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Mirando con el ojo malo

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Los delitos están bajando en el Uruguay, y eso ya no se puede discutir ante la incontrastable prueba de los datos objetivos y los resultados del nuevo modelo de policiamiento uruguayo junto con otras transformaciones (PADO, nuevas tecnologías, mejor equipamiento, mayor capacitación y profesionalización de los efectivos). Sin embargo, la mediatización de algunos casos (que seguirán ocurriendo, irremediablemente), pretende instalar un relato que no se corresponde con las estadísticas. Antes no se hablaba de la “no-denuncia”, se aceptaba la realidad sin cuestionamientos. Una realidad que tampoco se leía en los medios de prensa con la espectacularidad que hoy se le asigna a veces, registrándola con pequeños espacios en sus páginas interiores, casi siempre.

Eran tiempos en que los datos se aceptaban sin reparos; en realidad, eran tiempos en que no se llevaba registro de delitos, una práctica impuesta por los gobiernos del FA que empezaron a medir la realidad para conocerla y poder cambiarla. En ese contexto, se conocieron datos de procesados por delitos y penados por faltas, que marcan una baja respecto al año 2016 y, lejos de atribuir coherencia con los datos oficiales de la baja del delito, ese resultado se lo atribuye a la menor eficacia policial. Lo dicho,están mirando con el ojo malo…

Consistencia registral
Es imposible pedirle a esta oposición que reconozca la gestión de Bonomi, el Ministro más interpelado de los gobiernos del FA y el más longevo al frente del Ministerio del Interior. Su extensa trayectoria como Secretario de Estado -a la que suma su gestión al frente de la cartera de Trabajo y Seguridad Social- es un diferencial invaluable por lo que significaron ambas administraciones.

Nadie puede negar que su gestión al frente del Ministerio de Trabajo fue un inmenso desafío que culminó con total éxito al cierre de aquel primer período donde se reinstalaron los Consejos de Salarios (hoy absolutamente institucionalizados y consolidados), siendo uno de los motores de la economía nacional que permitió sortear las crisis que vaticinaron -fracasando con total éxito- los agoreros de entonces. Esos mismos que no se resignan e insisten en criticar a este político que hace de la gestión un culto y del trabajo en equipo, una religión.

Con casi 8 años al frente del Ministerio del Interior, Bonomi sorteó exitoso una campaña electoral en la que fue el gran interpelado. Sentado en el banquillo de los acusados, las pasadas elecciones le dieron un respaldo electoral sin precedentes (el hoy Presidente Vázquez lo ratificó en el cargo en plena campaña electoral y su sector -la lista 609- fue el más votado entonces).

Hoy los datos objetivos de los delitos que más preocupan a los uruguayos muestran una sostenida baja (las rapiñas un 12,2% y los homicidios un 11,3%, respecto al año base 2015). Una tendencia que se atribuye a los efectos de una profunda transformación de la Policía Nacional que redunda en la mejora de su eficacia. Los resultados son elocuentes, la ciudadanía no los percibe aún en su real dimensión pero reconoce el mayor despliegue policial. Nadie discute las bondades del PADO y menos sus resultados, al punto que hoy todos quieren que el programa de alta dedicación operativa se instale en su barrio.

El ojo enfermo
Ahora bien, con ese panorama y con los datos que registra el Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad, (el mismo cuyos informes al alza eran prueba suficiente para la oposición a Bonomi), hoy empieza a procesar y a difundir el resultado de esas transformaciones impulsadas, pero… el ojo enfermo opositor no lo ve.

En efecto, la baja en el número de los procesamientos recientemente divulgada por el Ministerio del Interior, se corresponde perfectamente con esa merma de los delitos operada. Lejos de significar una menor eficacia policial -como analiza hemipléjicamente el diario El País- es un resultado consistente con la baja en el accionar delictivo que viene produciendo un programa como el PADO, al que se sumará la ampliación de la red de video cámaras con sus efectos comprobadamente positivos en el combate al delito.

Bien cabe la posibilidad de acompasar la baja de los delitos con la merma en los procesamientos, sin embargo se opta por el camino fácil de atribuir una menor eficacia policial cuando lo que podría estar ocurriendo es que la Policía tiene menos trabajo porque hay menos delitos. Por lo menos instalemos la duda si no se quiere reconocer la baja como efecto de la disuasión, prevención o simplemente porque la Policía encerró a los autores y estos purgan pena en la prisión.

Si todas las interpretaciones sobre la seguridad las van a hacer a través de lo que se publica o difunde por los medios de prensa, no solo se correrán serios riesgos de interpretación sino que se incurrirá en errores absolutamente comprobados al punto que ya nadie habla de cierto observatorio que “fundaba” sus resultados en lo que recogía la prensa. Un método absolutamente reñido con cualquier metodología científica que se haya comprobado o exista.

Si a ese método interpretativo se le adiciona miedo, el resultado termina siendo aún peor pues empieza a darse una situación que lejos de aportar seguridad genera alarma y desconfianza entre los ciudadanos.

Eso parece ser lo que estaría ocurriendo con la ola de rumores y mensajes falsos viralizados en las redes sociales, donde se habla de intentos de secuestro a niños, que nunca ocurrieron y, menos, se denunciaron.

Todo parece servir a la hora de tratar de contrarrestar una eficacia policial que -además- suma otro logro incontrastable como el aumento de la confianza de la ciudadanía (que supera el 62%), y que también contradice esa visión negativa del trabajo policial.

Más allá de simpatías, hoy no se puede negar la gestión de Bonomi y la profunda transformación operada en la Policía Nacional. Una transformación que obedece al liderazgo ejercido por quien honró TODOS los compromisos asumidos en los acuerdos multipartidarios (y fue más allá de los mismos), para generar estos resultados que hoy se conocen.

Resultados que son reales y comprobables, pero que no se reconocen por algunos que siguen mirando con el ojo malo…

el hombre contaba datos,
el perro cerraba un ojo…

 

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

La ONDA digital Nº 836 (Síganos en Twitter y facebook)

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