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En 2017 fueron asesinados 37 periodistas en América Latina

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En el año que acaba de finalizar fueron asesinados 37 periodistas varones y mujeres en América latina, 23 de ellos en México, país donde también ocurrieron 27 desapariciones forzadas de comunicadores durante 2017 y siguen sin aparecer los 43 estudiantes de Ayotzinapa secuestrados por la policía en 2014.

Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras, Perú, República Dominicana y Venezuela fueron los otros países donde se produjeron los crímenes el año pasado, según el registro de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP) de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).

y su principal padrino de hoy, el narcotráfico, sin perjuicio de otros poderosos actores del delito económico en grande, elimina sistémicamente a periodistas críticos, libres de compromisos anti-éticos”, afirmó Ernesto Carmona, escritor y periodista chileno, presidente de la CIAP. Añadió que  “esta ‘limpieza permanente’ se efectúa en total impunidad, en complicidad con sistemas políticos permeados hasta los tuétanos por el envilecimiento generado por la corrupción generalizada”,

Estos asesinatos tienen en común el silencio de los grandes medios de comunicación. En las últimas semanas, en los habituales resúmenes de fin de año de la prensa escrita, o en la televisión, entre los acontecimientos destacados se mencionaron sucesos políticos, vaivenes de la economía, algún hecho policial que impactó, los grandes mojones del futbol o “la boda del año”, pero no figuraron los alarmantes índices de crímenes de periodistas en nuestro subcontinente.

Quizás la muerte a tiros de Javier Valdez, ultimado en el Estado de Sinaloa el 15 de mayo del año pasado, fuera una de los pocos que sacudió entonces a la prensa mundial que, en algunos casos, colocó el reporte entre sus destacados. Valdez se dedicaba a investigar y publicar noticias sobre el crimen organizado en México. Sabía del peligro que corría, pero decía que sus columnas y libros en su “lucha diaria por cubrir el narco”, eran como suministrar “pastillas contra el olvido”. Doce tiros lo tumbaron al mediodía, cuando acababa de enviar su colaboración a La Jornada.

 Los 37 periodistas asesinados en 2017 fueron:
En México: Cecilia Méndez. Juan Jaimes, Ernesto Martínez Moreno, Edgar Daniel Esqueda Castro, Javier Lucero, Juan Carlos Hernández Ríos, Cándido Ríos Vásquez, Luciano Rivera Delgado, Edwin Rivera Paz, Pablo Martín Obregón, Alejandro Zepeda Ortiz, Salvador Adame Pardo, Marcela de Jesús Natalia de la Cruz, Erik Ernesto Bolio López, Jonathan Rodríguez Córdova, Javier Valdez Cárdenas, Filiberto Álvarez Landeros, Juan José Roldán Ávila, Maximino Rodríguez Palacios, Miroslava Breach Veducea, Ricardo Monlui Cabrera, Cecilio Pineda Birto y Carlos Alberto García Martínez.  En Honduras: Carlos Oveniel Lara Domínguez, Osmin Antonio España Chávez, Carlos William Flores, Víctor Fúnez e Igor Abisaí Padilla Chávez. En Colombia: María Efigenia Vásquez Astudillo y Elmer Agudelo Vidales. En El Salvador: Samuel Jonathan Rivas. En Guatemala: Manuel Salvador Trujillo Villagrán y Vilma Gabriela Barrios López. En Perú: Julio César Moisés Mesco y José Feliciano Yactayo Rodríguez. En República Dominicana: Luis Manuel Medina Pérez y Leónidas Antonio Evangelista Martínez. En Venezuela: Arnaldo Enrique Albornoz Bracho.

Poco se ha dicho sobre estos muertos y sobre la preocupante cifra de atentados, y poco se ha comentado del escaso éxito que han tenido las búsquedas de sus autores.

Charlie Hebdo y las calabacitas
 Algunos atentados contra comunicadores sí han causado impacto y horror, en especial los sucedidos en el Primer Mundo, como el del 7 de enero de 2015, cuando dos encapuchados armados ingresaron a la sede de la revista satírica Charlie Hebdo, en París, donde balearon y dieron muerte a 12 personas e hirieron de gravedad a otras cuatro.

Los doce muertos en el ataque mesiánico contra la redacción de Charlie Hebdo -periodistas, caricaturistas, guardias de seguridad- fueron personas valientes, que reivindicaban su oficio, y se llamaron Stéphane Charbonnier (“Charb”), Jean Cabut (“Cabu”), Georges Wolinski, Bernard Verlhac (“Tignous”), Philippe Honoré (“Honoré”), Elsa Cayat, Bernard Maris (“Tío Bernard”), Mustapha Ourrad, Fréderic Boisseau, Michel Renaud, Frank Brinsolaro y Ahmed Merabet.

Es comprensible que el alcance y la crueldad de esta acción, de la mano del fundamentalismo fanatizado, haya conmocionado a la población. Pero apenas cuatro meses antes –entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014-, la policía municipal de Iguala había atacado a estudiantes de la Escuela Normal Rural de la localidad de Ayotzinapa, en el Estado de Guerrero, que viajaban en varios autobuses a un acto en recuerdo de la Matanza de Tlatelolco, ocurrida en 1968. Varios periodistas y otras personas resultaron entonces heridos, se reportaron nueve fallecidos y 43 estudiantes fueron secuestrados y permanecen hasta hoy desaparecidos. Pero este episodio abominable no tuvo resonancia a nivel internacional. Ni siquiera se vieron publicados en la prensa los nombres de los chicos perdidos.

¿Por qué el mundo no se indignó y se rebeló por los 43 de Ayotzinapa de la misma forma en que cuatro meses después lo hizo, y con razón, por los 12 de Charlie Hebdo? ¿Por qué no hubo marchas y lutos y mensajes de condolencias de los gobiernos de Europa y América latina por los muchachitos estudiantes del Estado de Guerrero, que no eran periodistas pero sí jóvenes llenos de vida, proyectos e ideales? ¿Y por qué la Humanidad no está llorando hoy, por ejemplo, por los más de 400 mil muertos civiles que se contabilizan en el conflicto de Siria o por el medio millón de mujeres, hombres y niños abatidos por la metralla o por las bombas caídas desde el cielo de Irak?

Quizás el tratamiento editorial elegido en cada caso por los poderosos medios internacionales de prensa influya en estas emociones, en la memoria o en el olvido, en la rabia, el miedo o el patriotismo, en la solidaridad o el desinterés.

Sin embargo –y a pesar de la prensa corporativa-, poco deberían importar los números, las nacionalidades, el color de la piel, la religión, la ideología, el oficio o los domicilios de tantas víctimas que ya no comerán entre las criaturas de su carne, como dice el poema de César Vallejo. Porque lo que corresponde es que el mundo se indigne cada vez que ocurre una muerte injusta, dónde fuere, y aunque se trate de una sola. Y se debería reclamar por ella y homenajear al muerto, aunque sea estampando su nombre en un papel o grabándolo en el tronco de un árbol.

¿Qué ha ocurrido con los normalistas desaparecidos en Iguala? ¿Las autoridades se preocupan por ellos? El presidente mexicano Enrique Peña Nieto no ha dado una respuesta satisfactoria hasta ahora. Es como si campeara la impunidad.

En lengua náhuatl, Ayotzinapa significa “río de calabacitas” o “río de tortuguitas”. Y hoy los familiares siguen buscando a 43 calabacitas perdidas, preguntándose donde están sus tumbas o adonde volaron sus sueños si es que sus asesinos los convirtieron en cenizas.

Para no olvidarlos
En aquel fatídico año de 2014, también fueron asesinados 66 periodistas en todo el mundo. De ellos sí, se conocen sus nombres. Recordémoslos.

En Afganistán, tres reporteros cayeron abatidos en 2014. Se llamaban Anja Niedringhaus (de The Associated Press), Sardar Ahmad (AFP) y Nils Horner (Sveriges Radio). En Bangladesh mataron a Sadrul Alam Nipul (Dainik Mathabhanga); en Birmania a Aung Kyaw Naing (reportero freelance); en Brasil a Pedro Palma (Panorama Regional) y a Santiago Ilídio Andrade (Bandeirantes); en Colombia a Luis Carlos Cervantes (Radio Morena) y aYonni Steven Caicedo (TV Noticias); en Egipto los asesinos segaron la vida de Mayada Ashraf (Al-Dostour/ Masr Al-Arabiya); en Guinea mataron a Facély Camara (Liberté FM N’Zérékoré); en Honduras a Hernán Cruz Barnica (Opoa, la voz de la Esperanza) y en la India a Tarun Kumar Acharya (Sambad).

En Irak fueron cuatro los muertos y muertas: Raad Mohamed Al-Azaoui (Sama Salah Aldeen TV), Leyla Yıldızhan,conocida como ”Deniz Firat” (del Firat News Agency, de Kurdistán, asesinada por Isis), Khaled Ali Hamada(camarógrafo de Al-Ahad TV) y Firas Mohammed Attiyah (reportero freelance que cubría el conflicto para Fallujah TV).

También cuatro fueron los asesinados en Libia: Motassem Al-Warfali (Radio Libya Al-Watan), Issa Al-Tayeeb (TV Touregh Tomsat), Tawfiq Faraj Ben Saoud (conductor del programa “Ishah bi Jawuha”, de Libyana Hits Radio) yMuftah Bu Zeid (Burniq).

En Palestina murieron por bombas o ametrallados por el ejército israelí de ocupación siete periodistas que intentaban registrar los crímenes que se cometen contra ese sufrido pueblo: Simone Camilli (periodista italiano de Associated Press, asesinado en Gaza por un misil israelí), Hamada Khaled Makat (camarógrafo de Saja News Agency), Mohammed Nour Eddine Al-Dairi (fotógrafo de Palestinian Network), Abdallah Nasr Fahjan (periodista deportivo de Al-Aqsa TV), Rami Riyan (fotógrafo de Palestinian Network), Sameh Al-Aryan (presentador de Al-Aqsa TV) y Khalid Hamad Riya (fotógrafo de la agencia Quantinio).

Pero el mayor número de periodistas asesinados en 2014 tuvo a Siria como escenario. Fueron 15 los reporteros muertos. Sus nombres eran Youssef Mahmoud El-Dous (cronista de Orient TV), Rami Adel Al-Asmi (cronista de Orient TV), Salem Khalil (camarógrafo de Orient TV), Mohamed Al Qassem (Radio Rozana y Al-Jazeera), Steven Sotloff  (freelance de varias publicaciones que incluyen Time, Christian Science Monitor y Foreign Policy and World Affairs), James Foley (periodista freelance estadounidense), Mohamed Ta’ani (corresponsal de SMART), Ahmed Hassan Abdel Latif (camarógrafo egipcio de la agencia china Xinhua), Mohamed Omar Al-Khatib (Moadamiya Media), Moataz Billah Ibrahim (SNN), Hamza Hajj Hassan (periodista libanés de Al-Manar TV), Omar Abdelqader (camarógrafo de TV Channel), Ali Mustafa (periodista freelance canadiense), Mouaz Muhi Eddin Al Khaled y  Mohamed Abdul AlGhani Najjar (SNN).

 En México mataron a Octavio Rojas Hernandez (El Buen Tono), Jorge Torres Palacio (El Dictamen de Guerrero) y Gregorio Jiménez de la Cruz  (Notisur, Liberal del Sur); en Pakistán a Irshad Mastoi (International News NetworkOnline) y Abdul Rasool (al-Sharq); en Paraguay a Pablo Medina (ABC Color) y Fausto Gabriel Alcaraz (radio Amambay) y en Filipinas a Nilo Baculo (DWIM radio), Samuel Oliverio (Isumbong kang Palos ug Tirador) y aRubylita Garcia;

En Bangui, capital de la República Centroafricana, fue asesinada a tiros la periodista radial Elisabeth Blanche Olofio (Radio Be Oko) y en la franja Este de ese mismo país, cerca de la frontera con Sudán, apareció el cadáver deCamille Lepage (fotógrafa freelance francesa). En la República Democrática del Congo fue ametrallado y muerto el periodista Kennedy Germain Mumbere Muliwavyo (Radio Télévision Muungano d’Oïcha).

En Rusia mataron a Timur Kuashev (Dosh); en Somalía a Abdirisak Ali Abdi (periodista freelance) y a Yusuf Keynan (Mustaqbal); en Yemen a Luke Somers (fotógrafo freelance); y en Ucrania fueron seis los muertos: Andrei Stenin (fotógrafo de Rossiya Segodnya), Anatoly Klyan (camarógrafo de Pervy Kanal), Igor Kornelyuk (reportero de VGTRK), Anton Voloshin (VGTRK), Andrea Rocchelli (reportero gráfico italiano de Cesura, muerto por fuego de mortero) y Vyacheslav Veremiy (periodista de Vesti muerto en Kiev).

 

Por William Puente
Periodista

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