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¿En qué cuadro juegan los “oligarcas”?

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Por ejemplo, Rusia logró marcar agenda en Ucrania con el fútbol, incidiendo así fuertemente en un ámbito clave del actual momento de la política internacional.

Desde 1981 no había vuelto a filmarse una película sobre los mártires del Dinamo de Kiev. Entre 1943 y 1981 se filmó una decena de películas sobre el tema, pero la película rusa Match, de 2012, narra el mítico “partido de la muerte” (9 de agosto de 1942, victoria soviética sobre el ocupante alemán, 5 a 3), con los datos aceptados por todos, de que hubo una serie de partidos de fútbol entre alemanes y soviéticos en la Ucrania ocupada por los nazis y los ganaron todos los soviéticos, hasta que el ocupante prohibió los paridos y al mes los jugadores del Dínamo de Kiev que integraban el equipo soviético fueron detenidos, uno murió en tortura en ese momento y otros cuatro fueron fusilados seis meses después. pero en esta ocasión la historia generó polémica en Ucrania, porque muchos de los personajes de la película que hablan en ucraniano son presentados como colaboracionistas. La reacción en Ucrania fue interesante.  Algunos, alineados en el partido nazi de Stephan Bandera, negaron que los fusilados del Dínamo lo hayan sido por no dejarse ganar los partidos de fútbol, sino por robar carne en el campo de concentración donde habían sido confinados en las afueras de Kiev. Otros procuraron desmarcarse de la etiqueta de colaboracionismo.

La película tiene como primera destinataria la unidad en Rusia sobre la “gran guerra patria” que el 5 de mayo cumplió 72 años de ganada en Berlín (aunque a mi entender la victoria en esa guerra llegó recién cuando la URSS obtuvo la bomba atómica, porque Estados Unidos la probó en Nagasaki e Hiroshima pensando en Rusia, no en Japón, que ya estaba vencido)  pero la división de opiniones en Ucrania opera en el momento en que los ruidos de guerra se alejan del Dombas, al haber estado Ucrania entre los temas que no se tocaron o no se filtraron en la reciente cumbre Trump-Putin.

La división aplica también a los llamados “oligarcas” ucranianos.  Desde El País de Madrid o de acá, hasta el New York Times y CNN, los “noticieros” diarios de “Occidente” (otro término que ha vuelto), reproducen a las “agencias internacionales de noticias” usando, como nunca antes, la palabra “oligarcas”.

En ellos es una palabra completamente nueva, que se refiere exclusivamente a altos burgueses ucranianos, rusos, chinos y vietnamitas insumisos a los dictados del Pentágono. En 2014 llamó la atención que la única (entre tantas con que amenazaron) “sanción” que efectivamente aplicaron EEUU y la UE contra Rusia, fue la congelación de activos a particulares ucranianos y rusos (estos hoy famosos “oligarcas”).  Tampoco el tema de las sanciones estuvo en la cumbre de esta semana, que tanto Trump como Putin calificaron de “ganar-ganar”, pero los medios norteamericanos hegemónicos tildaron de victoria rusa.

Hace muy poco tiempo, menos de un siglo, entre 1926 y 1940, triunfaban en la URSS los planes quinquenales de Stalin, desde el primero, denominado por Bujarin “plan quinquenal anticampesino”, derrotando a Lenin y a su Nueva Política Económica (NEP, que proponía crear una burguesía comerciante rusa activa, ya que la apenas larval y parásita que habían tenido se les había fugado).

Desde el propio general Georgi Shukov (que entró a Berlín al frente del Ejército Rojo forzando la rendición de la Alemania nazi) hasta Fidel Castro, todos los grandes analistas militares coinciden en que sin los horrores del stalinismo, el pueblo ruso, con el impulso de la revolución de Octubre, no hubiese tenido que sacarificarse tanto (veintiséis millones de vidas) para salvar del nazismo a la humanidad. En esos tiempos había pocos multimillonarios rojos. Algunos en el servicio secreto (el quinteto de Candbride, por ejemplo), otros artistas muy exitosos (como Pablo Picasso y Pablo Neruda) o ambas cosas: verbigracia Charles Chaplin, a cuya vida privada, en ciertos aspectos únicamente pudo asomarse el tribunal macartista que lo expulsó de Estados Unidos por “actividades prosoviéticas”.

Chaplin levantó una lujosísima mansión en los Alpes suizos y hasta allí lo siguió un periodista para preguntarle cómo, si era comunista, podía tener semejante mansión. “Soy antifascista pero no franciscano”, contestó.

Todos los rusos que trabajaron con Lenin en la dirección de la NEP (1923-1927), murieron asesinados antes de 1941. También el italiano Antonio Gramsci, Presidente de la Internacional Comunista, uno de los principales dirigentes de la NEP en el Moscú de 1926, quien teorizó con Lenin sobre hegemonía y dirección en bloques de poder muy amplios. Murió en 1937, en las cárceles mussolinianas. El único que quedó vivo en la década del 40 fue un chino.

Se llamaba Deng Xiaoping. Salió de Moscú en 1927, habiendo colaborado muy estrechamente con la NEP leninista. Deng sobrevivió incluso a “la revolución cultural” de la cuarta mujer de Mao y en 1978, cuando de todos sus compañeros de aquel Moscú ya hacia treinta y siete años que habían asesinado al último, Deng implantó la NEP en Beijing.

“Aunque generemos un millón de multimillonarios los vamos a dirigir nosotros. No debemos temer a las reformas”, le reiteró a Mao Zedong -lo que siempre le había sugerido-, cuando éste lo hizo volver a la capital y lo propuso como su sucesor al frente del Partido Comunista Chino (Deng había sido “el tercer héroe”, después de Mao y de Zhou Enlai, desde La Gran Marcha, en la victoria de la revolución en 1949. Zhou murió en 1976).

En Vietnam la revolución ya nació “reformada”, con la más amplia base, desde la táctica de Ho Chiming: “aislar al enemigo principal y derrotarlo paso a paso”.

Ahora el movimiento comunista tiene más de un millón de multimillonarios y al menos un millón son asiáticos, algunos bastante extravagantes. Tanto en Rusia como en Ucrania las reformas y la independencia, respectivamente, se dieron por vía electoral, con sistemas políticos peculiares, como todos lo son., pero en todo caso con abstenciones bastante menores a  las de las elecciones en Francia (Macron ganó con el 16& de los votos real, ante más de un 60% de abstención). El de Rusia hoy tiene dos partidos que se reparten la gran mayoría de los votos (el oficialista Rusia Unida, el mayor y el opositor Partido Comunista –acusado por la ex KGB de estar financiado por EEUU como predijeron los surrealistas-). En Ucrania un espectro moderado (Víktor Yanukovich por un lado, Yulia Timoshenko por otro) ganó con claridad las últimas elecciones antes del Maidán (a pesar que las ceeneenísticas manifestaciones de la llamada por las agencias “revolución naranja” hacían parecer sin chance a Yanukovich, quien se impuso a Timoshenko en ese espectro), un Partido Comunista con dos millones quinientos mil votos (con fuerza en el Dombas) y el neonazi Svoboda (que controla el gobierno actual tras el “golpe blando” de las agencias) con un millón quinientos mil. Luego de la secesión de Crimea, que se integró a Rusia, del Dombas que eligió sus propias autoridades, ganó en Kiev, Petró Poroshenko, candidato de Clinton.

De todos modos, las mayores consecuencias de la autodeterminación de Crimea, votada por más del noventa por ciento, con más del ochenta por ciento de concurrencia a las urnas, y concretada su decisión sin disparar un solo tiro, no fueron las anecdóticas sanciones “occidentales” a altos burgueses que tienen sus contradicciones con Wall Street, ni la separación del Dombas, sino el mayor acercamiento ruso a Irán, sumado al mejor momento de las relaciones sino-rusas de toda la historia.

Últimamente he releído a Cademartori y a Deng Xiaoping. Es asombrosa la cantidad de sobreentendidos marxistas con que se dirigen a un público masivo. Por ejemplo, cuando dice Deng, sin ninguna explicación, “tenemos burgueses pero no burguesía”. Es verdad que la burguesía transnacional con asiento en China está organizada mundialmente, a pesar y al pasar por los Estados nacionales, pero las transnacionales en China tienen la segunda mayor deuda del mundo con Walll Street, después de la del Estado Federal de los Estados Unidos. Esa es una contradicción en la que operó China -cuyo Estado prácticamente no debe nada- desde Davos, disputando ya incluso las finanzas al imperialismo. Es posible que los “oligargas” de El País de Madrid y del New York Times, el 9 de agosto de 1942, jueguen en el equipo basado en el Dínamo de Kiev, aquel club de la Sociedad Dínamo fundada por el Ejército Rojo y la Cheka, o al menos hinchen por él aquella tarde del 5 a 3, con goles de Ivan Kuzmenko, Makar Goncharenco y Alexei Kilmenko en el primer tiempo y Mihael Keel y otra vez Kuzmenko en el segundo.

 

 

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo

La ONDA digital Nº 824 (Síganos en Twitter y facebook)

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