestras necesidades y pulsiones más desnudas. En su tono intimista y político a la vez, Rich nos permite sentir, junto a ella, su amor y su rabia hacia sus propios hijos por robarle aquel “Cuarto propio” al que hace tanto nos invitara Virginia Woolf. E insisto que es político, pues en el vale todo actual, se pretende psicologizar de espaldas a lo político.

Adrienne, por su parte, nos da el permiso ideológico-político de decirnos a nosotras mismas que como mujeres podemos querer libertad, de tener nuestro cuarto propio, nuestro cuerpo propio, nuestro amor propio y que si sentimos esto o aquello, no somos “desnaturalizadas” más que desde una lógica que nunca nos fue dada construir para nosotras mismas.

Dice “En 1976, una mujer joven con educación terciaria podía experimentar sexualmente gracias a la píldora, estudiar Derecho, vivir con su novio, y posponer su maternidad (con recurso al aborto legal y seguro en caso de necesidad). Para 1986, casada y trabajando como abogada, podía decidir tener un hijo en un hogar con dos ingresos, … y descubrir que, mientras el primer ímpetu del movimiento de liberación femenina había apoyado sus decisiones en los ’70s, una sociedad cada vez más obsesionada con la vida familiar y las soluciones personales ahora le daba su aprobación por ser madre. Tenía lo mejor de los dos mundos, decía. Era una post-feminista, nacida libre”. “(…) Había más autonomía, más libertad real, en la maternidad a tiempo completo…¿Habían cambiado las cosas lo suficiente para ella? (…)”

Esto era en EE.UU., nosotras, mujeres del cono sur, en los 70 con dictadura e impunidad, ¿no dimos una vuelta atrás por las amenazas de esa ola de conservadurismo tanto político como religioso que nos volvía a encerrar nuevamente en la familia patriarcal, como modelo ideal de construcción de subjetividad y en nuestro caso de seguridad, ante las amenazas de un gobierno dictatorial? ¿Pues cómo analizar de espaldas a lo político? ¿Existe un feminismo de derechas? ¿Existe una liberación femenina fascistoide y reaccionaria?

Énfasis en lo racional – La palabra “racional” fue escrita por nosotros en ese contexto de comprensiones de todo aquello acerca de lo cual el feminismo, los estudios de género en su momento y el feminismo actual desde los estudios crítico-culturales, nos alertó. Pero ¿por qué acentuar que nuestra comprensión es racional? _Porque en general seguimos actuando pautas del paradigma social dominante en relación a todas las condiciones que deben cumplirse para ser y parecer una mujer o un hombre.

Cuando una mujer desea ser mujer en el más amplio sentido de la palabra, es decir, desea por ejemplo un vínculo con un hombre, desea tener un hijo con un hombre o sola u hoy, incluso, en pareja con otra mujer, desea una “vida plena”, etc., etc. la mayoría de nosotras desde la educación que nos crea pautas tanto de conducta, como de apariencia, ideológicas, nos hace las más de las veces entrar en conflicto.

Entonces tratamos de ser atractivas, femeninas, buenas compañeras, buenas madres y nos censuramos hasta inconscientemente lo que vaya en contra de estas pautas: debemos ser flacas, vestir de determinado modo, actuar de una forma que nos identifica como femeninas, reprimir aunque más no sea en parte nuestras reivindicaciones frente al hombre, sobre todo en la etapa de conquista, y ni que hablar reprimir si somos madres nuestros deseos del rato de cuarto propio que todas necesitamos, ni qué hablar de la agresividad hacia nuestros hijos que la ausencia de privacidad nos puede promover. Quién ha visto alguna vez The L World, podrá descubrir que aún las lesbianas (norteamericanas de clase alta) deben cumplir con estas pautas.

Así Adrienne Rich nos hablará de “heterosexualidad obligatoria” como una institución política destinada a disminuir el poder de las mujeres, desde la ideología del sistema de familia patriarcal.

Aquella familia – ¿Qué concebimos como “Familia” en tiempos de revuelta feminista simultánea con “constelaciones familiares”? Hace tiempo en un Ateneo de un sector de la Facultad de Psicología (UdelaR), un Servicio de Extensión a la Comunidad nos enseñaba los resultados de una investigación realizada sobre el ideal de vida, que se aplicó en primer lugar a personas mayores y luego a todas las edades.

El resultado sorprendente era que en todas las edades el ideal de vida que se concebía era la vida en familia, en tanto preguntados por su propia familia los mismos encuestados difícilmente dijeran que sus familias eran nada ni tan siquiera cercano a lo ideal. Es decir el ideal desconoce la experiencia misma.

La familia nuclear es “sagrada”. Y tanto lo es, que en sus versiones más oficialistas se valora más al feto nonato que a la mujer viva.Y nos dice Adrienne Rich: “Si el debate sobre el aborto es un debate sobre el ser persona [personhood], el movimiento de liberación femenina es también un movimiento sobre el ser persona (como cualquier movimiento de liberación). La mujer viva y politizada reclama ser una persona ya sea que esté vinculada a una familia o no, que esté vinculada a un hombre o no, que sea madre o no.

La postura antiabortista busca introducir una única y monolítica cuña en un conjunto de temas tales como las prerrogativas sexuales masculinas, la heterosexualidad prescriptiva, la desventaja económica femenina, el racismo, la prevalencia de la violación y del incesto paterno. Así, la mujer es aislada de su contexto histórico como mujer; su decisión a favor o contra del aborto está desconectada del peculiar status de la mujer en la historia de la humanidad.
El movimiento antiabortista trivializa los impulsos de la mujer hacia su educación, su independencia y su autodeterminación, considerándolos autoindulgencia. Su texto no escrito más profundo no trata sobre el derecho a la vida, sino sobre el derecho a ser sexual, a separar la sexualidad de la procreación (…) ni las mujeres ni los hombres son meramente la ampliación de un negativo de códigos genéticos, de datos biológicos. La experiencia nos forma, la aleatoriedad nos forma, nuestro amoldarnos y rebelarnos, y sobre todo, el orden social que nos rodea.

(…) El libre ejercicio por parte de todas las mujeres de sus opciones sexuales y procreativas catalizará -sigue Adrienne Rich- enormes transformaciones sociales: el derecho a ser persona. Las mujeres han recurrido al aborto como “acto de desesperación” dentro del contexto no de esclavitud, sino de otras presiones: violación, traición sexual, incesto familiar, total falta de apoyo para la madre soltera, pobreza, falla de los intentos anticonceptivos, e ignorancia”./4
La familia aparece entonces como el lugar de construcción de subjetividad princeps. ¿Será por eso que se busca reeditar la familia más rancia del conservadurismo, más que patriarcal, nazi, como lo es el de las Constelaciones Familiares?

Aún pensado desde el psicoanálisis, en tanto método de investigación, la predominancia de la familia monoparental, el aumento en cuanto a denuncias del abuso intrafamiliar, el acoso como modo de interdependencia en la familia y la violencia doméstica in crescendo, nos tiene que hacer tomar conciencia de que la famosa triangulación para la construcción de la subjetivación tanto masculina como femenina, se nos muestra cada vez más como un lugar de riesgo psíquico en lugar de la base de la cultura, ya hablemos de heterosexualidad, de principios morales de convivencia, de superyo o de la complejidad de la construcción de la subjetivación en general.

Pero claro esto es una concepción propiamente psicoanalítica, que contiene una ética de tiempos de derechos humanos y a esto hay que oponerle la “constelación”, el misticismo de un Dios único y patriarcal, de un héroe fascista y dueño del poder, porque cómo sobrevive el hombre básico, a una sociedad de derecho.

Según Rich “El patriarcado es un concepto concreto y útil. Ya sea que se lo considere como un fenómeno capitalista o como parte de la historia precapitalista de muchos pueblos, que también debe ser confrontado en los socialismos existentes, ahora es ampliamente reconocido como el nombre de una jerarquía sexual identificable (…) Como madres, las mujeres hemos sido idealizadas y también explotadas. Afirmar el valor intrínseco humano de la mujer mientras éste continúa siendo negado en forma insidiosa y flagrante no es algo fácil de hacer en términos estables, claros y no sentimentales. El psicoanálisis y la psicología han priorizado las relaciones “primarias” asumidas en la familia nuclear de clase media europea del siglo XIX, de la que surgió el psicoanálisis: padre, madre, hija, hijo.”/5

El psicoanálisis actual, e insisto, actual, lucha incesantemente contra la invasión de las concepciones patriarcales. De lo contrario cómo trabajaríamos con pacientes abusadas, mujeres golpeadas, violencia doméstica, que han pasado a ser -pues el patriarcado se defiende- temas prioritarios de consulta. Y debemos estar atentos y atentas a como se defiende porque de lo contrario podría llegar a ser casi tan iatrogénico como las “constelaciones familiares”. En otras palabras, el psicoanálisis si se respeta a sí mismo, se reformula desde el feminismo o cierra sus ojos a los avances reiterados y combativos del patriarcado a lo Hellinger o Hitler.

La concepción de Hellinger para manejar los casos de incesto y abuso de menores son francamente peligrosas. En efecto, según él: “un padre que ha abusado sexualmente de una hija en su infancia no puede ser responsabilizado porque la verdadera infractora es la madre cuyo rechazo a las solicitaciones sexuales de su esposo ha de ser la causa de que este tome a su hija como reemplazo. La perversa concepción de Hellinger sobre el incesto sostiene que no hay nada malo en el sexo incestuoso porque una niña bien podría interpretar las propuestas sexuales de su padre como una aventura excitante y placentera”.

“De este modo, durante las constelaciones familiares puede producirse una aberrante negación del sufrimiento y el abuso y los problemas incestuosos pueden ser solucionados por medio de un ritual restaurador, concebido por Hellinger, mediante el cual el “constelador” ordena a quien representa a la hija abusada que se arrodille ante quien representa al padre y le diga “Gracias papá, estoy muy agradecida de haber podido hacer esto por ti”. Hellinger cree (y sus discípulos con él) que con esta representación se restaura el balance familiar pero sus críticos advierten que esta “terapia” es brutalmente humillante para la víctima.

“Las constelaciones familiares se ponen, invariablemente, del lado del poder, del orden establecido y en materia criminal, del lado de los abusadores, los violadores de los derechos humanos, los criminales de guerra. Hellinger ha proclamado que quienes cometen crímenes no pueden actuar de otra manera porque están bajo la influencia de una “autoridad superior”. Amparándose en presuntas leyes cósmicas sostiene que esta autoridad superior “usa a los seres humanos” que no pueden escapar a su destino. Hellinger ha estado trabajando en su Alemania natal en una época en que los problemas de la culpa y la responsabilidad por los terribles crímenes del nazismo distan mucho de haber sido saldados. Ese misticismo criminal y transgeneracional de las constelaciones familiares presta un servicio a los nazis irredentos justificándoles y exculpándoles.”

“Hellinger induce a las víctimas a estar agradecidas con sus victimarios, a enterrar cualquier reivindicación o memoria post traumática y sustituirla por algo más que una amnesia culposa: las víctimas deben arrodillarse ante quienes representan en las sesiones a los verdugos y mostrarles su agradecimiento. Hellinger adorador del nazismo – El problema no es que Bert Hellinger, como el Papa Ratzinger su coetáneo, haya sido miembro de las Juventudes Hitlerianas (Ratzinger lo reconoció, Hellinger lo ha ocultado) sino que es un promotor actual y activo reivindicador del nazismo, un adorador de Adolf Hitler.”

Y entonces nos encontramos buscando la frase del psicoanálisis que contrarrestara estas terribles concepciones, que hiciera la diferencia, y recordamos, en medio de la búsqueda, que detestamos las frases célebres, así buscamos una acción que hiciera la diferencia y recordé al Borges del Golem diciendo “…y la inacción dejé que es la cordura”. Más finalmente se me impusieron dos frases que me avergüenzo de citar:

“El primer humano que insultó a su enemigo en lugar de tirarle una piedra fue el fundador de la civilización” tan freudiana como aquella otra: “La voz de la razón es suave, pero no descansa hasta hacerse oír y siempre lo consigue luego de ser rechazada infinidad de veces” y ni que hablar del Brecht que nos dice “y qué si hay guerra y nadie va…”

Pero entonces, por qué sólo recordamos frases de hombres célebres, entonces busqué poetas mujeres y encontré tantas que no podía elegir y solo me quedé con Audre Lorde:

Qué queremos unas de otras
después de haber contado nuestras historias
queremos
ser curadas,
queremos
una musgosa calma
que crezca sobre nuestras cicatrices
queremos
la hermana todo lo pueda que no asuste
que hará que el dolor se vaya
que el pasado no sea así.

Por Doris Hajer
Psicoanalista. Docente Area de Psicoanálisis – Facultad de Psicología. Universidad de la República Oriental del Uruguay.

La ONDA digital Nº 703 (Síganos en Twitter y facebook)

1/Cfr. ¿Cuál familia, qué subjetividad? Feminismo y psicoanálisis. En: Hajer, Doris (2014) “Fuego. Mujeres modelo… para armar”. Psicolibros universitario, Montevideo.
2/Rich, Adrienne – “Nacemos de Mujer” La maternidad como experiencia e institución. Editorial
Cátedra, Colección Feminismos. Madrid, 1996.

3/ Britos V., Fernando (2014) Bocados tóxicos. En: La Onda Digital.

 

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