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Policía de exportación

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La Nueva Policía no fue un mero eslogan publicitario sino una nueva y genuina identidad para una institución que se refundara a sí misma. Una refundación que tuvo un necesario impulso político y la impronta de un líder de la misma fuerza: Julio Guarteche. Sin el impulso inicial del Gobierno (mandatando a un Ministro y equipo a llevar adelante los cambios), esa chispa primigenia no hubiera existido; pero, sin la apropiación de quienes debían impulsar la reforma desde la fuerza misma que debía reformarse, tampoco hubiera sido posible cualquier cambio. Aquella visión del “primer policía” como bautizara Bonomi al extinto Director de la Policía Nacional, resultó un ingrediente de calidad insustituible para hacer de la Policía uruguaya un producto de exportación que es tomado como ejemplo por la región y el mundo.

Uruguay tuvo en el Plan Ceibal la primera de sus políticas públicas de impacto mundial con el advenimiento del Frente Amplio al poder, luego lo sería la regulación del cannabis y la proyección mundial del “Presidente más pobre del mundo”, para seguir siendo ejemplo milagroso más allá de la comarca. A esos gigantescos pasos le siguen otros ejemplos que van desde el deporte a las ciencias, señalando al Uruguay como portador de genes prodigiosos que le hacen único en el mundo. La Policía Nacional uruguaya acompaña ese cambio del ADN -que muchos niegan pero que se está gestando a un ritmo que no tiene pausa- con una reforma que no solo empieza a dar sus frutos en lo local sino que es tomada como modelo por la región y el mundo que mira con admiración a este rincón del sur.

El PADO, un cambio de paradigma policial
La Policía Federal argentina anunció cinco puntos en los que se basará su Nueva Policía Federal. Cambios que apuntan a un nuevo despliegue territorial con fuerte presencia operativa en todo el país, según lo consigna el portal Infobae, en nota del pasado 18 de abril (ver nota)

Uno de los puntos fuertes de estos cambios que anunció incluyen al PADO (Programa de Alta Dedicación Operativa), el símil uruguayo del que tomaron buen recaudo para concluir en la necesidad de su aplicación allende el Plata. Es que el éxito comprobado y consolidado del modelo oriental ha tenido repercusiones más allá de fronteras a pesar de la incredulidad opositora uruguaya que -cada vez con menos fuerza- intenta opacar cuando se anuncian los datos de delitos.

¿Cómo es posible que se entienda desde afuera una política de seguridad exitosa – auditada por organismos internacionales – y no se le reconozca in situ? Sea cual sea la razón electoralista que impulsa tanta ceguera, lo cierto es que a Uruguay lo contemplan con sana envidia desde otros lares, tanto como para copiar (y aplicar) sus exitosas políticas públicas sin remordimientos ni prejuicios. Un país que se posiciona como virtuoso laboratorio de políticas públicas que exporta generosamente a quienes quieran imitarlo.

Así ocurrió con el Plan Ceibal, que fuera resistido al inicio y hoy es reconocido por todos sin discusión pues marca un camino inexorable hacia la equidad y el desarrollo. Un plan de generación de ciudadanos informatizados, preparados para el nuevo siglo donde la evolución tecnológica marca las pautas necesarias de la formación educativa del ciudadano moderno. Nuestros hijos son hoy parte de esa revolución y los resultados empiezan a estar a la vista sin que nada pueda evitarlo, como el caso de los estudiantes de Tala galardonados internacionalmente, por citar un ejemplo. Son la generación ceibal, el nuevo uruguayo.

Lo mismo puede decirse de otra politica pública como la regulación del cannabis, que fuera resistida pero que empieza a sumar más aliados en la región y el mundo como un instrumento válido para combatir al narcotráfico. Mucho se habló de su impacto en nuestra juventud aún antes de empezar a comercializarse en las farmacias, sin embargo -ya iniciado el registro que marca la ley- las repercusiones favorables llegan a ser relevantes y se manejan datos sobre los montos que tal regulación empieza a disputarle al narcomenudeo. Principio quieren las cosas -y las políticas públicas- y este parece ser un principio auspicioso. Que haya un control y regulación, que quien decida consumir no deba acudir a una boca de drogas y sepa lo que está consumiendo, son pilares de un proceso que también es elogiado y empieza a ser imitado en el mundo.

La Nueva Policía
Y la gestión Bonomi, la más resistida que recordará la historia política uruguaya seguramente, empieza a mostrar señales de éxito que trascienden fronteras. A pesar de los que aún piden su remoción, los datos siguen siendo alentadores y la consolidación de la baja de las rapiñas confirman el acierto de Mujica en su designación y de Vázquez en su permanencia.

Por si no alcanzare, el mundo y la región empiezan a tomar nota, aplicando las políticas en materia de seguridad que lleva adelante la Policía uruguaya. Aquella campaña inicial de un cambio de imagen, soportada y dirigida por la figura inmensurable de Julio Guarteche, mereció la pena. Aquel espejo inmaculado del Policía incorruptible, líder de equipos que hicieron los más grandes operativos policiales de la historia policial uruguaya, se refleja en sus sucesores. Líderes natos que mantienen intacta la impronta que supo darles y siguen la huella marcada por su paso al frente del instituto policial.

La reforma de la Jefatura de Policía de Montevideo -hoy replicada a nivel nacional en todas las Jefaturas-, las nuevas comunicaciones, la video vigilancia, la profesionalización de la Policía, la dignificación de la retribución de sus efectivos, modernización vehicular, nuevo armamento y vestimenta, son algunos de los cambios que hacen de esta Nueva Policía un ejemplo a seguir.

Sin esos cambios operados durante la primera administración de Bonomi, nada de lo que hoy estamos recogiendo podría ser realidad. Se necesitaron 5 años para imponer profundos cambios, imprescindibles para aplicar los nuevos modelos de patrullaje o la alta movilidad que merece la respuesta policial; o la celeridad en la respuesta, o la descentralización territorial; la geo referenciación de los efectivos para una mejor y más rápida respuesta; el combate a la corrupción (eliminación del CAYMA, los vales de nafta, el 222), apenas algunos de los insumos que hicieron posible estos resultados.

Estamos a escasas semanas de iniciarse un proceso de instalación de más de 3.200 cámaras de video vigilancia en la zona metropolitana (Montevideo, Canelones y Ciudad del Plata), elementos que, de repetir una parte siquiera del impacto obtenido en Ciudad Vieja, seguirá incrementando la baja de las rapiñas y la promesa presidencial dejará de ser promesa para ser realidad y compromiso cumplido.

La Policía uruguaya es de exportación, así lo consignan estudios y recogen medios internacionales, a pesar de la ceguera que todavía persiste en quienes no ven más allá de las urnas…

el hombre leía portales extranjeros,
el perro ladraba en argentino..

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

La ONDA digital Nº 816(Síganos en Twitter y facebook)

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