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Cine: “El otro hermano”; radical descenso al infierno

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La desembozada corrupción, el delito, la violencia extrema y el autoritarismo impregnado de inmoral impunidad, son los cuatro ejes temáticos de “El otro hermano”, el removedor e intrigante drama del director y guionista uruguayo Israel Adrián Caetano, quien hace años que está radicado en Argentina.

Caetano, que es autor de recordados títulos como “Pizza, birra, faso” (1997), “Bolivia” (2001), “Un oso rojo” (2002), “Crónica de una fuga” (2006), “Francia” (2010) y “Mala” (2013), corrobora su predilección por el género policial duro, sin concesiones y con trasfondo testimonial, con abundante suspenso, violencia y acción.

Como en películas precedentes, esta historia está signada por la fatalidad y las miserias humanas y sus protagonistas son seres terriblemente atormentados que destilan frustración.

No en vano el relato está ambientado en Lapachito, un pequeño pueblo del Chaco que, en buena medida, reproduce la escenografía ambiental típica de un western.

Allí llega Cetarti, encarnado por el también actor y director uruguayo Daniel Hendler, quien acude a este desolado paraje a reconocer los cuerpos de su madre y de un hermano, quienes fueron asesinados. Tras consumar la masacre, el matador, que se apellidaba Molina y era un militar retirado, se quitó la vida.

La historia impacta desde el comienzo, cuando el enigmático personaje –que es desempleado- debe cumplir con la dolorosa obligación de identificar los cadáveres, que han sido cremados.

Ese primer contacto con la realidad en toda su dimensión y más explícita crudeza, le provoca naturalmente una aguda conmoción física y emocional.

Este inicial golpe de efecto cargado de revulsiva y tal vez hasta de inconveniente truculencia, constituye un radical testimonio del escenario de barbarie que plantea el film, acorde con una estética que conjuga el policial con el drama.

No obstante, el personaje más siniestro de la trama es Duarte (inconmensurable Leonardo Sbaraglia), un corrupto ex militar y amigo del asesino, quien manipula la situación en beneficio propio.

En ese contexto, no duda en apelar a la coima para acelerar los trámites de cobro de un seguro sobredimensionado a favor del deudo de la familia, entre otras tantas maniobras fraudulentas.

Como si se tratara del sheriff de un pueblo donde la policía por omisión es cuasi testimonial, aplica sus recetas autoritarias para controlar la situación, con la ayuda de un extraño joven drogadicto (Alian Devetac), quien se transforma en una suerte de mercenario a su servicio.

Ambos protagonizan actividades delictivas que permanecen naturalmente en la más absoluta reserva, mientras el abúlico   Cetarti –que es indiferente a la muerte de sus familiares- sólo aspira a rematar y vender a un chatarrero todo lo que queda en la casa del hermano muerto, a los efectos de poder marcharse cuando antes a Brasil.

Ignorando los sórdidos acontecimientos que suceden a sus espaldas, el hombre está obsesionado por cobrar el dinero que le permitirá sobrevivir, luego de ser declarado cesante de su empleo público por no concurrir a trabajar durante un año.

Inspirándose en la novela “Bajo este sol tremendo”, de Carlos Busqued – un relato que narra las peripecias de seres perdedores y sin redención- Caetano construye una película de superlativa dimensión dramática.

A diferencia de la obra original, aquí algunas actitudes admiten dobles lecturas sobre el pasado y el presente de personajes absolutamente despojados de moral y principios éticos.

Aunque no hay referencias a la historia reciente de la Argentina ni a la pesadilla de la dictadura, los procedimientos mafiosos del inefable Duarte son típicos de los militares represores que otrora asolaron al vecino país.

Otra de las fuentes de poder del sórdido “capo” del árido pueblo chaqueño es la droga, que suministra permanentemente a su ayudante para lograr sus oscuros propósitos.

En tal sentido, la desembozada impunidad con la que actúa el ex uniformado da cuenta del abandono y la inercia que caracterizan a algunos espacios geográficos del interior argentino.

Manejando con solvencia el humor negro como recurso, Adrián Caetano elabora una trama de atmósferas siempre densas y agobiantes, que captura la atención del espectador.

Al margen del mero cuerpo argumental del relato, aquí lo primordial es la construcción de personajes, desde la abulia rayana en la indiferencia de Cetarti hasta la inmoralidad cuasi patológica de Duarte y la obsecuente funcionalidad del joven drogadicto, que para nada está exenta de odio.

El film sugiere, más allá de lo meramente coyuntural, que hay muchas cuentas pendientes a ser saldadas por circunstancias del pasado que han permanecido soterradas bajo un manto de ominoso olvido.

El realizador y guionista retrata actitudes de desenfrenada alienación, hasta un desenlace previsible pero no menos removedor por sus picos de escabrosa violencia extrema y su lenguaje cinematográfico explícito y contundente.

Pese a su formato intransferiblemente policial, “El otro hermano” es un drama que denuncia radicalmente las peores miserias humanas, donde se lucen ampliamente Leonardo Sbaraglia y Daniel Hendler en los roles protagónicos.

 


Por Hugo Acevedo

Periodista y crítico literario

La ONDA digital Nº 813 (Síganos en Twitter y facebook)

 

 

 

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