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Falsos secuestros, ¿Quién/qué hay detrás de esto?

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Últimamente estoy para recordar cuentos o fábulas, hoy voy por la de “Pastorcito mentiroso”. Aquel que anunciaba que llegaba el lobo a comer a sus ovejas y en cuanto llegaba el auxilio de los otros pastores se revolcaba por el campo riéndose por la broma… Hasta que un día vino finalmente el lobo. Llamó y llamó clamando auxilio pero nadie le creyó perdiendo así a toda su majada. Lamentablemente Uruguay está atravesando -por estos días- episodios que se asemejan muchísimo a esa fábula que pareciera desconocida o, por lo menos, olvidada por muchos uruguayos. Aprovechando desgraciadas y trágicas muertes ocurridas en las últimos tiempos que tuvieron como protagonistas a niños/as, se enmascaran para generar una alarma pública que no se corresponde con la verdad de los hechos que argumentan como desencadenante. Algo hay oculto tras esas maniobras. Algo o alguien está detrás de todo esto, descubrirlo a tiempo permitirá que no nos pase lo del pastorcito.

Secuestro imaginario
Una madre denunció rápida y expresamente, cómo había sufrido el arrebato de su menor hija por parte de un individuo que circulaba en un auto rojo. La alarma se disparó rápidamente, ante la sensibilidad latente por los casos de Valentina y Brissa que conmovieron a la sociedad uruguaya. La descripción del hecho, la contundencia del relato llevaron a montar un rápido operativo cerrojo por la zona para dar con el paradero del vehículo y con la descripción de aquella desesperada madre se pudo identificar al vehículo y detener a su conductor… pero la niña no estaba en el coche.

Casi al mismo tiempo, la misma madre difundió una foto de su hija que se viralizó casi que instantáneamente por las redes. Rápidamente también, se montó un corte de calles y una manifestación con quema de cubiertas. Todo muy bien organizado, demasiado bien sincronizado para ser precisos. Semejante capacidad de respuesta de la sociedad civil llama la atención pues si fuéramos así de rápidos para prevenir no pasarían estas cosas o por lo menos se minimizarían muchísimo, seguramente.

A todo esto, no pasó mucho tiempo para que la Policía no solo detuviera al presunto autor del secuestro sino para dar con la niña -sana y salva- en el rincón de juegos de la Policlínica Santa Rita del barrio Marconi, donde la había dejado su propia madre. Allí estaba ella, esperándola, sin saber que por varios minutos fue el centro de búsqueda desesperada por parte de la Policía y de vecinos bien intencionados que se prestaron al auxilio. Un médico resultó clave para desvincular esta historia de cualquier caso de secuestro o situación parecida. La niña nunca salió de la policlínica y la madre cambió luego su relato con lo cual terminó por confirmar la falsedad de los hechos.

¿Fue producto de la sugestión y el miedo generado por las noticias divulgadas de los trágicos hechos vividos? ¿Se debe a un estado de paranoia o sicosis colectiva? ¿Hay alguien detrás de esto que se aprovecha rápidamente de las circunstancias para montar reacciones sociales de la turba, siempre dispuesta a manifestarse de forma irracional e impulsiva? ¿A quién le sirve esta suerte de desestabilización y caos social? A la población bienintencionada seguro que no, porque se desvían recursos necesarios, imprescindibles para atender situaciones falsas donde nada de lo que se denuncia termina siendo cierto.

Si hay alguna organización detrás pronto se sabrá, seguramente. Si en verdad hay alguien detrás, hacen uso y abuso de los hechos para enmascararse generando el caos y la desestabilización en un barrio. Bien pueden tener otras intenciones como la distracción policial para liberar alguna zona, o simplemente generar desgaste en la fuerza y pujar por hacer realidad la fábula del pastorcito mentiroso y que, cuando haya una situación real, se la relativice… no lo sé, pero tengo dudas, muchas dudas.

Viralizando alarmas
Otro caso difundido también genera muchas dudas. Un padre llevaba a su hija de 4 años al colegio y en el camino sufrió un intento de secuestro cuando desconocidos en una camioneta negra (circula por las redes y ha dado motivo a denuncias policiales, la descripción de varios vehículos) intentaron acercarse a su hija que caminaba unos metros delante suyo y al advertirles se dieron a la fuga. Lo extraño fue que la dejó en la escuela y luego de ir a buscarla recién hizo la denuncia no sin antes coordinar en una gomería de la zona la adquisición de varias cubiertas para hacer una quema y corte de calle en Cno. Del Andaluz. Yo me pregunto y les pregunto a ustedes queridos lectores: si ustedes creen que pudieron ser víctimas de un secuestro a su hijo, ¿lo dejan en la escuela y luego hacen la denuncia cuando lo pasan a buscar, varias horas después? No sé, o yo estoy equivocado o algo no anda bien por acá y en materia de prioridades nos enseñaron otra cosa.

En el Liceo 30 (de Rivera y Avda. Batlle y Ordoñez), la dirección convocó a los padres y a la Jefatura de Montevideo a una reunión por un intento de secuestro a una estudiante. Seguramente con la mejor intención pero eligiendo el peor camino, o por lo menos empezando por el final. Lo primero es evaluar con las autoridades de la Educación y con la Policía sobre la veracidad de los hechos y darle una respuesta inmediata al caso, antes que generar un montón de dudas y temores a los casi 120 padres que acudieron prestamente, como no podía ser de otra manera, a la convocatoria.

Lo mismo que ocurrió hace poco tiempo sobre una falsa información de intento de secuestro de un niño de 5 años en un colegio de Punta de Rieles. Un hecho que no había ocurrido pero se difundió como si lo hubiera sido y mereció la rápida respuesta de las autoridades reuniéndose con los padres para desmentir los hechos. También allí se cortaron calles y hubo hechos de violencia asociados.

El estado de alarma pública que se está generando no obedece a los hechos puntuales sino a una falsa sensación que se vincula a casos reales como si estos fueran la regla cuando son -a todas luces- una excepción. Triste y trágica sí, pero excepcional al final de cuentas. Utilizar esos hechos para generar miedo y buscar un efecto político -la renuncia de un Ministro- parece propio de oportunistas de corto vuelo que nada aprendieron. Menos, seguir pidiendo el alejamiento de quien ha refundado un instituto que merecía un cambio y cuyos resultados se empiezan a ver claramente.

La baja de las rapiñas está consolidada y seguirán bajando cuando el efecto de las cámaras que se están instalando empiece a vislumbrarse. Eso lo saben bien los que pujan y reiteran el pedido. El esclarecimiento de hechos muy complejos deja en claro que la impunidad está cercada por la Nueva Policía y eso contradice los intereses de muchos que hacen ruido aprovechando episodios que -sépanlo bien- seguirán ocurriendo, pues el delito es inherente a la condición humana.

Vivimos en una sociedad que se ha tornado más violenta, que resuelve sus conflictos apelando a medios violentos, que la mayoría de las muertes ocurre entre personas que se conocen, que -a pesar de lo que digan los oportunistas de siempre- los ajustes entre delincuentes son ajustes y se dan entre delincuentes, empujando las cifras de homicidios al alza. Que el PADO vino para quedarse y ampliarse, que el despliegue policial es notorio y efectivo, y que por más que lo intenten, las mentiras quedan evidentes tan rápidamente como se viralizan y el efecto posterior hará que les ocurra como aquel pastorcito que mentía tanto que al final nadie le creyó…

el hombre recibió un mensaje,
el perro ladró una advertencia…

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

La ONDA digital Nº 844 (Síganos en Twitter y facebook)

 

 

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