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La rendición de cuentas y los poderes

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En estos días donde los medios de comunicación, interesados en los conflictos internos del Frente Amplio, se dedican a masacrar a Sendic y a mostrar las diferencias sobre Venezuela, se aprobó en la Cámara de  Diputados la rendición de cuentas. Lamentablemente el sábado en la reunión del Mercosur, Uruguay no mantuvo su digna posición de la reunión de Mendoza, de no aislar a Venezuela y acompañó las posiciones agresivas de los gobiernos de derecha de Argentina, Brasil y Paraguay. Es difícil defender al gobierno de Venezuela, pero las noticias internacionales se concentran sobre el gobierno de Venezuela y  no se habla de cómo se  violan los derechos humanos en México,  Guatemala, Honduras,  ni en Colombia.

La aprobación de la rendición de cuentas es un importante éxito político para el Frente Amplio. Había perdido el voto 50 en diputados y precisaba negociar con la oposición. Vivimos un momento político de diálogos difíciles con los partidos de la oposición, que están muy agresivos, que le desagradan  todas las propuestas del FA, que no tienen programas alternativos. Era la primera vez, en 12 años de gobierno, que el FA se ve necesitado de negociar y acordar con diputados de la oposición. Los logros son importantes. Unidad  Popular aceptó votar los impuestos a los juegos de azar y la tasa consular y solicitó un refuerzo para el Hospital de Clínicas, financiado con una rebaja a los   subsidios a la cerveza. El diputado Amado del partido Colorado acompañó la  votación general y el artículo 15 que permite ampliar plazos para el pago de sentencias judiciales, sobre todo internacionales. Resalto la muy buena actuación del FA

La rendición de cuentas es parte de la política fiscal, que es la única política macroeconómica que pasa por el parlamento. La  política  monetaria, crediticia y cambiaria, la de tarifas  de los servicios públicos, la salarial son de decisión exclusiva del Ejecutivo. La distancia de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo es enorme. En esta rendición de cuentas el Ejecutivo privilegió el objetivo prioritario de atender la rebaja del déficit  fiscal. Pero la política fiscal puede también atender el crecimiento, el empleo y la distribución del ingreso que no aparecen en el debate.

El Ministerio de Economía hizo una presentación global en la fuerza política y a los diputados frentistas sin el articulado. Pero luego no se debate más y el Ejecutivo envía al parlamento el proyecto de ley, inclusive con una semana de anticipación a los  plazos previstos en la Constitución. Una vez enviado el proyecto de ley los legisladores no pueden aumentar el gasto ni tampoco  la creación  y modificación impositiva que requiere iniciativa del Ejecutivo. Los parlamentarios no conocieron con anterioridad el articulado y no pudieron discutir con el tiempo suficiente los objetivos centrales de la rendición.

El descenso del déficit fiscal es el objetivo básico, pese a que la deuda es a plazos largos y hay financiamiento contingente por cualquier coyuntura desfavorable. La propuesta no tiene las características de un ajuste clásico como exigen el FMI  y las calificadoras de riesgo. Estos ajustes se basan en un fuerte descenso del gasto público, con elevados aumentos impositivos al consumo y descensos salariales y de jubilaciones. El caso más notorio de un ajuste de esta naturaleza, lo constituye Grecia que ha afectado profundamente su economía, su sociedad y su vida política.

Esta rendición  de cuentas no baja el gasto público sino  que aumenta impuestos, que probablemente se incrementen en mayores valores  a los esperados. Ello es debido a que se proyecta un crecimiento del PBI de 2%, siendo previsible un aumento mayor después de la muy buena actuación del primer trimestre de 2017. Aún en el Senado se puede agregar una clausula que permita un aumento del gasto, en por ejemplo educación, en caso de que el crecimiento del PBI sea superior.

Pero con la elaboración del presupuesto y de la rendición de cuentas se debiera analizar las posibilidades de influencia de la política fiscal sobre el crecimiento, el empleo y la distribución del ingreso. Interesa señalar que el déficit fiscal no influye sobre la inflación.  Por ejemplo, en estos meses la inflación baja por el atraso cambiario, mientras se mantiene el déficit  fiscal. La política fiscal influye sobre el crecimiento sobre la base de un aumento de la demanda interna y estímulos impositivos a la inversión.

La demanda interna se incrementa por la vía de la inversión pública, del gasto corriente  y aumentos salariales. Los estímulos a la inversión pueden tener varios mecanismos. Aquí se plantean exoneraciones tributarias y subsidios. Estas medidas pueden ser perfectamente compatibles con la baja del déficit fiscal. Estos mecanismos de aumento de la demanda interna afectan positivamente las posibilidades de nuevos empleos. La política fiscal y la redistribución del ingreso pasan por los aumentos salariales públicos, por la creación de empleos derivados de la propia demanda interna,  por el gasto público social y reformas tributarias.

El gasto público social ha pasado del 19% del PBI al 24% en los gobiernos frentistas. En materia tributaria se pueden lograr avances en la distribución del ingreso, con impuestos a los que más ganan, como cobrarles a las rentas del capital, y a los que más tienen, con aumentos de impuestos al patrimonio y a las herencias. El año pasado se formaron comisiones internas de legisladores frentistas e integrantes del Ejecutivo para analizar algunos de estos impuestos e inclusive exoneraciones, pero ni ahora ni antes se lograron modificaciones. La fuerza política no tiene dirección ni tiene poder. Los legisladores nunca participan ni en el articulado ni en los objetivos centrales de la política fiscal.

El predominio  del Ejecutivo es absoluto. Dentro del Ejecutivo predomina nítidamente  el Ministerio de Economía y Finanzas. Pero también es lógico expresar que ese gran poder se lo otorga el Presidente de la República.

Las relaciones de poder son relevantes y determinantes para la conducción del Estado. Pero también en las relaciones del  Ejecutivo y el  Legislativo y dentro del FA, entre la fuerza política, los legisladores  y la fuerza de sus distintos sectores, las bases  y los representantes del  Ejecutivo. El predominio del Ejecutivo es abrumador. No hay ninguna orientación ni  control de la fuerza política. Lo vemos nítidamente en la rendición de cuentas, pero también en la decisión del Ejecutivo de suspender, por la vía de la carta democrática, a Venezuela. Necesitamos más equilibrio de poderes.

Por Alberto Couriel
Economista y ex senador

La ONDA digital Nº 782 (Síganos en Twitter y facebook)

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