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Un “Bicho” político

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Lo conocí en el año 2010, laburando, y así me conoció él a mí también. Ambos, dispuestos a dejar el “cuero” en la gestión. Cada uno lo sabía de sí mismo, pero nos desconocíamos uno al otro. A poco de iniciar el período, la muerte de 12 privados de libertad en una cárcel de Rocha nos desnudaba una realidad que era imperioso cambiar. Ese trágico hecho marcó un rumbo expreso hacia la refundación de un sistema penitenciario signado por décadas de abandono. De allí en más comenzó un intrincado proceso que insumió mucho pienso y una férrea voluntad política para impulsarlo; en paralelo, reformar también a toda la Policía Nacional. Constructor de equipos y líder indiscutido, realizó una perfecta combinación dando participación a la Policía en la necesaria e imprescindible reorganización de sus estructuras. Artífice indiscutido de la Nueva Policía, resistido por muchos, no rehúye ninguna polémica. “Renunciá Bonomi”, ha sido el cliché de una oposición oportunista que aprovecha coyunturas para atacar a uno de los políticos más brillantes de la izquierda uruguaya y al que solo el tiempo le reconocerá una reforma intentada por muchos que fracasaron. Es Eduardo Bonomi, “el Bicho”… un bicho político.

Bohemio por adopción
Se crió en Punta Gorda, cuando los arenales marcaban un sector de la ciudad con ribetes de balneario. Allí fomentó el gusto por la pesca para envidia de viejos pescadores que sucumbían ante la “suerte” de un pibe al que las corvinas elegían sin chistar. La pesca y el fútbol repartían las horas de un adolescente que junto a sus amigos del barrio fueron capaces de limpiar un campito para hacer una cancha de fútbol. Ya entonces mostraba su capacidad de armar y organizar equipos. Eran otros tiempos, pero eran las mismas ansiedades.

Despuntó el vicio del fútbol en El Rayo – un cuadro de chiquilines- pasando luego por Limburgo, donde “el conejo” (apodo que ostentó hasta su caída en prisión), supo desenvolverse por el medio campo como un centro half virtuoso de amplio despliegue físico y buena técnica. Hincha de Nacional -reconocido por toda su familia- su pasaje por las inferiores de Wanderers (donde jugó 4 años) le hicieron adoptar ese cuadro como el de su preferencia al punto de portar el carné de socio que muestra cada vez que se le atribuye otra camiseta. Argumento que -por otra parte- lo deja a salvo de un problema familiar mayor con su compañera manya. Igualmente se reconoce “bolso positivo”.

El fútbol le dio -seguramente- esa impronta de conducción y trabajo en equipo que lo aplicó en la gestión al frente de las carteras que tuvo que dirigir. Al decir de su secretaria de todas las horas -Lidia- “la reunión de gabinete es inamovible”. Es que Bonomi entiende la gestión como un trabajo de equipo y el seguimiento es permanente desde la conducción de grupo en la que se horizontaliza la toma de decisiones involucrando a todos los actores para llegar con eficacia al mejor resultado.

Sólo así se explica la impresionante gestión realizada en el Ministerio de Trabajo donde puso en marcha los Consejos de Salarios en el primer gobierno del Frente Amplio y así lo explica hoy con la refundación operada en la Policía Nacional y el sistema penitenciario uruguayo.

La Nueva Policía
Una institución marcada por el abandono tecnológico y funcional, debió modificar sus estructuras desde la raíz misma para poder cambiar y ponerse a punto para la nueva realidad que vivía el país. Décadas de abandono llevaron a tener una magra remuneración de sus funcionarios quienes dependían de los servicios extraordinarios (Art. 222) para subsistir. La eliminación paulatina de esos servicios compensándolo en el nuevo salario policial devolvió a los servicios ordinarios una fuerza efectiva dispuesta a dar respuesta a la ciudadanía.

La incorporación de tecnologías junto a la renovación periódica de la flota vehicular, hacen parte de esta Nueva Policía que empieza a desplegar su mejor imagen y obtener una mejor respuesta bajando los delitos que más preocupan a la sociedad uruguaya. Las reformas operadas dieron aire para la creación de programas como el PADO, una de las razones que explican la baja de los delitos hoy día. Junto a ello, el impacto de la videovigilancia también marca un diferencial de peso en la gestión de la seguridad de los uruguayos.

Todos esos cambios se hicieron posible bajo el timón de un gestor de riesgos como el Bicho, siempre dispuesto a dar el paso trascendental -sin medir costos políticos- por la sencilla razón de ser necesario hacerlos.

En su discurso por los 188 años de creación de la Policía Nacional dejó en claro esa visión estratégica que ostenta, comulgada con su habitual frontalidad para decir las cosas y realizar ese ejercicio de memoria necesario para enfrentar la realidad que vivimos los uruguayos.

Así expresó que “… Uruguay se reactivó, iniciamos el período de crecimiento de la economía más largo y pujante de la historia, abatimos la pobreza del 39% al 9%, cayó el desempleo del 19% al 7%, aumentó la confianza en las instituciones públicas, lo que redundó en mayor inversión y desarrollo, entre otros indicadores que todos conocemos…”

Sin embargo, esa reactivación no se derramó con la misma velocidad y efecto. Quienes así lo creyeron tenían “… una visión equivocada sobre los factores dinámicos, que en una sociedad del Siglo XXI, explican el delito. El delito tiene vínculos con la pobreza, pero ésta sola no explica la delincuencia. Hay que incluir factores culturales, educativos, sociales”, replicó Bonomi.

Y en otra parte de su discurso hizo referencia a la reforma policial operada. “La Reforma Policial tuvo una dirección y orientación estratégica: tener una mejor policía para garantizar los derechos de los ciudadanos. Y además, habilitar que esas mejoras sean sostenibles en el tiempo. Pero cabe advertir que no se espera que una reforma policial tenga efectos inmediatos, instantáneos y radicales en la baja de la criminalidad. Las reformas implican cambiar una cultura organizacional y apostar a los procesos para tener resultados.”

Una mirada integral
Bajo la atenta mirada del Presidente de la República, Bonomi hizo gala de su apodo sacando a relucir sus dotes de alta política. Su propuesta de una nueva generación de políticas sociales y urbanas mereció el reconocimiento del primer mandatario y muchos de los calificados asistentes que descifraron el mensaje entendiendo la propuesta.

Uruguay derrotó la pobreza extrema llegando a los niveles reseñados, pero aún queda un núcleo duro al que hay que atender y dedicar un shock de ciudadanía a partir de esa batería de medidas. Porque resulta imperioso “interrumpir el proceso por el cual las personas deciden incorporarse a la delincuencia y la transforman en un valor y en un estilo de vida. Y para eso se necesita una nueva generación de políticas urbanas y sociales”, como afirmó Bonomi.

Con ese pragmatismo que lo caracteriza -y lo enfrenta a sus detractores- encuadró perfectamente la problemática actual sin quedarse en el mero diagnóstico. Es que “en 2017 no hay un desempleo cercano al 20% ni más de un millón de pobres, como había antes de 2005. Por lo tanto, los instrumentos de política no pueden ser los de antes, porque los desafíos son otros. La sociedad cambió en gran medida debido a las políticas impulsadas. Pues bien, debemos adaptar los instrumentos a la realidad de hoy. A lo que nos pasa ahora”; clarito ¿no?

“En el Uruguay actual la pobreza, unos trescientos veinticinco mil pobres, tiene una fuerte concentración territorial y generacional. El 55% de los pobres se encuentra en Montevideo y casi el 65% en el área metropolitana. El 90% de la población pobre se compone por niños y los adultos que viven con esos niños, y más de la mitad de los pobres de todo el Uruguay se concentran en 4 municipios de la periferia de Montevideo.”

Bonomi se explica la situación con la existencia de “enclaves claramente localizados en el territorio, donde la exclusión persistente, la trama urbana fracturada y la subcultura criminal, se retroalimentan con infraestructuras urbanas de pésima calidad y viviendas precarias, con altos niveles de hacinamiento y necesidades insatisfechas. La vulnerabilidad social y económica es el común denominador de esas áreas, con servicios públicos que existen, pero que fracasan en su capacidad de integrar e incluir”.

Aquella sociedad de las cercanías del Uruguay del Siglo XX dejó espacio a la sociedad de la fragmentación y la exclusión. A ese núcleo es que Bonomi apunta sin olvidar el trabajo que le merece desde el punto de vista policial, pero con una mirada integral de Estado, para atender un problema de Estado.

Este Bicho político en su máxima expresión propone un shock de ciudad e inclusión, con el abordaje en 20 puntos estratégicos de la ciudad donde debe aterrizar el Estado para intervenir y derramar ciudadanía (como se hizo en el barrio Goes -otrora fundo de Los Tumanes-) hoy zona comercial pujante con una inversión pública como el Mercado Agrícola.

La Plaza Independencia lo tuvo otra vez como protagonista, esta vez con un auditorio calificado en primera fila. El viento amainaba casi al mismo tiempo que terminaba su discurso, y el cono de sombra de los edificios -que cubría toda la explanada y acrecentaba el frío- anunciaban el ocaso de una tarde atípica de un verano aún esquivo.
Al bajar del escenario, el político siguió pensando y proponiendo, haciendo gala de ese apodo que le calza perfectamente… a lo bicho no más.

el hombre escuchaba atentamente,
el perro levantaba sus orejas…

 

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

La ONDA digital Nº 846 (Síganos en Twitter y facebook)

 

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