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Sin un futuro utópico, carece de sentido el presente

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Utopía de Tomás Moro sigue viva 500 años más tarde | Cinco siglos después de que Tomás Moro la publicase, la Facultad de Políticas de la UCM le ha realizado un homenaje. Francisco José Martínez Mesa, profesor de Ciencia Política y de la Administración informa de que se han reunido a especialistas y estudiosos del fenómeno que manifiestan la multidisciplinariedad del fenómeno utópico. Se reunieron un experto en Ciencia Política, Ramón Cotarelo; otro en Derecho, Miguel Ángel Ramiro Avilés; otro en Historia, Juan Pro Ruiz y Juan José Tamayo, en Filosofía.
utopiaEl decano, Heriberto Cairo, reconoce que le habría encantado que alguien, durante sus estudios de Ciencias Políticas, le hubiera pedido que leyera Utopía, porque “nos permite arrojar luz sobre el hecho utópico, algo que es muy útil en la actualidad, nada superfluo”.

Martínez Mesa recuerda que Utopía es un libro pequeño, modesto y en apariencia ligero, pero en realidad ha contribuido muchísimo a los cambios de nuestro mundo. Ni siquiera su autor habría podido imaginar el impacto que iba a tener en el pensamiento universal.

Aunque nos traslada a una isla inexistente, en realidad “nos lleva a nuestra propia realidad cotidiana. Encarna una parte de la propia esencia del ser humano a través de una serie de valores como la ilusión de la emancipación, la condición solidaria y social de cada individuo, la vocación de transformación y el espíritu crítico que permite ponernos delante de nuestras infinitas contradicciones, con la intención de que luchemos a fin de obtener una vida y una existencia más plenas”.

Para Ramón Cotarelo, “el primer tratado de Ciencia Política de Occidente ya es una utopía”. Ese tratado no es otro que La república, de Platón, “quintaesencia de nuestra búsqueda de la mejor forma de gobierno. Este libro se plantea en términos utópicos admisibles por cualquier exégeta dogmático de la secta utópica, si es que esta existiera”. La Utopía nació poco después de que los europeos llegasen a América y entendiésemos que había otros lugares habitados por otras gentes, y eso llevó a la proliferación de utopías que no son otra cosa que diferentes Américas, de un tipo o de otro.

También de aquella experiencia surgieron libros de viajes como Robinsón Crusoe o Los viajes de Gulliver, y todavía llega hasta nuestros días con “Yahoo, que no era otra cosa que la onomatopeya del relincho con el que los caballos de ese último libro se refieren a los cortos seres humanos”.

Para Cotarelo, las utopías son básicamente literarias, sobre todo novelas, “un género literario que produce reflexión política, al extremo de que no hay analfabeto político con cargo que no hable de la necesidad de recuperar un concepto de la utopía que nos satisfaga a todos”.

Es un género anglosajón y francés, y Cotarelo sugiere que es así, porque sólo en los países en los que hubo una revolución burguesa surgen esas utopías. Una de sus preferidas es la escrita por Cyrano de Bergerac en El otro mundo, basada en la polémica sobre la pluralidad de mundos.

El siglo XIX es complejo, contradictorio y no hay quien lo entienda, así que mientras algunos se aferran a utopías en las que el progreso es el objetivo más deseable, comienzan a aparecer distopías, en las que ese futuro es negativo. Corriente que alcanza su máxima manifestación en el siglo XX con Un mundo feliz, 1984, Farenheit 451 y Las crónicas marcianas.

En la actualidad “la utopía forma parte sistemática de la reflexión política, ya que pasó de ser un género literario, a un concepto epistemológico, gracias a autores como Ernst Bloch. La utopía es innata porque la utopía somos nosotros, y esto que vivimos hoy no es otra cosa que la utopía de hace 100 años”.

Juan Pro centró su intervención en la relación entre utopía y socialismo. Según él hay dos conceptos que se producen por vías diferentes, el del socialismo utópico y el de la utopía del socialismo. Los dos son peyorativos, pero mientras que el primero surge desde dentro del socialismo para criticar a los socialistas previos al marxismo, el segundo surge desde fuera y señala al socialismo como una fantasía irrealizable y peligrosa.

Miguel Ángel Ramiro Avilés, afirma que “el modelo de Utopía mantiene una visión positiva tanto del Estado y del Derecho, aunque manteniendo la vigilancia porque son conscientes de los abusos que se pueden cometer. El recelo hacia el Estado y el Derecho se lo han ganado porque el Estado ha realizado su voluntad a través del Derecho, obligando a los súbditos a acatar normas que el soberano estaba exento de cumplir. No será hasta el nacimiento del Estado de Derecho cuando recupere parte de su credibilidad. El Estado de Derecho, el gobierno de las leyes, sigue siendo el mejor antídoto frente a la tiranía”.

Juan José Tamayo apuesta por la “rehabilitación crítica de la utopía en tiempos oscuros y la utopía a rehabilitar debe responder a una visión dialéctica y abierta, no determinista, de la realidad, en sintonía con la filosofía de la esperanza de Ernst Bloch. Ha de responder a una intencionalidad utópica y ser consciente de la distancia que hay entre cómo es el mundo y cómo debería ser, con el propósito de aproximar el ser al deber ser. La intención ética tiene que traducirse en un imperativo ético según las diferentes formulaciones que ha recibido en las distintas filosofías morales”. Concluye que “sin un futuro utópico en el que quepa esperar y por el que quepa comprometerse, carece de sentido nuestro actual presente”.


Por Jaime Fernández

Periodista

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