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En torno a la novela “El muro” de José Luis González Olascuaga; ser y no ser…la alternativa era esa

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Este libro sigue la línea de otras novelas de Joselo, una línea de narrativa muy segura, con personajes muy creíbles y cercanos, con periodistas o profesores protagonizando búsquedas o historias, muy parecidos al autor, pero que no son el autor.

Personajes muy cercanos a nuestra cultura, cuyas historias transcurren muchas veces en el Río de la Plata, aunque esta novela empieza en el barrio de San Telmo en Buenos Aires, recorre por momentos México, Guatemala, Honduras y va de país en país.

Fundamentalmente hay una estadía muy importante de estos personajes en el balneario La Floresta. Allí transcurre una buena parte de la novela, en la época de la dictadura, cuando muchas cosas había que decirlas con sobreentendidos, época de militancia clandestina como la que ejerce uno de los personajes centrales de esta obra. Un inmigrante español, un tal Imanol Vilas, constituye uno de los personajes centrales de la obra, un ser enigmático, un español que no se sabe si es un alter ego de José Bergamín o el propio José Bergamín.

Ell muro” que hay que derribar en esta novela tal vez sea el del misterio que hay sobre el caso de Enrique Amorín y García Lorca; sobre  ese presunto entierro que tal vez con las técnicas de ADN de ahora se pueda saber si se realizó allí o no.

Hay dudas sobre la identidad de los personajes porque esté puede ser José Bergamín, el gran poeta e intelectual español o no, pero también hay un chino que en realidad es laosiano y todos los personajes pueden ser unos u otros, más el alias que hay que agregarle en esa época a todos los personajes para protegerse. Este Imanol Vilas, hombre muy culto, debe permanecer al margen de cualquier lugar donde pueda ser reconocido. Representa una de las figuras notables de la novela. Es culto, sabio, pero enigmático y no se sabe verdaderamente cuáles son sus últimos fines en nuestro país, hasta hay una posibilidad, una hipótesis de que puede ser un espía. De la misma manera que no se sabe su verdadera identidad ni la finalidad de su presencia acá, también desaparece en forma misteriosa. Creo que el delineamiento de la psicología de ese personaje es uno de los aciertos del libro, un gran acierto.

Resulta un personaje muy atractivo, que de alguna manera tiene una relación con las personas que los protegen, dos jóvenes, el protagonista y su pareja – tocaya mía: Laura se llama-. Y en ese retiro de La Floresta, también buscan ellos y otras personas manuscritos originales, libretos de una obra, Numancia, que está vinculada a una historia muy larga porque era un enclave iberocelta que fue sitiado durante 16 años por los romanos, por Escipión el Africano, en el siglo II antes de Cristo. Un sitio prolongado y alegórico de muchas cosas, ya que  termina con el suicidio colectivo de todos los defensores, hasta el último, para no caer en manos de los romanos. Son derrotados que de alguna manera son vencedores. No  dejan sus cuerpos para ser atropellados por los ganadores militares.

Esa historia es retomada por Cervantes y posteriormente por Rafael Alberti, que hace una versión, reformulada también por este fascinante personaje que es y no es Bergamín. José Bergamín, de alguna manera, vertebra más esta obra que el propio Federico García Lorca y  la posibilidad de que sus restos estén enterrados en Salto. Ésa una de las líneas, la principal, de la novela. José Bergamín fue un español que vivió en nuestro país durante varios años, amigo íntimo de Lorca. Dicen que él censuró algunos de los poemas de Poeta en Nueva York pues él era muy católico y en varios de ellos se deslizaba el homosexualismo de Lorca. Sin embargo, Poeta en Nueva York se conservó gracias a Bergamín. Muchas obras trascendieron gracias a su gran cultura, sus adaptaciones y sus traducciones. Fue una personalidad literaria absolutamente incuestionable en su época, por su capacidad y por su lirismo.

Hay varias líneas que juegan en la novela. García Lorca, su relación con Enrique Amorín, y la posibilidad de que estén los restos de Lorca enterrados en Salto. Eso, que vendría a ser el disparador de la novela, no se desarrolla en profundidad. Resulta algo muy decoroso de José Luis que, de alguna manera, respeta el espíritu lorquiano. García Lorca nunca expresó públicamente su homosexualismo. No porque no lo fuera. Se sabe de sus amoríos con Enrique Amorín, con Salvador Dalí y con otros. Lo hizo simplemente porque no quería hacer sufrir a sus padres, a su familia. Ese recato que tuvo en vida, acá también es respetado. No hay una mirada tipo “Intrusos”, a lo Jorge Rial sobre el tema. No se trata de una mirada morbosa o periodística, sino de una mirada literaria, con mucho respeto y no profundizando en esa zona.

García Lorca no aparece pero sí aparecen muchas menciones a él y también a Margarita Xirgu, la fundadora de la Escuela Municipal de Arte Dramático en nuestro país. Importantísima para el teatro nacional, consistió sin dudas en la mayor intérprete de García Lorca. Aparece esta relación suya con José Bergamín, en la que no todas fueron buenas y aparece sobre todo el misterio.

joselo-224x300El gran misterio sobre un personaje que no se sabe qué función va a cumplir, no se sabe cuándo desaparece ni por qué, pero sí que fue un gran poeta y un gran filósofo de su época. “Ell muro” que hay que derribar en esta novela tal vez sea el del misterio que hay sobre el caso de Enrique Amorín y García Lorca; sobre  ese presunto entierro que tal vez con las técnicas de ADN de ahora se pueda saber si se realizó allí o no. Es muy difícil, una hipótesis de un peruano no muy sustentable. Y fundamentalmente, hay un muro de misterio sobre este hombre que fue –eso lo resalta la novela- una persona tan digna que cuando le fueron a ofrecer el Premio Cervantes, él pidió que le dieran el castigo Cervantes, porque no quería ser funcional a los Borbones ni a la transición democrática española en la cual no creía. Se fue a vivir inclusive a los países vascos, porque no quería morir en España y a su vez creía en el nacionalismo vasco. Entonces, compartamos o no sus posiciones, era una persona de principios. Hay temas éticos y políticos en esta novela; hay relaciones de pareja pasadas y presentes, a cargo de quien narra, la persona que finalmente va a escribir esta historia, la historia de Imanol Vilas y muchísimos detalles y finas hebras que van en direcciones muy sutiles. Esta constituye otra de las características de la narrativa de Joselo. Sugiere muchas veces; deja que quien complete la acción sea el propio lector. Le da esa libertad, y eso es muy importante, sobre todo en cuestiones históricas que no están develadas del todo, donde no se sabe qué fue verdad y qué fue mentira. Tiene mucho de policial, de intriga a develar y en ustedes está en seguir este hilo tan interesante y que nos crea tanta expectativa como lectores.

José Bergamín tenía dos poemas filosóficos de una estrofa cada uno, que me gustaría compartir con ustedes, porque muestran la profundidad de su pensamiento. Uno decía: “Tú te crees en libertad// porque el viento que te empuja/ no sabes a dónde va”. Y el otro poema breve, donde fascinantemente aborda el tema del tiempo, dice: “El tiempo va deprisa/ o va despacio/ porque como un sombra/ sigue tus pasos”. Siguiendo los pasos de Bergamín, siguiendo los pasos de García Lorca, siguiendo los pasos de grandes personalidades de nuestra cultura, de Margarita Xirgu y de otras personas muy importantes para el teatro nacional, siguiendo esos pasos camina esta novela de Joselo, que realmente me enorgullezco de haber podido presentar. De alguna manera, haber podido introducirlos a ustedes a este mundo delicioso.

Por Lauro Marauda
Profesor de literatura, ensayista uruguayo

La ONDA digital Nº 749  (Síganos en Twitter y facebook)

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