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Los intermediarios

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Desde los inicios del fútbol como industria cultural, los futbolistas quisieron no sólo participar de su organización sino además dirigirla, como quisieron todos los artistas de todas las industrias culturales. ¿Qué se los impidió? Durante el renacimiento los resabios feudales de los principados donde floreció el calcio y el incipiente pero emergente capitalismo; durante la prohibición, la prohibición misma; cuando ésta resultó rotundamente inútil hasta imposible, ya en la era del reglamento del Eton College, se los impidió el capitalismo puro y duro.

Jugar al fútbol era lo más democrático del mundo. En el patio de la escuela ni pelota de trapo necesitaba; cualquier piedrita servía, pero estar en el mercado exige infraestructura, logística, transporte de multitudes y otros servicios, mercaderes y mercadotécnicos. Muchas veces los futbolistas intentaron dirigir todo eso y algunas veces hegemonizaron lo necesario para dirigir y hasta lo consiguieron.

Fueron momentos fugaces: los noventa minutos posteriores al “los de afuera son de palo” imprecado por Jacinto (reiterado en la historia mil veces durante ese lapso de tiempo más algunos minutos de descuento), las huelgas que sirvieron de inflexión para cambios profundos (en Uruguay 1948 y 1992) y el movimiento generacional internacional de los ochenta que tras el Mundial de México y sus horarios, mantuvo a la FIFA entre la pared y la espada, comenzando a erosionarla de verdad, pero precisamente ésa, la cuestión generacional, fue el mayor problema de los futbolistas en sus luchas.

Les pasa a todos los gremios, sectores populares y pueblos en general, pero a los futbolistas les pasa peor, porque cada generación vive una vida profesional corta, disociada en el tiempo de la siguiente; entonces es más difícil la transmisión del saber y de las conquistas pero, sobre todo, es más fácil, para los disociadores, separar las conquistas de quienes las conquistaron, poner en el imaginario de quienes las disfrutan, una cigüeña que las trajo de París.

En charla con LaondadigitalTV, el profesor Ricardo Piñeyrúa señala con acierto un aspecto bien interesante del fútbol. Cada vez exige más inteligencia de los futbolista, conocimiento del mundo, que incluso cuando gira al eje de una pelota, ningún viento del universo le es ajeno y eso se expresa también en la versatilidad empresarial y política de los actuales jugadores, pero no sólo de los actuales… ¿a dónde no llegarán éstos si, desde la generación de los ochenta, llegaron a disputar la producción televisiva, la propia clave del espectáculo-negocio?

Aún con esa dificultad de transmisión generacional (todavía más en Uruguay donde el joven futbolista, es universalmente rebelde por definición de joven pero además, como futbolista uruguayo, rebelde por alcurnia), fueron los futbolistas los que más avanzaron entre todos los artistas.

En el cine Charles Chaplin llegó a presidir una compañía cinematográfica gremial, Artistas Unidos, pero el macartismo que lo echó de Estados Unidos terminó, en los hechos, ganándole Hollywood. En la música Carlos Gardel llegó a exigir por cada consumidor de su obra, un dólar para él (la parte del león); murió al poco tiempo en un patético “accidente de aviación”…

No hablemos de los artistas de la publicidad porque ni siquiera trascendió el nombre del que generó inmensas fortunas diseñando la botella de Coca Cola por un salario medio y menos del arte, porque el que más generó, Vincent Van Gogh, vivió en la miseria.

Gardel y Chaplin tuvieron intermediarios, por supuesto que John Lennon también y Luis Suárez y todos los futbolistas de primer nivel de las últimas décadas. No siempre los intermediaros les conviene al plus valor capitalista. Los intermediaros se enfrentan entre ellos continuamente porque todos los representantes son intermediarios, todos los dirigentes sindicales y políticos y deportivos, en tanto representan distintas clases y sectores. Marx y Engels fueron intermediarios (del mismo partido aunque de situación, origen, culturas y dominios de clase diferente), ¡Bakunin también lo fue!

En Uruguay supimos tener en fútbol una relación con Europa sin intermediarios. Durante algunos años un club nuestro fue filial de uno europeo. No había dirigente –representante de los socios– ni representante de jugadores que valiera. Sólo le sirvió al europeo, a costa de los jugadores y del club nuestro, para que no le “encarecieran el producto” (en los 80, un dirigente clubista uruguayo viajó a Europa a advertirles a los dueños de los grandes clubes –allí no son representantes de todos los socios–, que Francisco Casal les “encarecía el producto”, pero en Europa habían sufrido tantos desengaños de negocios de dirigentes uruguayos pasajeros, que preferían a alguien que permaneciese responsable aunque encareciese). Desde luego, muchos de los representantes de jugadores hoy lo son nada más que de sí mismos, atraídos meramente por el éxito económico, pero existe diversidad de intereses, en una compleja trama donde las últimas consecuencias son los medios, el poder.

Otra cosa es la intermediación financiera imperialista especulativa. Otro tema que no escapa al fútbol.

(continúa)

 

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo

La ONDA digital Nº 813 (Síganos en Twitter y facebook)

 

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