publi texto Analisis Politico
Volver al Inicio de la ONDA digital

Fernando Atria, socialista: Estamos viviendo los estertores de una forma política en Chile

Share Button

Abogado, precandidato a la presidencia por el Partido Socialista, aspiró a una diputación por el distrito más conservador de Santiago, pero no fue electo. Pese a esto, es un referente del socialismo para el Frente Amplio. “Ha intentado recuperar, en condiciones muy difíciles, la dignidad del legado histórico de Allende y del viejo Partido Socialista”, dijo, sobre él, Carlos Ruiz, reconocido ideólogo del Frente Amplaio, en artículo publicado el jueves 30.

Conversamos con Atria en su casa, un par de días antes de las elecciones. En la casa del frente celebran, con himno nacional, la fecha del golpe de 1973, nos cuenta.

Atria habla de un cambio de época en la política chilena, una política “neutralizada”, incapaz de hacer cambios, de responder a las inquietudes de los ciudadanos. “Las demandas surgidas de la sociedad son desoídas por el poder”, asegura. No se trata solo de las las reglas, sino de una cultura política surgida al calor de esas reglas.

Es curioso. En Chile todos hablan de esa “cultura política”. Es la herencia (trágica) del pinochetismo. Pero hay quienes la disfrutan. Para reordenar la política, en opinión de Atria, el país requiere una constituyente. Sin embargo, asegura que no hay como hacerla. Los beneficiados por el sistema no lo permiten.

“Pero el problema constitucional se va a solucionar, por las buenas o por las malas. Esa situación, de una política neutralizada, es inestable, y se va a solucionar, de una manera o de otra”, afirma.

Lo que sigue es una transcripción editada de nuestra conversación, el viernes por la noche.

Ud. ha hablado de un nuevo periodo en la política chilena. ¿Qué significará esto para el período que se inicia en marzo próximo con el cambio de gobierno?

Hay un cambio de época en política chilena desde las manifestaciones de protesta del 2011. Esas manifestaciones, que no fueron solo estudiantiles, produjeron la impugnación del modelo neoliberal. Ocurrió, entre otras cosas, porque había un gobierno de derecha (el de Sebastián Piñera que gobernó de marzo del marzo de 2010 al 2014).

Todavía estamos bajo efecto de estas movilizaciones. Lo que explica también el segundo gobierno de la Bachelet (que comenzó el 2014 y terminará el marzo próximo).  Es indudable que este este es el gobierno más transformador de la historia chilena desde el retorno a la democracia, en 1990. Pero durante este gobierno aprendimos cual es realmente nuestro problema: es una forma política incapaz de producir transformaciones significativas en el país.

Si uno mira los últimos 27 años en Chile, no ha habido prácticamente ninguna modificación significativa. Quizás se pueda citar solo la reforma procesal penal. Esto tiene que ver con una política que está neutralizada, que no puede hacer transformaciones. Lo que tiene dos consecuencias: una es que las demandas surgidas de la sociedad son desoídas por el poder. No importa cuanta gente marche contra las AFPs (los organismos que administran el sistema de pensiones, muy criticados por su forma de funcionamiento). La posibilidad de discutir seriamente su eliminación no existe.

Originalmente, la neutralización estaba en la constitución, por los mecanismos establecidos para ciertas reformas. La ley de educación se dictó el último día de la dictadura de Pinochet y al día siguiente, si se quería cambiarla, había que tener le apoyo de la UDI (el partido más conservador, sin cuyos votos no se podía alcanzar la votación necesaria para los cambios). La Concertación no tuvo mayoría en las cámaras por quince años. No se podía hacer reformas sin apoyo de los partidarios de la dictadura.

Lo que ocurrió desde 1990 es que la neutralización pasó de las reglas constitucionales, que sí existen, a la cultura política que floreció bajo esas reglas. Aun cuando las transformaciones sean constitucionalmente posibles, no se pueden hacer porque las formas institucionales contienen una idea muy particular de lo que es apropiado o no, de lo que es una política seria o no.

Lo que Chile necesita es un psicoanálisis. El problema ya no está solo en las reglas, sino también en la cultura política. Entonces, ¿cómo demonios lo hace uno? ¿Cómo se ve, desde la posición del ciudadano, esa cultura política?  Lo primero que se percibe es que la política es indiferente a la posición de los ciudadanos, lo que la lleva a su deslegitimación..

Hoy día se puede escuchar habitualmente que vamos a hacer las transformaciones mediante grandes acuerdos. Y eso es una contradicción, porque la mantención del statu quo es del interés de alguien y ese alguien no va a estar de acuerdo con hacer esas transformaciones.

La segunda cosa que se ve, desde el punto de vista del ciudadano, es que esa política neutralizada no tiene fuerza para hacerle frente al poder económico. Solo funciona cuando responde al interés de ese poder económico. Cuando hay reformas que interesan al poder económico, vienen rápidamente. Cuando provienen de los ciudadanos, son ignoradas.

Las Instituciones de Salud Previsional (isapres), por ejemplo, llevan diez años siendo condenadas por los cambios que hacen en sus planes de salud. Todos saben que, si se reclama ante los tribunales, estos cambios van a ser declarados inconstitucionales. Pero, a pesar de eso, solo el 10% de los afiliados a las isapres van a la corte cuando se sienten afectados. El otro 90% no va.

Durante diez años el legislador ha observado esto sin hacer nada para corregirlo. Cada vez que el ciudadano se encuentra frente al poder económico, el poder económico abusa de los ciudadanos. ¿Dónde está la política? Está del lado del abusador, contra el ciudadano. Esto hace que la política sea vista cada vez con más desconfianza, con desencanto. Estamos viendo una forma política que se va deslegitimando. Algún día tiene que pasar algo; no mañana, quizás, pero algún día. Eso es lo que estamos viviendo en Chile hoy. La forma política de los últimos 27 años tiene pasada su fecha de vencimiento.

Solo en el primer año de este segundo gobierno de la Bachelet se salió un poco de este esquema, con las reformas educacional, electoral y tributaria. Eso duró una año, hasta que se acabó, y todo volvió a la normalidad.

La solución tiene que estar a la altura del problema y lo único que está a la altura del problema es una asamblea constituyente. Una nueva constitución es urgente para el país. ¿Hay posibilidad de convocar a esa constituyente? ¡No! Pero el problema constitucional se va a solucionar, por las buenas o por las malas. Esa situación, de una política neutralizada, es inestable, y se va a solucionar de una manera o de otra.

¿Qué deja, en su opinión, el gobierno de Michelle Bachelet? ¿Cuál es su balance?

Como dije, es el gobierno más transformador que ha habido en el país desde 1990, cuando se volvió a la democracia. Pero ha tratado de transformar en un contexto en que no se puede transformar. La derecha dice que la reforma tributaria, o la reforma educacional, se aprobaron pasando la aplanadora. ¿Cómo se puede decir eso con un congreso con amplia representación de la oposición? Nosotros pensamos que se podía legislar sin apoyo de la oposición, era lo que parecía decir el gobierno con los cambios que impulsó en su primer año.

Pero después solo escapó de ese esquema la ley del aborto. Inclusive la reforma laboral se sometió a la normalización, una reforma que tenía como objetivo fortalecer a los sindicatos, restablecer el derecho de huelga. Pero una reforma de verdad, que restableciera la negociación por rama de actividad, era imposible.

¿Cómo vería Ud. su papel  en un eventual gobierno de Sebastián Piñera?

Las transformaciones de este gobierno han  cambiado los términos de nuestras discusiones futuras. La ley de inclusión incluida en la reforma educacional prohibió la selección escolar, que los colegios eligieran a sus estudiantes. Estamos hablando de establecimientos financiados por el estado que, sin embargo, podían seleccionar a los estudiantes que aceptaban. La derecha dijo que prohibir esto era un atentado a la libertad y en su programa de gobierno plantearía restablecerla para el 30% de la matrícula. Yo me preguntó como el proyecto de Piñera no contempla restablecerla para el 100%. No lo hacen porque no pueden. Ese es un triunfo cultural. La selección de estudiantes es vista ahora como algo inaceptable. Piñera tiene que darles algo a sus partidarios, pero no puede darles todo.

Por un lado las reformas de Bachelet cambiaron el sentido común y todavía no alcanzamos a ver las dimensiones de esto. Es un avance, pase lo que pase en las elecciones. Pero terminar el gobierno más transformador de los últimos años y entregarlo a un gobierno que va a tratar de deshacer todo es una pésima noticia.

No me atrevo a hacer predicciones, escucho decir que esta es una derecha que ya aprendió y que, si gana con Piñera, no va a haber solo un gobierno de la derecha, sino dos. No se, no me he puesto todavía a pensar en esta hipótesis.

¿Cómo articular la acción política parlamentaria con los movimientos sociales, un reclamo que hacen inclusive miembros de la Nueva Mayoría y que le reclaman como ausente en el gobierno de Michelle Bachelet?

Esa es la pregunta. Probablemente una de las cosas más nefastas del sistema binominal que imperaba en el país fue la idea de que la política era lo que pasa en las instituciones y no en la sociedad.

El problema es que este divorcio no afecta a todos los agentes políticos del mismo modo. A la derecha no le importa que se corten los vínculos de la política con los sindicatos. Cuando eso ocurre quien queda sin poder es la izquierda, que pierde ese apoyo y solo puede acudir a la negociación con la oposición.

Estos vínculos no están rotos por decisiones individuales, están rotos por características de la política binominal. Recuperarlos requiere una nueva constitución. Aunque es cierto que al principio del proceso de transición hubo una intención de desmovilizar la sociedad. Edgardo Benninger, asesor del primer presidente de la transición, Patricio Aylwin, era la cara más visible de esa política.

¿Y con el Frente Amplio, se podrá llegar a acuerdos parlamentarios?

Va a haber que hacer eso. Para quienes estamos en la izquierda, una prioridad es la unidad. Eso implica varias cosas. Supone una izquierda distinta, un Partido Socialista que esté en la izquierda y un Frente Amplio capaz de constituirse como un agente político relevante. Y eso aun está por verse. Pero va a haber una bancada del FA en la asamblea y si yo estuviera ahí buscaría un acuerdo con esa bancada.

Si no hay unidad de la izquierda vamos a tener dos izquierdas, que van a ver la destrucción de la otra como un desafío.

Por Gilberto Lopes
Escritor y politólogo, desde Costa Rica para La ONDA digital
gclopes@racsa.co.cr

La ONDA digital Nº 843 (Síganos en Twitter y facebook)

 

 

 

 

 

Print Friendly, PDF & Email

...





LA ONDA Digital Revista Semanal Gratuita    |    De los editores: Las notas que llevan firma reflejan la opinion de sus autores    |    © Copyright Revista LA ONDA digital